Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Román Lobera escriba una noticia?

Las flechas toman café de nueces

3
- +
23/01/2020 05:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

“Mientras unos agitan el árbol, otros recogen las nueces”. Bueno, el caso es saber quiénes y cuántos son los que recogen realmente las nueces. Quid prod est

“Mientras unos agitan el árbol, otros recogen las nueces”. Bueno, el caso es saber quiénes y cuántos son los que recogen realmente las nueces. Quid prod est.

 

España es un país de tópicos; si ahora hiciésemos una encuesta y preguntásemos a la gente si ser republicano es ser de izquierdas o de derechas, una abrumadora mayoría nos demostraría que muchos conciudadanos nuestros no saben distinguir una filosofía política de una concepción del estado (añado que para nuestra desgracia)

Bueno, en justicia hay que decir que detrás de los tópicos suele esconderse algo de cierto, y “la derecha” como tópico, tiene su base.

La derecha tópica, está formada por caciques locales, por poderes fácticos, es la de hace un par de siglos, y posteriormente, pero en menor medida, la del franquismo. En su modelo, España quedaría como un archipiélago de Caciques con su guardia civil, juez, cura, boticario y maestro a su disposición, y una España protoImperial como concepto, como marca publicitaria, como aglutinante de sus vasallos, como cordón que ata un manojo de flechas, (de caciques), pero nunca como una realidad social de igualdad y justicia. Eso es, en su logo, el fascismo. Ahora no nos creemos lo de la España Imperial, pero entonces sonaba muy bien (y funcionaba mejor). A esta derecha no le interesa, en contra de lo que se cree, el centralismo*. Es una derecha en su concepción, por tanto, profundamente autoritaria. Así nos la describe el tópico.

Ahora bien, si sobrevolamos el tópico y nos centramos en la definición, constatamos que, esta derecha, en algunas de las comunidades más prósperas, ha adoptado la piel del nacionalismo. No hay que saber mucha historia para reconocer lo contentos que se pusieron muchos caciques catalanes y vascos cuando Franco le limpió las fábricas de sindicalistas. No hay que leer mucho para ser conscientes de que las generatrices de PNV y CiU son los mismos franquistas que desfilaron ante la tumba del dictador, y desde luego, en la calle nadie vivió su transmutación como algo anormal.

Sin embargo, esta derecha no utiliza, o no con tanto éxito, la herramienta del nacionalismo en todas las comunidades prósperas, bien porque la prosperidad les llegó más tarde, y no pudieron coger el tren del romanticismo (que es el padre del argumentario nacionalista, y que pasó hace ya un siglo), bien porque, como en el caso de Madrid, no tendría solidez dialéctica.

Sin embargo, su manera de actuar es plenamente equivalente; la normalización lingüística en Baleares, Valencia y Galicia así lo evidencia, la cláusula Camps no es, en absoluto, una anécdota aislada baladí.

De hecho, estoy convencido que existe un sector del PP madrileño que anhela el poder para, desde una política de insolidaridad similar a la que se hace en las Vascongadas o Cataluña, poder darle un bocado a la pingüe tarta de impuestos que actualmente salen de esa comunidad autónoma en forma de solidaridad interterritorial. Además, adecuar el discurso justificativo sería relativamente sencillo, somos la comunidad que más aporta, no recibimos nada a cambio... etc. El melón de Madrid, sin duda, es apetecible: Aeropuertos, Bolsa, policía autonómica, comisiones... las posibilidades son infinitas. Y melones similares aparecen en Valencia, Galicia, etc…

Para algunos ciudadanos de derechas que viven en dichas comunidades prósperas, este modelo, si se es consciente de que en realidad es injusto y a años luz de lo que el progresismo, por ejemplo, representa, es muy tentador, ya que aparentemente propone elevar su propia calidad de vida (recordemos que estamos hablando de un tipo de derecha). Y cuando no se es consciente, (o no se es de este tipo de derecha) la simpleza que un discurso de “somos más ricos porque somos más trabajadores, no tenemos porqué financiar la pereza de las regiones pobres y nos merecemos lo mejor” otorga es, desde unos medios de comunicación copados, tan sencilla y útil como falso el argumento, y una fantástica venda para no tener que verse la cara en el espejo (pero, ¿y qué es la verdad?).

Desgraciadamente, para ambos tipos de ciudadanos, y en general para todos, los hechos nos demuestran que la avaricia de los caciques no se para en las fronteras, y se hace extensiva al modelo social que rigen, y es, históricamente, tautológico que el caciquismo precisa de vasallos, no de ciudadanos. Sin extenderme más, pincelar que la debacle del sistema educativo es condición sine qua non. Ejemplo tonto: Si das una asignatura complicada como las matemáticas en la lengua madre del alumno, quizá las aprenda, y sepa de mayor calcular una hipoteca; el conocimiento, la información es un activo que, lógicamente, ningún cacique cederá, un riesgo que no correrá (me tienta mencionar a Portugal, pero de momento me voy a contener).

