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Indígenas y pelucones

27/03/2010 08:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La junta cívica de guayaquil tendió puentes con los indígenas

En uno de los momentos de mayor agitación social, el Presidente de la Junta Cívica de Guayaquil, Miguel Palacios, siquiatra de prestigio continental y guayaquileño de reconocidos méritos cívicos, se reunió con el Vicepresidente de la Conaie, Miguel Guatemal, más allá de los posibles abismos históricos, culturales y geográficos, con la finalidad de elaborar una plataforma de lucha común en contra del autoritarismo.

Mientras los socialistas del Siglo XXI habían predicado, durante tres años consecutivos, que eran irreconciliables las diferencias entre los indígenas y la élite dirigente guayaquileña, los dos migueles pudieron dialogar fluidamente, en medio de coincidencias antes que divergencias.

¿Qué les llevó a reunirse?. ¿Su madurez democrática?. ¿La necesidad de defender a sus representados de un sistema autoritario?.

Como era de esperarse, el Presidente de la República puso el grito en el cielo. No se imaginó que hubieran podido estar juntos aquellos a quienes descalificó como “pelucones” y ciertos dirigentes indígenas de la Conaie.

Lamentablemente, el líder máximo de la Conaie, Santi, a fin de no ser estigmatizado por el Presidente de la República, dio un paso atrás, desautorizó a Guatemal y proclamó que los indígenas nunca se aliarían con la derecha oligárquica de Guayaquil.

Después apareció en el firmamento la voz sectaria del ex_Presidente de la Asamblea Constituyente, Acosta, para recordarles a los indígenas que la revolución tiene enemigos permanentes y adversarios temporales y que, entre aquellos, esto es, entre los enemigos permanentes, están los miembros de la Junta Cívica de Guayaquil.

Josefina barba, humilde índigena de bilován, ayudó, en los tiempos de la independencia, a la division protectora de guayaquil

Ni Correa, ni Santi ni Acosta tuvieron problema en coincidir, al menos en el discurso, a la hora de atacar a la Junta Cívica de Guayaquil. Cada uno, por cuerda separada, se fue en contra de esta emblemática institución del Puerto Principal.

Con esa actitud los tres demostraron que, a pesar de sus diferencias y distanciamientos, tienen una matriz de pensamiento semejante. Para ellos, la dirigencia guayaquileña no debe ser legitimada sino combatida.

Dieron la impresión que habían sido aconsejados por Evo Morales, quien levantó una muralla entre Santa Cruz y el Altiplano.

El valioso esfuerzo de Miguel Palacios sirvió para advertir que los socialistas del siglo XXI, incluidos los resentidos y los disidentes, han establecido una especie de cerco alrededor de Guayaquil con la finalidad de aislar a su dirigencia política y cívica. Por ello, a los maltratados dirigentes indígenas les reconocieron todos sus derechos de protesta, menos uno: aliarse con los pelucones guayaquileños.

Si los dirigentes indígenas no se sacuden de tantos infundados prejuicios políticos, difícilmente tendrán éxito en sus futuras jornadas de protesta. Les ocurrirá lo de siempre. El Gobierno les dividirá. Expresarán, por unos días, su malestar en ciertas zonas de algunas provincias serranas y amazónicas. No en todas. Al final, serán invitados a un diálogo en Carondelet, les organizarán mesas de trabajo para que deliberen “democráticamente” y les ofrecerán el control del agua y de las tierras. Pasado el tiempo, nada les darán y les obligarán a volver al círculo vicioso de la protesta y el diálogo.

Otra sería la suerte del movimiento indígena si lograra articular un acuerdo mínimo con las fuerzas cívicas de Guayaquil.

La Junta Cívica de esta ciudad es una entidad respetable. Su Presidente, Miguel Palacios, ciudadano de altos ideales patrióticos, no debería desmayar en su esfuerzo de tender puentes de diálogo con la dirigencia indígena. Hace casi dos siglos, antes de la Batalla del Pichincha, los “patricios” guayaquileños tuvieron grandes aliados entre los indígenas serranos para asegurar el paso, por el “Camino Real”, de la “División Protectora de Quito”, que partió desde el Puerto Principal. Fue una humilde indígena de Bilován, Josefina Barba, quien le advirtió al Coronel Febres Cordero que el Comandante español Fominaya le había preparado una emboscada. Gracias al informe de la indígena, la División Protectora evadió la amenaza del ejército español y avanzó en su propósito liberador.

Santi desautorizó a miguel guatemal por haberse reunido con la cúpula de la junta cívica

(artículo publicado en El Heraldo, periódico con 10.000 ejemplares diarios y 50.000 lectores)


Sobre esta noticia

Autor:
Luis Fernando Torres (78 noticias)
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Opinión
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