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Yaku en el voto indigenista

01/03/2021 23:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si el voto indigenista expresa el histórico 20% de la población, eso quiere decir que no es una minoría social, que responde a una parte importante del electorado y que, si se organizan adecuadamente, ponen y sacan presidentes

Los resultados de Pachakutik en las últimas elecciones presidenciales no son inéditos. Lo serán para quienes creen que el mundo empieza después del último gobierno. Tampoco es cierto que el indigenismo representa solamente a los indígenas o que tienen o deberían tener el 7% de la votación nacional. ¿Por qué?

A partir de que se publicara en 2014 un informe firmado por la CEPAL en donde se asegura que la población indígena en Ecuador alcanza el 7% de la población nacional, la opinión pública no ha dejado de repetir el yerro de que el indigenismo tiene o debería tener solamente el mismo porcentaje de expresión electoral. Lo que muestran las elecciones, resultados y números es que el voto indigenista ocupa un espacio indiscutible en la socialdemocracia, en la clase media informada y en el centro de las preferencias. Veamos qué dice la Historia.

Desde que el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP) se constituyera como organización política en 1995, el partido indigenista nunca se ha ausentado de ninguna de las 8 competencias presidenciales sucesivas. En todas participó integrando una coalición de partidos.

En 1996 el candidato Freddy Ehlers consiguió el 21% de los votos, el MUPP obtuvo 8 de 82 escaños en el Congreso Nacional y el 10% de la representación legislativa. Ehlers ganó en toda la Sierra central y norte, salvo en Bolívar; y en todo el Oriente central y norte, salvo en Pastaza. En la Costa y en las provincias del sur ganaron Abdalá Bucaram, y Jaime Nebot en Guayas y Los Ríos.

En 1998 el mismo Freddy Ehlers volvió a participar en la elección presidencial, cayó unos puntos en la contienda, consiguió el 15% de los votos y el MUPP logró un solo escaño de 100 o el 1% de la representación legislativa. Ehlers ganó solo en Tungurahua. Toda la Sierra, salvo Azuay que votó por Rodrigo Borja, y toda la región Amazónica, salvo Sucumbíos que votó por Álvaro Noboa, votaron por el ex alcalde de Quito, Jamil Mahuad del partido democristiano, que se presentaba como una solución a la crisis política que se vivía tras el derrocamiento de Abdalá Bucaram en 1997.

En 2002, el MUPP se coaligó con el novel partido del líder que derrocó unos años antes al presidente Jamil Mahuad, y entró al balotaje con Lucio Gutiérrez tras conseguir el 21% de los votos en la primera vuelta presidencial. El MUPP ganó 17 escaños de 100 y el 17% de la representación legislativa. La alianza se impuso en todo el Oriente y la Sierra, salvo en Azuay, Pichincha y Carchi. Ganó también en El Oro, única provincia de la Costa. El MUPP perdió en la provincia y ciudad que fueran escenarios del Golpe de Estado de 2000, en donde ganó el socialdemócrata Rodrigo Borja.

El 2006 es el año de peor desempeño del MUPP. El presidenciable indigenista Luis Macas obtuvo el 2% de los votos y el MUPP consiguió 6 escaños congresales o el 6% de la representación legislativa. En las provincias de la Sierra Central y región Amazónica ganó Gilmar Gutiérrez, hermano del recientemente defenestrado Lucio Gutiérrez, antiguo aliado del MUPP, quien obtuvo el 17% de los votos, sugiriendo que la votación indigenista migró a su antiguo copartidario. De hecho, el partido de Gutiérrez, el PSP, obtuvo 24 escaños legislativos y se impuso con la segunda fuerza política en el Congreso Nacional apenas cuatro escaños después del PRIAN, el partido de Álvaro Noboa. El electorado de la tendencia castigó la fractura.

En 2009, segunda elección de Rafael Correa, el indigenismo se coaligó con Alianza País (AP), con el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE) y con el Movimiento Popular Democrático (MPD), ganó la presidencia de la República en una sola vuelta, instalaron el primer aliancismo, ganaron 59 de 137 escaños y el 43% de la representación legislativa. Sin embargo, el MUPP se diluyó en esta coalición porque solamente consiguió individualmente 4 escaños que expresan el 3% de la representación legislativa. El segundo puesto en la contienda presidencial fue ocupado por Lucio Gutiérrez con el 28% de los votos. Gutiérrez ganó en la Amazonía, salvo Sucumbíos y Zamora, y en la Sierra central,  salvo en Cañar y Cotopaxi. El también defenestrado Gutiérrez se levantaba como el nuevo líder del voto indigenista. 

En 2013 el MUPP vuelve a coaligarse con el MPD, ambos prescindidos de la revolución ciudadana, para candidatear a Alberto Acosta, líder del primer aliancismo. La coalición obtuvo el 3% de los votos y 5 escaños legislativos. Algo similar sucedió en las elecciones de 2017, cuando el MUPP se coaligó con la Unidad Popular, nuevo nombre del MPD, y sumó a la Izquierda Democrática (ID) para candidatear a Paco Moncayo, ex alcalde de Quito, ex diputado, y uno de los líderes del golpe de Estado a Jamil Mahuad. Moncayo obtuvo el 8% de los votos y 3 de 137 escaños.

