Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Joanna Lagunowicz escriba una noticia?

El ideal del gobierno de las leyes

4
- +
10/02/2019 15:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El viejo eslogan republicano “la ley es la ley”

En una república la autoridad de las personas se debe en última instancia a que ocupan cierta posición en una institución. Ni las cualidades de las personas ni sus conocimientos son los que cuentan en este caso, sino solamente su afiliación institucional. Quienes ocupan los cargos institucionales en una república son virtuosos además, si bien sus decisiones no serán obligatorias porque son correctas, es muy probable que sus decisiones, además de obligatorias, sean correctas de todos modos.

Durante el siglo XIX la legalidad llegó a ser considerada la última expresión de la racionalidad y, por lo tanto, superior incluso a la legitimidad.

Algunos filósofos del derecho creen que la idea misma de ley tiene incorporada cierta moralidad. Hegel cree que existe una conexión necesaria entre la legalidad y la libertad. Fuller desarrolló esta idea al defender la existencia de una moralidad interna del derecho. Sostiene que la forma de todo derecho que se precie de ser tal está constituida por ocho principios: generalidad, promulgación, claridad, falta de contradicción y de imposibilidad, constancia a través del tiempo, irretroactividad, y el requerimiento de congruencia entre la acción oficial y la regla declarada.

El típico caso para poner a prueba en nuestra época la tesis de la moralidad interna del derecho es el del nazismo.

Rosler En lo que respecta a la noción de autoridad que ha de aplicarse a la ley, distingue entre dos grandes concepciones de la autoridad política:

· la “minimalista”, según la cual ella “se limita a motivar a los súbditos a hacer lo que tendrían razón para hacer con independencia de la decisión autoritativa”. Este sería el caso de la acción de la autoridad para la promoción de los Derechos Naturales o Humanos, que no deben en nada su origen y validez a la decisión autoritativa y que deben ser respetados aun cuando la autoridad política callara a su respecto.

Ni las cualidades de las personas ni sus conocimientos son los que cuentan

· la “maximalista”, para la cual la decisión autoritativa es la razón principal para obedecer a las directivas gubernamentales. Aquí́ Rosler sigue la muy conocida explicación de la autoridad proporcionada por Raz, para quien el hecho de que una autoridad exija la realización de una acción es una razón para actuar que no se añade a las otras razones relevantes, sino que las excluye; dicho de otro modo, existe autoridad cuando la razón central para la realización de una acción radica en el hecho de que la instancia autoritativa haya emitido la directiva, la que excluye decisivamente el resto de las razones para actuar que puedan existir. Y es casualmente en esta exclusión en que consiste la autoridad.

Rosler explica que el republicanismo está mucho más cerca de la concepción maximalista de la autoridad que de la minimalista; en efecto, sostiene este autor que “en lugar de presuponer un acuerdo entre la autoridad y sus súbditos [la concepción maximalista] cree que bien puede existir un desacuerdo genuino entre ambos, y es en razón precisamente de dicho desacuerdo que tiene sentido la idea misma de autoridad. En otras palabras, en lugar de motivarnos o recordarnos hacer lo que deberíamos moralmente hacer de todos modos, la autoridad maximalista nos da nuevas razones para actuar que nos permiten resolver el desacuerdo”. De este modo, una autoridad republicana no solo deberá́ hacer cumplir algunas prohibiciones minimalistas, sino que habrá́ de adoptar una concepción maximalista para poder resolver los desacuerdos políticos genuinos que las circunstancias plantean a la república.

El viejo eslogan republicano “la ley es la ley” indica claramente que la ley debe ser obedecida a pesar de que nuestras creencias no coincidan necesariamente con sus disposiciones. En realidad, en toda república que se precie de ser tal el debate y la ley son dos caras de la misma moneda.


Sobre esta noticia

Autor:
Joanna Lagunowicz (27 noticias)
Visitas:
42
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.