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Hace 29m

Tras la apariencia democrática de las primarias subyace otra realidad contrapuesta, tal es el control de los aparatos de los partido y la purga de disidentes; sin sopesar la debacle que la conflictividad suscitada induce en los resultados electorales

El  enredado ambiente, el permanente  estado de perturbación   y  el desnorte persistido de la clase política, más que favorecer un cambio en positivo en utilidad del futuro del país, hace que su inercia propicie   que el estancamiento  se haga dueño de la situación, y cuando  esto ocurre, los políticos dejan de estar    a la  altura de la circunstancias, y es  el liderazgo de los mediocres el  que marca  la pauta, generando  con ello  una  situación carencial  que obstaculiza la implantación de  alternativas de solución y propicia devaluación  en la   calidad democrática

Lo alarmante de  este deterioro es que surge cuando la totalidad de las formaciones  políticas que conforman el arco parlamentario  hacen gala de democracia interna que justifican alardeando de utilizar las primarias, esa  palabra  cargada de connotaciones positivas, sinónima de  dar la oportunidad a su militancia  en la en la elección de sus dirigentes, cargos de representación   y participar en la determinación  de  la línea política como en   las decisiones del partido.

Eso así expuesto resulta ideal, pero nos olvidamos que  los partidos políticos son estructuras piramidales, en las que el  líder ostenta, plenas atribuciones y el supremo  poder,  y tal circunstancia induce   por uniformidad jerárquica que la organizaciones salgan  mas divididas  tras celebración  del ciclo de primarias, pues  tras el mismo se impone  la disciplina prusiana donde los cuadros cierran filas en torno al líder, haciendo  proliferar  a mediocres y oportunistas  y  complicar la  mecánica participativa interna  de  quienes resultaron derrotados en el proceso  que desde el oficialismo más que como compañeros de proyecto son tratados  con hostigamiento.

Pero a más de incrementar el  enfrentamiento en el seno de la organización,   desde el punto y hora que la consecución del apoyos a candidatura  atiende  a las  divisiones dentro de la misma, nada garantiza  que el vencedor  de unas elecciones de régimen interno como las primarias  sea el aspirante más adecuado para granjearse  el voto de la ciudadanía en unos comicios  de rango institucional, llegado a este extremo a pesar de los malos resultados que pudieran depararle las urnas su  continuidad  estaría garantizada por el blindaje que le reporta el blindaje de su condición de líder de la organización  y el factor añadido  de la dilución de la responsabilidad política que por eso de la primarias  recaería  en un ente etéreo llamado militancia.

Si hasta la implantación de esta fórmula,   la totalidad  de los candidatos a los comicios eran  cooptados por la cúpula de su partido  con el descrédito que a la calidad  la democrática representaba aquella modalidad que impedía   toda posibilidad  de  renovar las élites políticas, la utilización alternativa del sistema de primarias  no varió en lo sustancial la situación, pues mas allá constituido un extraordinario éxito propagandístico, su aplicación  fue una medida que al no existir  en los partidos  mecanismos de fiscalización de los candidatos desató luchas de poder  en el seno de  los mismos, que en nada  vino  a favorecer a lademocracia ni a la regeneración  política.

Los partidos políticos son estructuras piramidales, en las que el líder ostenta plenas atribuciones y el supremo poder

En la mayoría de los casos, tras la apariencia  de ese referente  democrático  que supuestamente tiene  por finalidad  favorecer la emergencia  de líderes y nuevos cuadros, subyace otra  realidad opuesta, tal es  imponer desde la cúpula dominante un modelo de primarias que facilite el control del aparato del partido, anulando  para su consecución la pluralidad divergente  de ser  necesario y llegando al extremo  de  agudizar la confrontación  entre facciones sin evaluar las consecuencias derivadas,   cuya dimensión e impacto   pueden tener un efecto demoledor  para el partido en cuestión, pues el electorado es dado a  castigar en las urnas   aquellos  partidos  sumidos  en conflictividad,  luchas internas y escisiones. 

Tal desvarío obedece   a la  baja calidad democrática de los partidos políticos en su funcionamiento interno, cuya repercusión  además de obstaculizar la renovación de sus políticas e ideas, impide a la oposición internas plantear alternativas, pues contrariamente   a las apariencias, lo cierto que los partidos políticos internamente no son genuinamente democráticos  por cuanto el autoritarismo  es  práctica generalizada, extravío que no solo  afecta a los partidos tradicionales, sino también los que decían venir a cambiar las cosas.

Democracia restringida  que es necesario revertir para que la operativa de los partidos políticos cambie de rumbo  y como instrumentos de representación cumplan su  verdadera finalidad  

Es por eso que sin llevar  a término un proceso de  regeneración y democratización interna de las formaciones políticas como paso  previo a la celebración de sus primarias, el  resultado alcanzado   vendrá revestido de insolvencia e   ilegitimidad 

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