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La tragedia de las organizaciones sociales

18/10/2009 09:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El presidente gobierna sin partidos y con grupos de presión y organizaciones sociales cooptadas o neutralizadas

Sobre el cadáver de un indígena amazónico y miles de estudiantes agobiados por la suspensión de clases, el Gobierno fumó la pipa de la paz con la Conaie y la Une. Se reencontraron los dirigentes populares con sus antiguos aliados de Carondelet, teniendo como convidado de piedra al Presidente de la Asamblea.

¿Quiénes ganaron y quienes perdieron?.

La Asamblea Legislativa fue, sin lugar a dudas, la gran perdedora. Los indígenas y los maestros optaron por negociar con los representantes del Gobierno el contenido de las leyes de aguas y de educación, cuya discusión y aprobación, al menos en lo formal, les corresponde llevar adelante a los legisladores.

Algunos ilusos sostienen que los indígenas se alzaron con la victoria cuando le obligaron al Presidente y a su círculo rosa a abrir las puertas del salón amarillo para recibir a los dirigentes de la Conaie a fin de dialogar y, como se dice en la jerga del socialismo del siglo XXI, a “consensuar” con ellos. Se engañan a sí mismos quienes piensan de este modo. El diálogo y el consenso no son termómetros confiables para medir los triunfos. Son, más bien, instrumentos para diluir los conflictos.

De Carondelet salieron los dirigentes indígenas con la promesa gubernamental de seguir discutiendo en comisiones temporales los temas en disputa. Las partes no adoptaron resoluciones importantes, salvo la decisión indígena de habilitar la vía a Macas y alguna otra en el Austro. Lamentaron que haya muerto un indígena y que unos cuarenta policías hayan resultado con heridas menores. La bravura inicial de Santi y de Cholango terminó en reverencias protocolarias al Presidente y en sonrisas con el más risueño funcionario de la revolución ciudadana, el Vicepresidente Lenín, hábil y eficaz político.

Ha quedado muy poco del movimiento indígena que brotó en la década de los años noventa, durante la presidencia de Borja, paralizó el País en varias oportunidades, detonó las caídas de Mahuad y Lucio y sacudió al Ecuador, en el gobierno del médico Palacio, para impedir que se formalizara el TLC con Estados Unidos.

El reciente levantamiento indígena demostró, desde el primer día, la debilidad y la fragmentación de la Conaie. Tuvo eco en ciertas zonas de la amazonía y en algunos puntos de la sierra. Nada más. El Presidente, advertido del fracaso, criticó a los dirigentes, deslegitimó la protesta, endureció su posición, desgastó a los alzados en armas inofensivas y, por último, sentó, en una aparente mesa de negociaciones, a unos dirigentes divididos y desesperados. Un asunto de mayor envergadura que el TLC, el de la Ley de Aguas, fue poco útil a la hora de motivar a los indígenas.

Los indigenas y los maestros de la une buscaron el diálogo. el presidente los desgastó con una estrategia eficaz

El movimiento indígena se encuentra en crisis. El Presidente lo desmovilizó sin mayores problemas. A pesar de éxitos electorales obtenidos en algunas provincias (Cotopaxi, Chimborazo, Zamora) y cantones, las dos últimas décadas de intensa actividad proselitista le han pasado una abultada factura a la estructura política indígena.

La situación de la Une fue más crítica. Sus dirigentes hicieron lo imposible para “dialogar y consensuar” con el Gobierno. El Presidente estuvo más duro con ellos que con los indígenas. Sabía que los dirigentes de la Une, afiliados al Mpd, estaban desacreditados ante la opinión pública. Les dio garrote y les hizo esperar y desesperar. Les desgastó frente a unas bases ansiosas de resultados. Cuando se encontraban en el punto más débil les puso a “dialogar y consensuar” con Lenín y el Ministro de Educación. El se fue a Caracas. Ni siquiera les recibió personalmente.

Con la reciente experiencia vivida por los maestros, difícilmente los dirigentes de la Une lograrán articular otra protesta.

Las más sólidas organizaciones sociales y populares, los indígenas y los maestros, han sido desarticuladas por el Gobierno, con parecidas armas a las que empleó, antes, cuando arrinconó a los gremios empresariales y profesionales, y a las centrales laborales. Entre el 2007 y el 2009, los baluartes más conocidos de la resistencia social han sido desactivados por la revolución ciudadana. Por ello, ni los indígenas, ni los maestros, ni las organizaciones de trabajadores, ni las cámaras empresariales, ni los demás gremios productivos y profesionales, están, por el momento, en capacidad de hacer frente al gobierno centralista que dirige los destinos del Ecuador.

El humo blanco que dejó la llama de las protestas tiene una lectura: la actual base social organizada sucumbió al poder gubernamental y ya no es funcional a las expectativas de la sociedad civil. Al parecer, quedó relegada a un lugar parecido al que fue desplazada, a su tiempo, la partidocracia.

Ese trágico desenlace no es, después de todo, el final del cuento. La dinámica de la sociedad civil provocará, con absoluta seguridad, la aparición de nuevas organizaciones sociales y populares que sustituyan a los viejos gremios de la producción, del trabajo, de los indígenas, del magisterio, en la tarea de expresar los anhelos ciudadanos frente a un gobierno de corte autoritario. Unos se van y otros vienen. La sociedad siempre se encuentra en constante renovación.

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Autor:
Luis Fernando Torres (78 noticias)
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Opinión
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