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Gabriel Hidalgo AndradeMiembro desde: 27/08/09

Gabriel Hidalgo Andrade

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11/05/2020

El siguiente es un análisis de escenarios que simula una eventual competencia entre Lasso, Sonnenholzner, Yunda o Vargas si estos fueran los cuatro candidatos con más posibilidades de ganar

En una Encuesta digital aplicada en Twitter entre el 21 y 22 de abril a más de 12 mil personas a nivel nacional, sobre posibles candidaturas presidenciales, se preguntó sobre cuatro opciones: Jorge Yunda, Otto Sonnenholzner, Guillermo Lasso y Jaime Vargas. Se planteó así porque todos estos nombres responden a una preferencia política específica y a un segmento de la población determinado.

También se siguió el criterio de concentración de voto según el cual, desde las presidenciales de 1978, con el retorno a la democracia, y hasta las últimas elecciones del mismo tipo celebradas en 2017, alrededor de un 80% del voto en promedio se agrupan en las cuatro candidaturas finalistas. Y los candidatos restantes, que son en promedio cinco, se distribuyen el porcentaje de voto que queda.

En esa lista el actual alcalde de Quito, Jorge Yunda, podría expresar la identidad del izquierdismo radical y del populismo afín al expresidente Rafael Correa. Otto Sonnenholzner, vicepresidente en funciones, podría expresar al morenismo, el aliancismo moderado o una hasta nueva socialdemocracia. Guillermo Lasso, banquero que ha sido candidato presidencial en otras ocasiones, podría identificarse con el liberalismo conservador. El líder Jaime Vargas, emergido en las violentas protestas de octubre de 2019, podría expresar el indigenismo marxista.

La encuesta tuvo más de 45 mil reacciones y más de 12 mil respuestas. La muestra es estadísticamente representativa por el número de votos conseguidos y aunque podría decirse que una encuesta digital dispone solo de una parte de la sociedad, también puede decirse que este segmento de la población es diverso en términos de ubicación geográfica, ingresos económicos, clase social, formación académica y acceso a la información.

Se estima que el segmento social con acceso a las redes sociales y con capacidad de participar en una actividad como esta dispone de computadora de escritorio o portátil, teléfono inteligente, acceso al internet móvil o doméstico e interés para participar. Por eso podrían tratarse de usuarios de clases popular, media y alta, que van de los 25 a los 44 años en promedio, como lo ha afirmado un estudio de Media Click.

Se anticipa que esta es una simulación. Es intuitivo que si fueran otros cuatro nombres, los resultados fueran distintos. También se puede decir lo mismo si la misma encuesta se aplicara en otro momento. También se advierte que sus resultados no sirven para apreciar a ganadores o perdedores, sino para observar a segmentos electorales en la población constante en la muestra.

En el presente estudio, Jorge Yunda, en el segmento del populismo autoritario, obtuvo el 24%. Otto Sonnenholzner, en la socialdemocracia, el 26%. Guillermo Lasso, en el liberalismo conservador, el 48%. Jaime Vargas, en el indigenismo marxista, el 2%. ¿Qué pueden decir estos números? ¿Cuál es la interpretación de esta distribución según las preferencias electorales?

 

La esperanza del correismo

Jorge Yunda podría ser el candidato del correismo. Su ausencia durante las protestas de octubre de 2019, su alejamiento en la contención a la violencia de las jornadas de manifestación y a las peticiones de renuncia o de elecciones anticipadas del sector más radical del legislativo compuesto por los antiguos copartidarios del presidente Lenín Moreno ya situaron al alcalde de Quito en una posición cercana al correismo.

Hoy, debido a su buen desempeño frente a la pandemia en la capital del país, Jorge Yunda, médico de profesión, ha recibido constantes elogios del expresidente Rafael Correa como de sus más fieles colaboradores, todos quienes no han perdido la oportunidad de insistir en su propuesta de deponer al Gobierno Nacional, provocar una sucesión presidencial y hasta de encargar en el poder a otra persona, no elegida por votaciones universales y directas, y hasta de convocar a nuevas elecciones en estas circunstancias.

El expresidente Correa ha sido muy claro en formular el nombre del exalcalde de Guayaquil, el socialcristiano Jaime Nebot, como el más idóneo para hacerse cargo temporalmente de la presidencia de la República. Nebot ha correspondido a estos mensajes con respuestas ambiguas de legitimación al exmandatario que hoy vive en Bélgica en condición de prófugo de la justicia ecuatoriana.

Jorge Yunda, anteriormente radiodifusor y ahora político, antes de convertirse en Alcalde de Quito en las elecciones seccionales de 2019, fue asambleísta por Pichincha tras disputar el cargo en las elecciones presidenciales y legislativas simultáneas de 2017 que llevaron al poder al actual presidente Lenín Moreno. Participó por el oficialista Movimiento Alianza País en coalición con el Movimiento Unión Ecuatoriana del exfiscal Washington Pesantez, quien fue nombrado en 2007 como Fiscal General por la Asamblea Nacional Constituyente de mayoría correista.  

