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Teresa Da Cunha LopesMiembro desde: 11/12/11

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Sí, vivimos en el “mejor” de los mundos …si no fuera por la violencia que nos rodea. Violencia real, directa, ‘política” o tecnológica que nos envuelve, nos transforma en potencial /real víctimas

El Mejor de los mundos

Por Teresa Da Cunha Lopes

Si nos guiamos por lo que dicen los políticos en campaña y la televisión, todo es perfecto y si todavía no, está en vías de la perfección. Vivimos en el “mejor” de los mundos. Sí, vivimos en el “mejor” de los mundos …si no fuera por la violencia que nos rodea. Violencia real, directa, ‘política” o tecnológica que nos envuelve, nos transforma en potencial /real víctimas.

Pero, si nos guiamos por lo que dicen los políticos en campaña, los gobernantes en funciones y la televisión, todo es perfecto y si todavía no, está en vías de la perfección. Todo es perfecto. Tenemos banda ancha, pantallas LED, series Netflix y cada vez que llueve solo se nos inunda García de León, Camelinas, el centro comercial y, dicen las malas lenguas, las colonias populares. Lugares míticos, invisibles para la autoridad, dónde, según el rumor, habitan los humanos. Sí, vivimos en el “mejor” de los mundos.

O más exactamente viviríamos en el mejor de los mundos, si no fuera porque en las mañanas, en los semáforos de las arterias urbanas, comandos sobre dos ruedas ejecutan a mandos policiacos. O, porque en las presas fluctúan, abandonados como flores, cuerpos de niñas masacradas en el “altar” de la violencia de género. Y, los periodistas siguen desapareciendo en la oscura noche de la impunidad. Sí, vivimos en el ” mejor” de los mundos y el porvenir es emocionante y grandioso…nos dicen.

Acaban de aprobar la ley que permite la reelección, estamos al borde de un nuevo interinato, la famosa ” educación general básica” es única en su suceso de producción masiva de analfabetos funcionales y, los maestros ya no constituyen problema. Cuentan tan poco que ni siquiera se necesitan.

Todo es perfecto. Vivimos en el mejor de los mundos. Nadie toma el problema de la educación menos en serio que la SEP. Tan poco, se lleva muy en serio el problema de seguridad, excepto por los que la sufren en los eternos retenes, controles y redadas.

Pero el aparato represivo en que se ha convertido la autoridad celebra sus logros de ” meterlos en cintura”, por emplear la narrativa desde el poder que describe la realidad primitiva de la violencia institucional bajo la pretensión democrática.

Vivimos en un mundo “perfecto”, en que, bajo las doctrinas de la no violencia activa como modo de lucha contra la violencia, solo se nos permite ser ” pasivos” contra la violencia “legítima” del poder y contra la violencia del crimen organizado, implacable y destructivamente real.

Estamos reducidos al papel de “corderos” en un mundo de lobos. Pero, si nos guiamos por lo que dicen los políticos y la televisión vivimos en el “mejor” de los mundos. Supongamos, por un momento, un breve y fugaz segundo, que de verdad nuestra realidad fuese, lo que nuestras autoridades y sus propagandistas subvencionados, dicen que es.

Es un juego que podemos jugar todos. Podemos jugar al ” mundo feliz” de una sociedad justa con una pintoresca mezcolanza costumbrista y desarrolladora. Pero es un juego que no podemos jugar gratuitamente. Es un juego que tiene costos. Es un juego peligroso este de jugar a que vivimos en el ” mejor” de los mundos, porque escamotea la facilidad con que podemos caer en la justificación de la violencia política o en la aceptación de la despolitización de la violencia común en nuestras calles. Justificación y sublimación, por un lado, de la violencia desde el poder y, por otro lado, aceptación social del crimen organizado y de la violencia que genera como un valor vital del ” machismo” que se hace acreedor de ” respecto” social en la cultura de la narco-política.

Lo que coloca de manifiesto la contradicción entre los códigos jurídicos/ morales y la valoración de la violencia desnuda, que deja de ser residual y se transforma en un implacable elemento de” gobernar ” y de destruir a quienes se oponen a la voluntad del detentor del poder, por un lado, además de un proceso de control de la vida económica .

En consecuencia, la narrativa propagandística desde el poder, nos condiciona a escandalizarnos de la violencia de los grupos marginales, a saltar de indignación ante la “violencia” de la protesta social, pero a minimizar, justificar y sublimar la “violencia necesaria”, estructural desde el poder, interpretada sin más como mantenimiento del” orden ” y, a creer ciegamente en la eficacia de las estrategias de contención de los grupos criminales y de combate a sus actividades.

Aún y cuando esto nos lleva a esconder, bajo el tapete de la consciencia, la vasta organización de redes de violencia de las mafias, su íntima relación con el poder, la corrupción, descomposición y podredumbre de su ejercicio, a partir de inmensos entramados de complicidades y compadrazgos, muchos de nosotros continuamos ” comprando” la narrativa de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Sí, vivimos en el “mejor” de los mundos.

Aceptamos esta ficción difundida por la narrativa discursiva de los políticos y de los medios porque la violencia es el verdadero tabú de nuestro siglo. Por eso, nos sentimos aliviados, casi contentos cuando consumimos la ” noticia”, la ” actualidad” como un fruto del proceso de ” esterilización ” de la Información.

Vivimos en el ” mejor de los mundos”, producción estelar de una estrategia informacional en que la violencia generalizada es reducida a ” hechos aislados “, luego olvidados al final del “ciclo” noticioso y, en que los “Don Corleone” electos nunca ” amenazan “siempre ” razonan”. Vivimos en el mejor de los mundos”

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