Por otro lado, pareciese que en las comunidades menos prósperas este tipo de derecha no tuviese su lugar, pero nada más alejado de la realidad. Esta concepción de la derecha anhela el poder absoluto en su zona, y aunque un marco de taifas fuese francamente lesivo para sus ciudadanos (o vasallos), a ella no le afecta singularmente, o en todo caso es un canon asumible con tal de conseguir el control total (enumero de nuevo, para refrescar la memoria: la justicia, el fisco, la policía, los medios de comunicación, sanidad, educación…)

Del PNV decían que recoge las nueces que caen cuando ETA agita el árbol. Si nos paramos a reflexionar sobre lo que han sido los partidos políticos en España estos últimos años, y conjugamos la metáfora anterior con la de "café para todos" surge una realidad tenebrosa. Los beneficiados del terrorismo no han sido únicamente los nacionalismos vasco y catalán, sino, por ende, todos los caciquismos locales, (por mano de sus barones, ya sean del PP, PSOE, de partidos regionalistas, de IU y sus franquicias, etc...) que ven en la desestructuración de España un enorme bazar, en la traslación a sus regiones de esas mismas cuotas de poder un jugoso botín.

Lamentablemente, la cosa no acaba aquí. Este modelo de barones territoriales, como lobbies de califas de taifas locales no es exclusivo de unas pocas comunidades, y en otras regiones adquiere, igualmente, un pelaje, un camuflage mucho más siniestro que el de la simple piel de cordero de lana nacionalista. Y ese es el de la piel de cordero de lana izquierdista. Siguiendo la metáfora, ambas pieles son proporcionadas y sujetas al lobo por el mismo agente: Los medios de comunicación.

La izquierda** quizá sea el tópico más manoseado en España estos últimos años. Juega con la ventaja de contar, en teoría, con el marchamo de ser lo opuesto a una execrable dictadura fascista de derechas.

Pero, de nuevo sobrevolando el tópico ¿Qué es ser de izquierdas? Simplificar que es lo opuesto al autoritarismo obvia que la izquierda también puede ser (y de hecho lo es en algunos países) autoritaria. Decir que es aquella filosofía que propugna un amplio estado de bienestar se olvida de que, por ejemplo, la seguridad social fue creada y desarrollada por gobiernos no precisamente de izquierdas. Hoy en día parece que, desde la caída del comunismo, la izquierda estuviera tan carente de ideas que se definiera no ya como izquierda, sino como "no derecha"; si la derecha formal se oponía al nacionalismo, es que ser nacionalista es entonces, ser "no derecha", o sea ser, por tanto, de izquierdas. Pero darse cuenta de que éste silogismo booleano es, sencillamente, falso, sin duda haría que a más de uno se le caiga la venda de los ojos, a poco que dicha idea consiguiese abrirse un hueco en el panorama mediático.

Sin una base real ya, tras la mencionada caída del comunismo, la “izquierda moderada”** actual española vive en la estética. Escandalizar a los curas, por ejemplo, con audaces políticas de aborto, divorcio, homosexualidad, genética, discriminación sexual, les otorga una credibilidad que, bien jugada en el campo de unos medios de comunicación totalmente controlados, es sencillamente impagable. El ruido que generan amortigua el hecho de que a dichas políticas les acompaña, subyacente, las peores políticas en empleo y economía, que curiosamente más favorecen los intereses de monopolios creados o por crear y a nuestros caciques regionales. Ese divorcio entre medidas sociales radicalmente de izquierdas relativas sólo al ámbito de las personas (y cada vez más radicales, pues no tienen otra mina intelectual que explotar) que sólo se quedan ahí, y que no van acompañadas con medidas que vengan a romper el caciquismo rampante (políticas como la liberalización del suelo, la ruptura de monopolios en las telecomunicaciones, la energía, la distribución de los alimentos, y en general casi todos los servicios relativos a bienes de primera necesidad) es altamente revelador.

En el fondo, a los caciques les da una higa que sus vasallos hagan el amor entre gente de su mismo sexo; hace mucho que los medios de comunicación han suplantado a la iglesia como acólitos de lo políticamente correcto, ya no necesitan que el cura se siente en su mesa-camilla, les basta con que lo haga el periodista. Los tiempos cambian, qué se le va a hacer.

El lobo ha dejado al discurso de izquierdas como instrumental coartada de su poder: sale de la boca de una jerarquía que no cree en los postulados ideológicos de la izquierda real, y no le da más cancha que la imprescindible para ser votados.

Los partidos de izquierda, si tuvieran oportunidad de examinar su discurso teórico y compararlo con su acción de gobierno, de estudiar el concepto de nación moderna y desvincularlo del tópico (esto es, entendiendo nación como lo que es, un territorio donde todos los ciudadanos a él adscritos son iguales en derechos y obligaciones) caerían, inexorablemente, en la crisis y la contradicción (como le está pasando ahora al PP).