La estructura electoral del indigenismo pasaba por una profunda crisis de organización, liderazgo y de resultados desde que consiguieran el poder presidencial en 2002 y lo perdiera en 2005. 

Lo que muestran las elecciones, resultados y números es que el voto indigenista ocupa un espacio indiscutible en la socialdemocracia y en el centro de las preferencias

En las sucesivas elecciones presidenciales de 2006, 2009 y 2013, el voto indigenista parece haber migrado, en las dos primeras ocasiones al gutierrismo, una estructura clientelar de base populista localizada en las bases indigenistas de las regiones Sierra y Amazonía centrales. Sin embargo, después de que estas apuestas no le ofrecieran resultados, el voto indigenista al parecer migró al segundo aliancismo dominado por Rafael Correa, líder de AP y organización copartidaria del MUPP en 2009, aunque no en lo posterior.  Esto es paradójico: mientras las estructuras partidarias del indigenismo estuvieron con el primer aliancismo, los votos del segmento estaban con el gutierrismo, pero, después, cuando los votantes regresaron al aliancismo, sus líderes partidarios ya se habían ido.

Así Rafael Correa se convirtió en el fenómeno electoral que conocemos. Durante las sucesivas elecciones de 2009 y 2013, Correa aseguró primero el 52% y después el 57% de los votos primero en las sucesivas elecciones presidenciales, todo gracias al voto indígena. Aquí el mérito se lo lleva la gran infraestructura montada por Alianza País que cubrió eficazmente todo el territorio y que convirtió a un desconocido en presidente y luego en autócrata. Pero esa es otra historia. Entonces, ¿qué hizo cambiar de opinión al voto indigenista?

Desde Elhers en 1996, el indigenismo gozó de un 15% a un 21% de intención del voto en las presidenciales. Pero no fue hasta que Lucio Gutiérrez llegara al poder en 2002 que el MUPP consiguiera su mayor momento de protagonismo político nacional. Sin embargo, mientras Elhers era un presentador de televisión suave y aburrido, Gutiérrez fue un agitador hecho en unas calles encendidas en protestas. Pero después de la caída de Gutièrrez cayó también la aprobación y liderazgo del movimiento indígena en las elecciones, y sus votantes tuvieron que migrar temporalmente de partido. Lo dicen los números. Eso desmitifica el cuento del voto disciplinario del MUPP.

¿Cuándo hay equivalencia entre la población indígena y la expresión electoral? Cuando el MUPP establece alianzas débiles como en 2006, 2013 o 2017. ¿Cuándo ha conseguido mejores resultados? Cuando sus liderazgos se consolidan en las calles en un entorno de protestas, se unifica la organizaciòn y le apuesta a un voto más amplio en el segmento.  

El MUPP es hacedor de presidentes en el espectro de la izquierda. EL MUPP hizo presidente a Gutiérrez que no era nadie antes del golpe de Estado de 2000 a Jamil Mahuad e hizo presidente a Correa que no era nadie antes del golpe de Estado de 2005 a Lucio Gutiérrez. Algo similar sucede ahora con el presidenciable indigenista que ganó protagonismo en el intento de golpe de Estado en 2019.

Yaku Pérez, el presidenciable del MUPP, responde a un liderazgo que fuera conseguido no sin la consolidación a nivel nacional fraguada al calor de las protestas suscitadas en octubre de 2019. Según los resultados reflejados por el Consejo Nacional Electoral, Pérez obtuvo el 19.4% de los votos, lo que casi coincide con el histórico 21% conseguido o aportado en otras ocasiones por el voto indigenista.

Por el contrario, el intento de golpe de Estado de 2019, liderado por los sectores más violentos del segundo aliancismo, no parece haber contribuido a consolidar su organización para el impulso de su presidenciable, Andrés Arauz. La votación que obtuviera el candidato aliancista responde a un fenómeno de aparición, crecimiento y declive de una opción electoral cuya trayectoria se denomina en estadística como distribución normal. Esto que ya se explicara con precisión profética en otra columna,  antes de las elecciones y hace algunos meses, no es otra cosa que la caída del voto populista a sus márgenes históricos. El voto populista en Ecuador se sitúa en alrededor del 25% al 30%.   

El voto indigenista es un voto que se refiere a ciertas tradiciones organizativas distintas al Estado moderno y que incorpora las demandas de otros sectores de la sociedad mestiza. El voto indigenista no es exclusivo de un grupo de electores de determinada etnia.

Si el voto indigenista expresa 1/5 de la población electoral, eso quiere decir que no es una minoría social, que arremolinados en torno a un liderazgo fuerte responder a una parte importante del electorado y que, si se organizan adecuadamente, ponen y sacan presidentes. 

@ghidalgoandrade 

 

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Gabriel Hidalgo Andrade (368 noticias)
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