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Tristeza, Depresión, Distimia. Cuando Preocuparse Y Cuando Consultar

08/07/2012 14:45

0 La psicología nos muestra como el ser humano se motiva a vivir cada día en busca de la felicidad

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El ritmo cada vez más acelerado y diverso que el mundo moderno nos impone sumado a nuestra forma psingular de afrontar los retos que nos trae la vida ha generado como consecuencia una sensación generalizada de infelicidad.

La psicología nos muestra como el ser humano se motiva a vivir cada día en busca de la felicidad, y precisamente la carencia de esta es lo que nos mantiene activos en las diferentes esferas de la vida.

En el lenguaje cotidiano se ha generalizado el término depresión, llegando a ser tan utilizado que está de moda, el problema es que en muchas ocasiones se utiliza de forma incorrecta. Por eso es importante conocer cuando se trata simplemente de una manifestación del estado del ánimo acorde a las situaciones psingulares por las que se atraviesa y saber discriminar cuando preocuparse y buscar ayuda, pues se trata de una enfermedad muy seria.

Sentirse triste o “deprimido” no es suficiente para afirmar que se sufre de depresión, ante esta realidad nos surge la pregunta: ¿Cuándo preocuparse?

Es importante estar atento a que esa tristeza o estado bajo de energía tenga una explicación consistente en el momento en que se presenta y que no presente una duración mayor a seis meses.

La enfermedad no tiene nada que ver con esa apatía ante la vida del estudiante que ha suspendido seis asignaturas, o quien ha perdido el empleo hace menos de un mes, pues es una reacción humana normal e incluso saludable y como tal debe ser tratada.

Sin embargo como señala David Barlow, (fundador y director emérito del Centro de Estudios de Ansiedad y Trastornos Relacionados de la U. de Boston. )en entrevista otorgada al doctor Carlos Fernández asesor médico del periódico ElTiempo en su publicación del 17 de noviembre de 2008, estos factores pueden influir en que se desarrollé la enfermedad, pues las estadísticas en salud mental muestran incremento en la prevalencia de estos trastornos debido según Barlow “Al incremento de los niveles de estrés y al rompimiento que se da de las redes sociales y familiares cuando la gente deja su entorno y cambia de sitio de vivienda y de trabajo, lo cual ahora es más frecuente”.

El peligro de generalizar el término puede llevar a descuidar el interés por encontrar una cura eficaz ante la enfermedad. Para esclarecer este punto, el profesor Salvador Cervera, de la Universidad de Navarra, explicó en el reciente Congreso Internacional de la Salud, celebrado en Roma, la diferencia entre el malestar y la enfermedad de la depresión

Tal como lo señala Salvador Cervera en su artículo titulado “depresión mucho más que la tristeza” la depresión como estado patológico se pierde la satisfacción de vivir, la capacidad de actuar y la esperanza de recuperar el bienestar. Se acompaña de manifestaciones clínicas en la esfera del estado de ánimo (tristeza, pérdida de interés, apatía, falta de sentido de esperanza), del pensamiento (capacidad de concentración disminuida, indecisión, pesimismo, deseo de muerte, etc.), de la actividad psicomotriz (inhibición, lentitud, falta de comunicación o inquietud, impaciencia e hiperactividad) y de las manifestaciones somáticas (insomnio, alteraciones del apetito y peso corporal, disminución del deseo sexual, pérdida de energía, cansancio, etc.) Este conjunto de síntomas ponen de manifiesto que nos hallamos ante un estado patológico específico, netamente distinto de la tristeza normal y que adquiere formas e intensidades bien definidas.

En este sentido se han establecido diversas formas clínicas de depresión internacionalmente aceptadas, que de menor a mayor intensidad son: reacción depresiva; trastorno depresivo mayor; distimia; trastorno bipolar; trastorno depresivo orgánico; depresión melancólica; y depresión psicótica. Cada una de ellas con rasgos diferenciales clínicos bien establecidos.

Tal y como lo señala el doctor Franklin Escobar, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, el trastorno distímico es crónico caracterizado por un estado de ánimo deprimido o irritable, con mayor frecuencia en niños y adolescentes, que permanece la mayor parte de la jornada, casi a diario.

El peligro de generalizar el término puede llevar a descuidar el interés por encontrar una cura eficaz ante la enfermedad

El término distimia significa “mal humor”, implica disforia temperamental, es decir, una tendencia innata al estado de ánimo deprimido.

El trastorno distímico es común en la población general y afecta del 3% al 5% de los individuos. En los servicios de psiquiatría y de medicina general es frecuente el diagnóstico y afecta alrededor de un tercio a la mitad de los examinados en estas clínicas.