Yunda se impuso en la competencia por la Alcaldía de Quito con el 21.4% de los votos, seguido por un triple empate entre Luisa Maldonado del hoy correista Fuerza Compromiso Social, Paco Moncayo de la Izquierda Democrática y César Montúfar de la centrista Concertación que obtuvieron entre el 17% y 18% de los votos cada uno, a menos de un punto porcentual de distancia entre estos tres, y a 3 y 4 del ganador.

En la presente encuesta, Jorge Yunda obtuvo el 24%, lo que insinúa que el populismo autoritario podría tener un nivel del voto que bordea esta cifra y que se mantiene constante en comparación con la trayectoria histórica del voto populista en Ecuador que oscila en el 26%.

Yunda es un político confuso. Nunca se ha manifestado abiertamente en contra del correismo, ni a favor del morenismo. Tras su cercanía en las protestas de octubre de 2019 con las facciones más violentas de la protesta indígena, cercanas al correismo, como ahora, por sus eficaces gestiones como alcalde de la capital ecuatoriana frente a la pandemia, Jorge Yunda podría probar apostar por sus antiguos copartidarios, con la finalidad de conseguir la presidencia de la República.

 

Un correismo sin Correa

Continuar con la Revolución Ciudadana, pero prescindiendo de Rafael Correa, era el sueño de sus fundadores. Tras conseguir el poder presidencial en las elecciones de 2006 e instalar una Asamblea Constituyente un año después, los primeros copartidarios de Alianza País se separaron desencantados. Progresivamente más facciones del aliancismo aparecieron como opositoras y adversarias al oficialismo durante el gobierno correista.

Esas izquierdas, que antes apoyaron a Rafael Correa y que después prometían lo mismo pero sin él, se enfrentaron a todo el aparato publicitario, de recursos y de órganos estales sometidos al poder presidencial. Como era de esperarse, esas facciones aliancistas resultaron constantemente derrotadas, hasta que un buen día el poder quedó en manos de los subalternos que permanecieron todo ese tiempo a la sombra.

Sonnenholzner podría perder espacio en las clases populares frente a Yunda, pero podría resultar una gran amenaza en la disputa con Guillermo Lasso en el centro de las ideologías

Después de una década de administración personalista, como de construcción de obras levantadas con millonarios sobreprecios, en la Revolución sabían que el modelo de gasto de Rafael Correa se había agotado, que caía en picada en las encuestas, que sería derrotado en las urnas y que el único con capacidad de reconciliar a las facciones marginadas del mismo aliancismo, como de atraer el voto popular era el exvicepresidente Lenín Moreno. Apostar por el exvicepresidente de Correa era la jugada para enfrentar el ascenso del banquero Guillermo Lasso, uno de los líderes de las protestas de mayo de 2015 que casi anticipan la terminación del gobierno en funciones. Se creía que si Lasso ganaba la presidencia y su partido conseguía una mayoría importante en el legislativo, perseguirían despiadadamente a los correístas. Luego sucedió lo mismo, pero sin Lasso.

Los antiguos subalternos de la revolución encerraron al vicepresidente Jorge Glas y encausaron a Rafael Correa; nombraron temporalmente en la vicepresidencia a María Alejandra Vicuña, cercana a Rafael Correa. Esta cercanía condicionaría su permanencia en el cargo y menos de un año después Vicuña sería reemplazada por un empresario de la comunicación sin ninguna experiencia política.

El presidente Lenín Moreno se rodeó de las facciones de la izquierda aliancista cercanas a la socialdemocracia ideológica y se reconcilió con las organizaciones indigenistas y de la sociedad civil. Al mismo tiempo dio la espalda a las facciones más violentas de su propio partido. Así consiguió una coalición de gobierno con el partido de su principal adversario, dividió en tres a su organización política, marginó al tercio correista de su propio partido y los empujó a juntarse con los socialcristianos.

La coalición legislativa de gobierno se compuso por sectores pluralistas dominados por el partido de Guillermo Lasso y por el nuevo aliancismo, y en ese clima se nombró a Otto Sonnenholzner como reemplazo definitivo para la vicepresidencia de la República. Una nueva socialdemocracia aparecía del populismo moderado de una agonizante Alianza País.  

En la presente encuesta, el vicepresidente Sonnenholzner obtuvo el 26%, ocupando el espacio de la izquierda centrista y del populismo aliancista moderado que querían un correismo sin Correa. Con esa cifra empata técnicamente con el alcalde Yunda y, al parecer, ambos podrían compartir electorados en una potencial contienda electoral. Los dos son políticos recientes, con bajos niveles de resistencia, muy activos en el trabajo de contención de la pandemia.

