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La bota en el cuello

26/01/2018 19:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Podemos decidir sobre cómo se debe sentir cada víctima de la tiranía correista? ¿Es acaso por insolidaridad o hipocresía, por vanidad, arrogancia o estupidez que reprochamos el rechazo legítimo al poder autoritario?

Lo que sucede con Rafael Correa es humillante. Todo ex mandatario merece respeto. Nada justifica la deshonra sufrida por el anterior gobernante y todos debemos rechazarla. Pero ¿cómo explicar la lluvia de desperdicios que es lanzada en su contra?

Es irrespetuoso reclamar modales a los bachilleres que quedaron fuera de la Universidad por las leyes correistas sobre educación superior; o a los constructores, albañiles, artesanos, comerciantes, ingenieros o arquitectos que perdieron sus trabajos por las leyes correistas sobre plusvalía; o a los empleados privados que perdieron sus utilidades, sus puestos, su carrera por las leyes correistas sobre el trabajo; o a los comerciantes que perdieron sus fuentes de subsistencia por la persecución tributaria o por las imposiciones fiscales creadas por las leyes correistas sobre impuestos e importaciones; o a los ciudadanos agremiados que perdieron sus organizaciones de la sociedad civil y hasta su libertad por las leyes correistas de criminalización de la organización social y de la protesta.

Es difícil hablar de modales frente a las decenas de miles de jóvenes, mujeres, hombres y ciudadanos de cualquier tipo que fueron agredidos durante los diez años de abuso correista. En casi quinientas veces, en cada sabatina, y en centenares de caravanas, mítines, fiestas, cadenas o propagandas, el ex presidente Rafael Correa insultó con un odio misógino a las mujeres que lo criticaban, con envidia a los profesionales que lo contradecían, con arrogancia a los empresarios que lo desafiaban, con desprecio a los jubilados que lo enfrentaban. Tiró desperdicios verbales, en señal abierta y horario familiar, en contra de la gente que no podría responder jamás de la misma forma.  

Fueron diez años que estos héroes anónimos resistieron a la prepotencia de un poder omnímodo que creyó que gobernaría con impunidad para siempre. Fueron diez años que todos tuvimos que soportar el peso de la bota autoritaria presionando sobre nuestros cuellos, ahogando nuestra libertades e intentando sofocar nuestras voces y opinión.

A quienes enfrentaron a Correa hay que felicitar por su valentía, aunque haya que reprochar sus medios de manifestación

Muchos perdonaremos y olvidaremos al tirano. Perdonaremos u olvidaremos de su persona sus excesos, sus abusos, sus mentiras y sus mediocridades. Recordaremos de su gobierno solo lo necesario, para evitar que jamás vuelva al poder alguien con tantas necedades ideológicas y enfermedades en el alma. Es necesario olvidar a este cínico cuanto antes y continuar en la búsqueda de una democracia pluralista, sin su legado y sin sus nuevos ricos. Bien decía Jorge Luis Borges “yo no hablo de venganzas ni perdones,  el olvido es la única venganza y el único perdón”.

Pero a muchos les cuesta olvidarlo y no los culpo. Después de tanto daño provocado en contra de miles de bachilleres, de constructores, de pequeños empresarios, de médicos, de profesores, de profesionales, de jubilados, de mujeres, de indígenas, de amas de casa, de choferes, de ecuatorianos sin distingo, y en contra también de sus familias, es indolente exigir compostura a los más agraviados.

Nosotros desde la seguridad y comodidad de la resignación, de la modestia, de la serenidad o del temor, no podemos exigir a otros que obren como a nosotros nos gustaría. ¿Nos gustaría? ¿Podemos decidir sobre cómo se debe sentir cada víctima de la tiranía correista? ¿Es acaso por insolidaridad o hipocresía, por vanidad, arrogancia o estupidez que reprochamos el rechazo legítimo al poder autoritario?

Hay que a felicitar por su valentía a quienes enfrentaron a Correa, aunque debamos reprochar sus medios de manifestación.

En lo personal, yo rechazo todas estas expresiones de agresión en contra del gran agresor de la decencia en Ecuador, pero principalmente me solidarizo con todas las víctimas de su tiranía. Decenas de miles de familias de víctimas, héroes y humildes festejaran cuando toda la prepotencia correista sea sepultada bajo una montaña de voluntades populares.

Muchos perdonaremos y olvidaremos al tirano. Perdonaremos y olvidaremos de su persona sus excesos, sus abusos, sus mentiras y sus mediocridades

Pero los convocantes a la consulta tampoco están salvos apenas por lavarse la cara y deshacerse de su capataz. Esta es una consulta del pueblo, no del poder.

@ghidalgoandrade

 


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (294 noticias)
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1550
Tipo:
Opinión
Licencia:
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