La depresión y las enfermedades asociadas son trastornos cuyo comienzo en general es temprano en la vida, con un curso recurrente luego de un primer episodio en la más temprana adultez.

De manera que deberíamos preocuparnos cuando la tristeza sea el estado de ánimo que nos caracteriza, y en especial cuando sintamos la incapacidad de disfrutar con situaciones, cosas o personas que nos producían en un pasado sensaciones placenteras.

¿Cuándo consultar?

De acuerdo con los manuales diagnósticos de las enfermedades mentales existen algunos criterios para determinar si existe presencia de la enfermedad y que pueden ser tomados como señales de alarma y amerita buscar ayuda profesional, pues hay mucho en riesgo y vale la pena vivir plenamente la vida, hay soluciones que los terapeutas pueden poner a nuestro alcance.

Según la Asociación Colombiana contra la Depresión y el Pánico (ASODEP), si presenta al menos dos de estos síntomas es importante buscar ayuda:

  • Estado de ánimo triste, ansioso, o “vacío” en forma persistente.
  • Sentimiento de desesperanza y/o pesimismo.
  • Sentimiento de culpa, inutilidad y/o desamparo.
  • Pérdida de interés o de placer en pasatiempos y actividades que solía disfrutar, incluyendo las relaciones sexuales.
  • Insomnio, despertar en la madrugada, o dormir en exceso.
  • Pérdida del apetito y/o peso, o por el contrario comer en exceso y aumentar de peso.
  • Disminución de la energía, fatiga, sensación de estar lento.
  • Pensamientos de muerte o suicidio.
  • Dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones.
  • Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento, como dolores de cabeza, alteraciones digestivas y dolor crónico.

El Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales (DSM-IV) establece algunos criterios generales que aunados a la descripción anterior permiten tener una visión más clara de los síntomas y de si se debe sospechar enfermedad o no, estos son de acuerdo al trastorno los siguientes:

  • Depresión: Al menos dos (2) semanas de estado de ánimo depresivo ó pérdida de interés acompañados por al menos cuatro síntomas de los descritos anteriormente.
  • Trastorno distímico: Se carateriza por al menos dos (2) años en los que ha habido más días con estado de ánimo depresivo que sin el, acompañado de algunos síntomas depresivos, pero que no cumplen el criterio del trastorno depresivo.

De manera que si ha experimentado alguna de estas situaciones y siente que su calidad de vida a desmejorado a consecuencia de este sentir pues es el momento de buscar ayuda.

¿Qué tipo de ayuda es mejor?

De acuerdo con el psicólogo David Barlow, no hay una causa única para estos trastornos. No se puede decir que la falla en un gen o la influencia de un estresor externo causen por si solos la depresión. Los factores están íntimamente relacionados; las alteraciones genéticas y biológicas, que unas personas tienen y otras no, son el escenario en el que los factores sociales pueden disparar estas vulnerabilidades. Es por esto que se hace necesario el apoyo psicológico como apoyo e incluso como único mecanismo de recuperación.

Además, afirma Barlow que “Se invierten miles de millones en promoción de medicamentos, pero no hay una industria que impulse tratamientos psicológicos. Y aunque las farmacéuticas no se oponen de manera directa, en realidad no hacen nada para favorecer la real aplicación simultánea de ambos tratamientos. Lo preocupante es que empieza a aparecer evidencia de que en algunos casos los tratamientos con drogas pueden interferir con tratamientos psicológicos, como es el caso del diazepam, lorazepam y clonazepam.”

¿Qué tan efectivos son los tratamientos psicológicos?

Para la mayoría de los trastornos, en promedio todos son tan efectivos como los tratamientos con drogas a corto plazo, pero a diferencia de estos, cuando se descontinúa el tratamiento psicológico se mantienen los efectos a largo plazo. Además, no hay reacciones adversas.

Los psicólogos practican en un rango amplio de áreas especializadas y lugares de trabajo. La especialización más conocida es la de psicólogo clínico u orientador psicopedagógico/asesor psicológico, a quien puedes consultar sobre temas personales o de relaciones.

La psicoterapia por teléfono es una alternativa eficaz al tratamiento tradicional. Pacientes con depresión, ansiedad, fobias, residen por fuera de su país de origen y aún no se sienten cómodos con el nuevo idioma para asistir a consultas, su trabajo le exige frecuentes traslados, etc... que dejan de acudir al psicólogo por desidia, falta de tiempo, o simplemente por falta de ánimo, hacen del teléfono y de las herramientas de internet una alternativa eficaz capaz de superar todos estos obstáculos.

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