Entre Yunda y Sonnenholzner se concentra el 50% de las preferencias de esta simulación, lo que coincide con el 51% que obtuvo el presidente Lenín Moreno en el balotaje, al conquistar la presidencia en los comicios de 2017. Moreno conseguiría juntar a las dos facciones del correismo, ambas enfrentadas: la del populismo autoritario, dominante y más fanatizada por el expresidente Correa, con el populismo blando, sometido y marginado. Ambas formas de populismo hoy se bifurcan entre Yunda y Sonnenholzner.

 

¿A la tercera va la vencida?

En las presidenciales de 2017, el banquero Guillermo Lasso obtuvo el 49% de los votos en el balotaje, a 2 puntos de diferencia del ganador de la contienda, el actual presidente Lenín Moreno. Esta fue la ocasión que más cerca estuvo el político guayaquileño de conquistar la primera magistratura del Estado. En las presidenciales 2013 obtuvo 23% y en las de 2017 creció hasta el 28%. Hoy, la presente simulación le atribuye el 48% de las preferencias, a más de 20 puntos de sus principales contendores, el alcalde Jorge Yunda y el vicepresidente Otto Sonnenholzner.

Si estos resultados se compararan sobre el 80% de su proporcional en una papeleta de primera vuelta compuesta por más candidatos y se dejara un margen para los otros 5 candidatos en promedio, Lasso debería tener el 38%, Sonnenholzner el 21% y Yunda el 19% de las preferencias electorales. Estos números ponen a Lasso a más de 17 puntos de distancia de ambos mandatarios. ¿Esto significa que el político conservador tiene la disputa ganada?

Esta simulación tiene por objeto el identificar a los segmentos electorales en la población. Así, siguiendo la tendencia histórica desde el retorno a la democracia, en una disputa con 9 candidatos que compiten por la presidencia y en donde los 4 primeros concentran el 80% del voto, podría haber dos tipos de votantes: un amplio electorado izquierdista compuesto por sectores socialdemócratas, populistas radicales y moderados, sindicalistas, indigenistas y colectivistas; y, por otro un electorado identificado con un sector menos diverso, asociado a los conservadurismos clásico y libertario así como al liberalismo social o al republicanismo.   

En este eje transversal ideológico que empieza, aunque con muy pocos apoyos en la presente simulación, en el extremo de la izquierda con el indigenismo de Jaime Vargas, Jorge Yunda compartiría desde los votos aficionados al socialismo de Estado, del leninismo y del nacionalismo marxista. Mientras que, al llegar al centro, Yunda y Sonnenholzner compartirían el espacio de la socialdemocracia. Mientras Yunda tiene poco que atraer de Vargas, tiene mucho que disputar a Sonnenholzner.

Guillermo Lasso tiene la ventaja de permanecer solo en la derecha del espectro ideológico, pero esto no siempre puede resultarle favorable. Por su condición de empresario de la banca, a Lasso le resulta difícil acercarse al centro ideológico, lo que puede resultar más fácil para Sonnenholzner, por su juventud, vitalidad y baja exposición política.

Sonnenholzner podría perder espacio en las clases populares frente a Yunda, pero podría resultar una gran amenaza en la disputa con Guillermo Lasso en el centro de las ideologías según los votantes. Así, el perfil del electorado de Lasso podría gravitar en el extremo de la derecha por el voto afín al neoliberalismo, moderándose ligeramente hacia liberalismo radical y el liberalismo conservador. Sin embargo, podría costarle acercarse al voto de la democracia liberal o de la democracia cristiana si no consigue morigerar su imagen de boyante banquero.

Lasso tiene otra ventaja competitiva: hoy se desempeña desde la sociedad civil en la lucha por la contención a la pandemia. Yunda y Sonnenholzner dependen del éxito de sus administraciones. Solo los buenos resultados colectivos facilitaran su candidatura, lo que depende del desempeño general de los gobiernos en los que ocupan cargos de ejecución.

Toda crisis genera desafecto por la política, la democracia y las instituciones. Es previsible que los electores sientan rechazo por los actores públicos más notables, por los partidos políticos vigentes y por las autoridades. En este espacio emerge la sensación de necesidad de inaugurar nuevos liderazgos y de recuperar el peligroso “que se vayan todos”.

Cada contienda electoral tiene chimbadores, extraviados y pastores que aparecen montados en una infraestructura electoral de última hora. Del número de estos y del espacio que ocupen en los electorados dependerá cómo se muevan las fichas en el tablero electoral, dominado en esta simulación electoral por el populismo autoritario así como por el moderado y por la derecha neoliberal.

Este análisis es referencial y no puede generalizarse a toda las edades, condiciones socioeconómicas ni geografías. Es un estudio que propone algunos elementos para el análisis de las coyunturas políticas.

Entre Yunda y Sonnenholzner se concentra el 50% de las preferencias de esta simulación, lo que coincide con el 51% que obtuvo el presidente Lenín Moreno en el balotaje de 2017

 

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