Para considerar como ejemplo está el caso de Izquierda Unida. El discurso crítico con el nacionalismo, por su antagonismo con los privilegios y la insolidaridad, por la limpieza de su progresismo y su legítima defensa de las libertades individuales, bien expuesto a cualquier militante de IU, muy posiblemente les hiciese nacer un sentimiento de incomodidad ideológica, pues este discurso es de una izquierda tan de sentido común, tan sencilla, tan evidente, como leer de verdad la letra de la "internacional", o mencionar "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Dudo, pero, que llegue a producirse dicha reflexión; la fusión (y confusión) entre Izquierda Unida y el nacionalismo (Ezker Batua, Iniciativa per Catalunya) y en general entre éste y la “izquierda más a la izquierda”*** (valga la redundancia) (BNG, Chunta, EE, etc…) es tal que no se podría despegar la venda sin causar la ruptura, y abrir herida.

De nuevo, se parte de un engaño previo; el militante de estas formaciones ha sido llevado a la consideración de que, ya que no puedo hacer triunfar un esquema de izquierdas a nivel español, por lo menos hagámoslo triunfar en nuestra región, donde parece más sencillo. Es la ficción de la URSI (Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas). Un esquema, como es el socialismo radical en general, tan producto de una ensoñación como irreal, y que en definitiva pone a trabajar a aquellos que deberían oponerse con mayor ahínco al caciquismo a su servicio.

Pero el PSOE no se escapa de esta incongruencia. En realidad el partido es una "Joint Venture", un sudoku, una UTE de lobbies, el PSG, el PSC, el PSE, los PSAs, y... el PSORE (Partido Socialista del Resto de España)

En definitiva, por mi parte, considero que el discurso de la izquierda es rehén de los poderes fácticos, de hecho lo es desde hace muchísimo tiempo, quizá si aquella diputada del PSOE embarazada hubiera accionado la luz de una oscura habitación de El Congreso la tarde del 23-F (y hubiese sobrevivido a ello), donde se decidía que un gobierno provisonal presidido por Felipe González capitanearía el alzamiento hoy la historia sería otra (o quizá no).

Y es de una desoladora ironía que ETA sea ya un instrumento más del poder, y se hace plenamente comprensible porqué no ha desaparecido, pues hay muchos esperando a ver si un nuevo hachazo tira el árbol de una vez pues podrían coger todas las nueces de golpe.

Y ahora ya es, desgraciadamente, para aquel que no quiera cerrar los ojos, evidente que en España llevamos optando entre derecha caciquil con estética democrática y derecha caciquil con estética de izquierdas desde el nacimiento de nuestra democracia.

Y cada vez el poder en nuestro país tiene menos frenos, decretos como el fallido trasvase muestran políticas cada vez más fácticas, pues se hace la tubería y ya la llenaremos de agua cuando se desmonte un poco más la resistencia cívica (equivocada o no). La justicia es un juguete y la constitución, papel mojado por los hechos consumados.

Definitivamente en España, el debate político, si se hace seriamente, ya no se centra entre posturas de izquierda o de derecha, es entre nacionalismo sí o no. Y es objetivo decir que la actual ley electoral fue parida para que, en definitiva, el sujeto agente no fuese el ciudadano sino el cacique, y esto nunca fue por casualidad. No fue una casualidad que llegasen a ponerse de acuerdo un sector de la derecha muriente y el nacionalismo. Quizá Franco sí dejó el tema, después de todo,  “atado y bien atado”.

Se hace ya incuestionable que los poderes fácticos, territoriales o empresariales, han decidido ser cabezas de ratón en vez de colas de León. Ratones, o ratas, mejor dicho, que ven ya próxima, que tocan con los dedos, el poder de manejar las haciendas, de poner sus jueces, de formar las conciencias, de crear monopolios, de establecer dinastías. El poder de volver a ser los caciques que fueron hace dos siglos, las flechas de hace medio. Saborean ya el dulce sabor del café de nueces.

 

 

 

 

* nótese que el centralismo también es un concepto fuertemente topicicado: El mensaje nacionalista, machaconamente, ha intentado fusionar una estrategia política de gobierno, como es el tener todos los servicios centralizados en una única estructura para toda la nación, con otra estrategia, la de la normalización cultural, diseñada para conseguir una mayor eficacia de la administración y cohesión de la nación, aún a costa de perseguir la diversidad. Posiblemente, ambas estrategias hundan sus raíces en el pensamiento ilustrado francés y hay que ser consciente de que ahora disponemos de herramientas que hacen perfectamente viables y compatibles una estructura centralista con unas terminales administrativas y de atención al ciudadano en su cultura, folclore y lengua.

Obviamente, relacionar la represión franquista de la diversidad cultural con un esquema de gobierno (el centralista) que claramente hurtaría a los nacionalistas sus cuotas de poder, es una estrategia, no por más burda, menos eficaz a sus intereses.

** y *** en ambos casos me estoy refiriendo a una concepción que se hace denominar de izquierda pero no lo es en realidad, ya que según mi criterio, existe una concepción de la izquierda basada en los derechos civiles y la solidaridad entre las personas perfectamente legítima y posible, y que desgraciadamente no tiene, hoy por hoy, salvo en el excepcional caso de C’s, partido político representativo real.


Sobre esta noticia

Autor:
Román Lobera (12 noticias)
Visitas:
42
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.