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Generalato o Maduro, ¿Quién nos gobierna?

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02/11/2018 22:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Todo el mundo habla del ascenso de los líderes populistas y de extrema derecha,

Aventis

 

La derecha, aprovecha los recursos de la intelectualidad izquierdista, para abrigar esperanzas de seguir tomando el poder en América Latina y viene leyendo, a lo más selecto de esa comunidad angloparlante, como fueron los escritores, George Bernard Shaw, Keynes, George Orwell, Gore Vidal, Graham Greene, Bertrand Russell.

Todo el mundo habla del ascenso de los líderes populistas y de extrema derecha, recién, acabo de leer un artículo titulado, “Por qué el populismo nacionalista llegó para quedarse”. Los políticos y campañas de la extrema derecha han logrado entusiasmar a electores que nunca antes habían votado. Tan sólo en el referéndum del Brexit, alrededor de 2 millones de ciudadanos que no votaron en la elección del año anterior para seleccionar un nuevo gobierno (consideraban la elección una farsa), decidieron acudir masivamente a las urnas para exigir la salida de la Unión Europea.

El extremismo llegó para quedarse y el liberalismo no ha hecho una autocrítica lo bastante contundente para dar respuesta a las inquietudes y ansiedades del electorado contemporáneo. Los ciudadanos preocupados por la desigualdad, la inseguridad, la inestabilidad laboral y la migración, no encuentran eco a sus demandas en los partidos políticos tradicionales. Las elites convencionales, por su insensibilidad e indiferencia al sufrimiento ajeno, pasaron al basurero de la historia, como decía Marx.

Esto, ha dado lugar que las tendencias electorales se modificarán en el plazo inmediato y, ya vemos los resultados.

¿Qué implicaciones tiene esto para Venezuela? La primera es que la cancillería venezolana deberá diseñar una estrategia para tratar con gobernantes europeos de extrema derecha. Súmese Donald Trump. La segunda es que la ciudad de Caracas no es ajena a las tendencias internacionales y el radicalismo puede contagiarse a nuestro país muy pronto. El artículo de la revista cierra así “el populismo nacionalista se estableció como un rasgo permanente del paisaje. Ya empezó una conversación con los votantes. La pregunta es si la izquierda podrá ofrecer una convincente contrarréplica”

 

La política exterior debe ser cada vez más proactiva, como aquella que se aplicó tomando partido por Etiopía contra la invasión italiana; el apoyo a la República española, incluso con armas; la tolerancia a los opositores a la dictadura cubana de Batista, permitiendo a Fidel Castro y sus compañeros tener campos de entrenamiento y organizar la expedición rumbo a la Isla; el apoyo a la familia Allende y todos los perseguidos de la dictadura de Pinochet; el reconocimiento al FMLN de El Salvador como fuerza beligerante; toda esa política “injerencista” le dio un gran prestigio a la política exterior mexicana, por ejemplo. Precisamente la política contraria a una entelequia denominada “no intervención”. 

No tiene sentido afirmar que la “mejor política exterior, es la interior”, como lo suele decir el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, el avestrucismo es la peor manera de hacer frente a un fenómeno como el de la migración.

La película La muerte de Stalin, del director Armando Ianucci. Ianucci es reconocido como un gran humorista de la política. Hemos visto sus dones para ridiculizar el poder en series como The Thick of It, sobre el iracundo vocero de un ficticio gobierno británico y en Veep, sobre una vicepresidenta inepta e ignorante que anhela llegar a la Presidencia de Estados Unidos. Ianucci no deja títere con cabeza, para él todos los altos funcionarios y gobernantes son patéticos y absurdos en su solemnidad, pretensiones de grandeza y supuesta superioridad intelectual o política. Si usted ve cualquiera de sus series de televisión, tendrá la fortuna de nunca volver a respetar a ningún poderoso.  

En su más reciente película, Ianucci retrata las horas finales del violentísimo dictador soviético. Ahí, vemos al monstruo encaprichado con la grabación de un concierto que escuchó por radio y su arbitraria selección de nombres para listas de “traidores” a quienes ordena ejecutar sumariamente. Contemplamos en toda su sanguinaria brutalidad a un autócrata que después de ordenar múltiples asesinatos, se entretiene con películas de John Wayne. “¿Qué fue de Trotski?” pregunta divertido. No obstante, lo más sobrecogedor del filme es el retrato de la adulación, lambisconería, la servidumbre autoimpuesta, el afán de agradar y la renuncia a toda dignidad de los colaboradores más cercanos a Stalin. Jruschov incluso escribe tarjetas para recordar qué tipo de chistes hacen reír a su jefe y cuáles no.

En esta exhibición fílmica del culto a la personalidad, nadie se atreve a contrariar a Stalin, nadie osa mencionar la crueldad de descalificar y matar sin juicio a todos sus opositores políticos. Todos los personajes han firmado una orden de asesinato o han denunciado y traicionado a cónyuges, amantes, familiares, amigos y compañeros en aras de la sobrevivencia personal. La totalidad de la sociedad rusa se doblega y aún después de muerto, acuden masivamente a rendir homenaje al dictador por el terror que les produce el entorno sobreviviente del estalinismo.

