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Nuestra revolución

24/04/2016 02:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Que no le quiten su revolución. Léase, que no le quiten su tarima, sus aplausos, sus lisonjas porque se muere. Que no le quiten sus sabatinas porque él es adicto a ser aceptado, aunque sea a la fuerza

“No nos quitaran nuestra revolución” dijo el presidente Rafael Correa en su enlace sabatino del 23 de abril de 2016, el primero después de la tragedia. Lo dijo después de prometer que lo clausuraría si la oposición legislativa aprueba su paquete de reformas tributarias.

Lo dijo con un tono especial. Desaforado, desencajado, apasionado. Dando la sensación de que si le quitan su tarima le quitan su vida. No nos quitaran nuestra revolución, nuestra alegría, nuestro canto a la vida, decía.

Esta vez ya no hablaba de la gente. Ya no había aplausos ni grandilocuencia. Estaba él, solo, frente a la cámara, o ¿frente a un espejeo?

Es como si se estuviera mirando a sí mismo. Él es el pueblo, él es la encarnación del pueblo, él es el héroe de la patria. Su voz retumba en todos los rincones de su ser, pero esta vez nadie le responde, nadie le aplaude, ya no hay más público, más espectáculo, más artistas. Está él solo, hablándose a sí mismo y a su propio ego.

“No nos quitaran nuestra revolución”.

Decía esto en respuesta a la demanda masiva de la sociedad civil en las redes sociales sobre la eliminación de las sabatinas que le representa al estado una erogación de más de 1 millón y medio de dólares en lo que resta de gobierno y más de 14 millones de dólares durante todos los 9 años de gobierno correísta.

Dijo también que la solicitud fue planteada por la oposición. Lo que no se da cuenta es que esta misma oposición únicamente reprodujo una demanda ciudadana, autónoma, despartidizada que exige baja el tono de sus críticas y burlas, desterrar el segmento semanal televisado y radio difundido destinado a insultar a todo ecuatoriano que se muestre crítico con su gobierno y a gastar en una extravagancia en donde se cuenta lo que comió el presidente en sus recorridos o cuál es su interpretación de las noticas que cuentan algo sobre su gobierno.

“No nos quitaran nuestra revolución” dijo el presidente Rafael Correa en su enlace sabatino del 23 de abril de 2016

Cualquiera podría pasar por la guillotina simbólica de las sabatinas. No está dirigida solamente para las grandes cadenas empresariales de noticias, sino también para los ciudadanos comunes que no tienen un emporio comunicacional para defenderse. Desde esa tarima, pagada con dinero de todos, ha insultado a amas de casa, estudiantes secundarios y universitarios, a dirigente sociales, a maestros, a profesionales, a artistas, a escritores por el pecado de criticarlo, de rechazarlo, de ningunearlo.

Él ha dicho que este es un ejercicio “sagrado” del pueblo para responder a sus enemigos atrincherados en la prensa comercial, para responder a sus mentiras. Desde entonces se creó la falsa ilusión entre sus fanáticos de que la prensa siempre miente, que la persona del presidente es la personificación del pueblo o que sus insultos en contra de sus críticos son una necesidad sagrada de purificar los males de una sociedad dividida entre buenos y malos. Triste forma de ver a la democracia.

Ahora más que nunca se ve un presidente enfermo por el poder. Como a un enfermo mental, dependiente de un psicotrópico sintiéndose amenazado de abstenerse de su consumo, se lo ve al presidente desesperado defendiendo su tarima y a su desesperación por consumir aplausos, aceptación y adulos.

Que no le quiten su revolución, se le oye decir. Que no se la quiten porque se muere.

A este señor hay que desintoxicarlo inmediatamente. Hay que desintoxicarlo del veneno de sus odios, revanchas y resentimientos; de los adulos, los alaridos de sus fanáticos y de las lisonjas de sus cercanos. Hay que desintoxicarlo porque es un adicto a las muchedumbres de clientes, burócratas y pagados. Tal vez él no lo sabe pero la gente que llena la plaza no es gente que quiera verlo. Apoyan un estado de cosas en donde ellos son favorecidos de alguna forma, con un contrato, un cargo público o una prebenda. Qué triste es ver la democracia de esta forma, como un mercado de intercambio de bienes. Como un prostíbulo.

Que no le quiten su revolución. Léase, que no le quiten su tarima, sus aplausos, sus lisonjas porque se muere. Que no le quiten sus sabatinas porque él es adicto a ser aceptado, aunque sea a la fuerza.

Ahora más que nunca se ve un presidente enfermo por el poder

@ghidalgoandrade


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (191 noticias)
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Opinión
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