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La justicia de Twitter

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11/08/2019 04:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aterroriza notar que quienes caen en esta equivocación son los mismos que miran para otro lado cuando parte de la justicia indígena flagela a sus sentenciados, muchos de ellos obligados al castigo sin ningún procedimiento ni defensa

Otra vez las redes sociales se encienden. Pero esta vez las reacciones nos delatan como sociedad y eso hace que el asunto cobre importancia.

Circula un video captado en la parroquia San Camilo de Quevedo en donde se puede mirar a un delincuente que asalta a una mujer y a un niño. Poco tiempo después es sorprendido en el acto, perseguido y aprehendido por un policía. Sometido el delincuente en el suelo se produce un exceso. El policía patea en la cabeza al delincuente. En las redes se dice que el policía es esposo y padre de las víctimas. Muchos defendieron al delincuente y otros al policía.

Algunos ya dijeron que en la acción hay tortura, ya lo sentenciaron y hasta lo declararon culpable. Aseguran que en el acto hubo un castigo moral o físico muy intenso y continuado, infligido con el fin de conseguir una confesión. Esa es la definición enciclopédica de la tortura. Pero ¿hubo un castigo? ¿Fue moral y/o físico? ¿Fue intenso y continuado? ¿La finalidad era conseguir una confesión? Yo solo vi dos patadas innecesarias. Algo tan complejo como eso es imposible de determinar con un video tan corto.

Hay también un cierto tufillo conservador en quienes se indignan con todo esto. Es fácil bañarse de arrebato y citar laberínticos como inamovibles conceptos académicos para lamentarse por el asunto, pero les resulta degradante calzarse en los zapatos de quien sufre las consecuencias de un robo, de un secuestro o de la muerte de un familiar. ¿Tan innoble es renunciar por un momento a las exquisitas ideologías universitarias y pensar con algo de empatía?

La acción policial en contra de la violencia criminal no se impone con abrazos y consejos. Cuando el crimen se materializa en actos de violencia la acción debe ser también violenta por delegación de la ley y en nombre de la paz social. ¿A quién se le ocurre que a los atracadores, secuestradores o terroristas en acción se los disuade con poemas de amor?

Frente a una acción criminal armada la respuesta es también armada. Para eso son entrenados nuestros policías. La sociedad hace enormes esfuerzos al invertir en la formación policial para que unos pocos distraídos defiendan a los desadaptados que descargarían sus pistolas, sin ninguna piedad, en contra de cualquiera que se les atravesara en el camino, incluyendo a sus actuales defensores o a sus hijos.  

La acción policial en contra de la violencia criminal no se impone con abrazos y consejos

Hubo un exceso policial que debe sancionarse, pero las redes sociales ya sentenciaron al policía que obró en defensa de su familia. Pidieron su crucifixión y olvidaron al Barrabas de la historia. Corresponder esta sensiblería vestida de intelectualidad sería el retorno a la barbarie. ¿Por qué habríamos de dar crédito a unos pocos que se presentan como herederos indiscutidos de la civilización posmoderna y que miran con desaire a sus discrepantes?

Los delincuentes más violentos no se detienen a pensar en los Derechos Humanos de nadie. Cuando tienen que matar lo hacen sin ninguna compasión. Justificar a los criminales en sus crímenes es volver a las cavernas, es negar la utilidad del Estado contemporáneo y es aceptar la ley del más fuerte. Despidámonos entonces del Estado de Derecho. Desde entonces aquí habría individuos que viven del crimen violento y que tienen más derechos que los ciudadanos cumplidores de la ley. Que aquí se defienda entonces al más fuerte, no al más vulnerable. Por esta equivocación impuesta por estos eruditos la gente no confía en el sistema de justicia. La tragedia de Posorja es el síntoma.

Defender a los Derechos Humanos no es abogar por cualquier tontería. Aterroriza notar que quienes caen en esta equivocación son los mismos que miran para otro lado cuando parte de la justicia indígena flagela a sus sentenciados, muchos de ellos obligados al castigo sin ningún procedimiento ni defensa. ¿Ahí ya no es tortura?

En el video se puede notar que el policía, tras controlar físicamente al delincuente, lo somete. Luego utiliza tácticas defensivas no letales para neutralizarlo. Todo es un evento en suceso. El policía contrarresta, inmoviliza y doblega al criminal con control físico y verbal. Esto sería imposible con frases condescendientes y demostraciones indulgentes. Determinar si esto fue un exceso o si fue el procedimiento habitual para el uso progresivo de la fuerza corresponde a los expertos de la materia. Entonces si el policía tiene que pagar, que pague, pero no frente a la justicia sabionda de las redes sociales.

@ghidalgoandrade

 


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (323 noticias)
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Tipo:
Opinión
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