La película no tiene ningún toque dramático. A pesar de las barbaridades presentadas, está pintada con los colores de la comicidad y el absurdo. Atestiguamos la encarnizada lucha por conseguir influencia, poder y cercanía personal con el dictador entre Jruschov, Mólotov, Zhúkov y Malenkov, quienes despachan en fastuosos y gigantescos palacios ajenos a la austeridad comunista. Conocemos los encarcelamientos políticos de la disidencia, la absoluta indiferencia ante la vida humana de un sistema político presuntamente al servicio del pueblo.

Como todas las películas de tema histórico, ésta dirige un mensaje a las audiencias de nuestro tiempo. No en balde fue prohibida en la Rusia de Vladimir Putin. No deje de verla. Se va a reír y a preocupar. 

No tiene sentido afirmar que la “mejor política exterior, es la interior”,

 

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Hay inquietud por las declaraciones del presidente electo, AMLO, relativas al uso de la expresión “ejército de paz”. Si bien es cierto que la ONU organiza los famosos cascos azules para operaciones de mantenimiento de paz, la redefinición de funciones de las fuerzas armadas en México exige algo más que un cambio discursivo. La Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos establece en su artículo primero: “El Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, son instituciones armadas permanentes que tienen las misiones generales siguientes: I. Defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; II. Garantizar la seguridad interior III. Auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas; IV. Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país; y V. En caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes

y la reconstrucción de las zonas afectadas”. Como ocurre desde hace años, la asignatura pendiente de un nuevo marco legal para las operaciones del Ejército Mexicano vuelve a la escena pública. No obstante, el presidente electo prometió no presentar iniciativas de ley para grandes reformas en la primera legislatura de su sexenio.

Si el nuevo gobierno desea que el Ejército se dedique a operaciones de paz, ¿no exige esto una discusión legislativa con el fin de adecuar la reglamentación vigente? Hay elementos que inquietan más. Se dice con frecuencia que el Ejército mexicano no participa en guerras (afortunadamente), pero tiende a pasarse por alto el heroico papel que desempeña en la defensa de la integridad, independencia y soberanía de la nación. Sabemos, por ejemplo, que los terroristas que amenazan a Estados Unidos podrían intentar el ingreso a su territorio vía la frontera mexicana. ¿Podría evitar esto un “ejército de paz”? No parece una tarea propia de los cuerpos policíacos estatales y municipales. Es dudoso que tengan los recursos para asumir esa responsabilidad y si la asumieran, ¿Cómo se pagaría? ¿Cómo reaccionaría el gobierno de Trump si esto ocurriera?

La dimensión internacional de las declaraciones del presidente electo es decisiva. ¿Cómo leerán su mensaje las fuerzas armadas estadounidenses, las cuales han alcanzado un nivel de cooperación históricamente alto con el Ejército y la Marina en México? ¿Qué opinarían del cambio de funciones en la medida que amenace la seguridad en su frontera? Se corre el peligro de activar tentaciones intervencionistas. Basta recordar la llamada entre Trump y Peña cuando el primero sugirió la posibilidad de enviar tropas estadounidenses para detener a los “hombres malos” en México.

 

Y, que pasara entre Venezuela y México.

 

Una cosa es señalar que al Ejército no le corresponde la tarea de combate al narcotráfico. Tarea que las fuerzas armadas asumieron por incapacidad institucional de los cuerpos policíacos. Otra muy distinta sugerir que las Fuerzas Armadas de México se dedicarán exclusivamente a tareas de paz. Cuidado.

El ejército en los gobiernos de izquierda se dedica a vender mercaderías y se convierten en corruptos y su generalato se engordan en dinero. Se acuerdan de aquel general, mandado a fusilar por el comandante Fidel, había que hacerlo, por su desafío a la ética y moral de nuestro ejército combatiente.

Lo cierto es que el fenómeno migratorio actual está exacerbando el nacionalismo y la llegada al poder de la ultraderecha en diversos puntos del mundo y se está generando otro tipo de crisis social paralela y cíclica: el auge de la xenofobia y el nacionalismo populista que lleva a que perfiles como los de Trump o Bolsonaro (quizá) asuman el poder.

Ángela Merkel afirmó, y con los datos en la mano, que el estado multicultural europeo había fracasado. Cierto, pero no por Europa, sino por el terrorismo de cierta cultura árabe. Claro que cabe la pregunta de si se puede seguir recibiendo una migración que genera asesinos capaces de derramar sangre de gente común y corriente en Atocha, en London Bridge o en las calles de Berlín. Y aunque sea políticamente incorrecto esta es la tercera irresponsabilidad. Y esta corresponde a los migrantes.

Las consecuencias también nos invaden. Los países más ricos tienen la oportunidad moral de recibir a los migrantes de otros países, especialmente de los más pobres. No es una obligación política, sino una oportunidad moral. Esta es la segunda responsabilidad que en pleno siglo XXI, no está resuelta. Hay países que abren la puerta, países que la entreabren, países que la cierran y países que se quedan en puertas giratorias.

¿Por qué el mundo puede seguir observando la catástrofe de Venezuela, la destrucción de Siria, la barbarie del Estado supuestamente islámico, la falta de libertad de Cuba, las caravanas de migrantes, los campos de refugiados? ¿Éste es el mundo moderno?

Simplemente, lo políticos de hoy, son oportunistas de oficio.


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Emiro Vera Suárez (738 noticias)
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