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Paula Figols nos invita a compartir las vivencias de Karim, un menor no acompañado, en su novela 'Catorce'

26/11/2020 03:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A Paula Figols (Zaragoza, 1977) le interesan más las preguntas que las respuestas. 'Catorce' (Pregunta Ediciones) es una novela llena de interrogantes que el lector va a cargar consigo. Quizá encuentre respuesta a alguno, pero ya le advertimos que las buenas preguntas son las que vienen sin solucionario. Y la autora no caerá en el error de decirle lo que tiene que pensar. Para eso ya está la prensa amarilla. En Catorce Encontrará la historia de Karim, vista desde la óptica más honesta: cuatro personas hablan de él, de una historia compartida y trunca, de sus despedidas.

Karim es un 'mena', un crío como cualquiera de los nuestros, a quien el azar de la biosistemática lo llevó a nacer en Bab El Taza, una aldea próxima a Chefchaouen, en el norte de Marruecos. Karim, como tantos niños rifeños, crece en la esclavitud de la precariedad del mismo modo que nuestros hijos crecen en la esclavitud de las marcas comerciales. La vida está llena de precios, y los precios siempre llevan estampados los prejuicios en el dobladillo. Lo malo es que hay vidas que nacen con precio de saldo y, además, tendrán que pagar un sobreprecio para colgarse una humillante etiqueta al llegar.

La historia de Karim no nos la cuenta él. Tampoco un narrador que todo lo ve. La historia de Karim la cuenta su amiga Ana, desde la óptica de la amistad adolescente que colinda con el deseo. La cuenta Javi, su educador al llegar, que está escribiendo un libro sobre 'menas' y que se vincula a Karim desde la vocación del cuidador. La cuenta Aisha, su madre, desde la pérdida del hijo. La cuenta Mohamed, el amigo de la infancia, desde la perspectiva de la fidelidad. Las cuatro palabras configuran a Karim: amistad, cuidado, pérdida y fidelidad. Las cuatro voces lo perfilan sin llegar a dibujarlo.

Pero Karim se empeña en ser un joven normal en un país donde la noción de medida ha dejado de existir de un tiempo a esta parte. Karim aprende pronto que un menor no acompañado no tiene ninguna posibilidad de ser valorado por lo que vale porque ya tiene puesto el precio en origen y hay quien se empeña en que ese precio sea un tatuaje permanente. Karim ve puertas que se cierran y se siente incapaz de abrir otras nuevas. Y las grandes preguntas siempre vuelven... ¿Qué harías por un amigo? ¿Se deja alguna vez de ser extranjero?

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Paula Figols va destilando con cuidado la información sobre Karim. Las elipsis y los espacios narrativos de indeterminación surgen con los silencios del protagonista, sobre todo cuando le toca hablar del viaje. El relato se va desplegando desde el cuello del embudo hacia su explicación, pero en viaje inverso: desde el presente hacia el pasado. Primero hablan sus amigos zaragozanos. Luego, las voces de su infancia en el Rif. El tramo final del relato es sobrecogedor, aunque no extremado. Los tres amigos -Karim, Mohamed y Ayoub- explican un buen puñado de incógnitas, si bien no las más relevantes. Será el lector quien ponga el valor de las variables, aunque sean posibles varias soluciones en el final.

Nos pasamos media vida diciendo hola y la otra media diciendo adiós, pero estos chicos pasan su infancia despidiéndose y quién sabe cómo pasarán el resto. Karim sabe árabe, bereber, francés, castellano, pero la vida le ha enseñado mucho más que competencias lingüísticas. De momento, ya ha aprendido que, para llegar a cualquier sitio, él tiene necesita diez vidas. El lector encontrará algunas respuestas que Karim ignora en el relato de Aisha, su madre: la deuda con el traficante, las condiciones de vida de una mujer sola en Marruecos, los vínculos entre las madres, el lacerante dolor de la incertidumbre, los aromas de las comidas de la infancia, el atlas donde Karim aprendía capitales del mundo, la afanosa lectura de 'La isla del Tesoro'...

El plano de Zaragoza es una de las pertenencias que Karim más aprecia. Allí están, grabados sobre la piel de la ciudad, el parque del Tío Jorge, el barrio de Cobasa, los campos de El Gancho y de La Jota, la pasarela del Actur, el Avempace, la Romareda... El fútbol se convierte en una gran metáfora de la ciudad. Pero Karim siempre gana o pierde fuera de casa. El lector percibe que la vida de Karim es una perpetua carrera por la banda de una cancha donde la velocidad y la pegada son más importantes que la espera. El balón nunca llega a ti si estás quieto. Otros sí pueden esperar a que la bola llegue. Pero Karim y sus amigos, no. Ellos tienen una valla en medio. La bola pasa, pero el hombre, no.


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