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La ética de la libertad: la única vacuna para que el virus no contagie la democracia

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25/03/2020 12:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Carlo Mercurelli (Enviado por Federalismo y Libertad)

Hace varias semanas, en todo el mundo, se lucha contra un virus, del cual estamos conociendo, lentamente, las características. Se trata de un enemigo peligroso, porque no lo veemos, de un adversario capaz de transformarse, cuando pasa de un individuo a otro. En sustancia está en acto un enfrentamiento profundamente desigual, pues nos encontramos frente a un fenómeno que se exterioriza de una forma teriblemente engañosa. El Coronavirus, de hecho, puede no manifestarse en los que vienen contagiados, generando casos de individuos asintomáticos, que dificultan más esta lucha.La serie de medidas que los gobiernos han adoptado para afrontar la difusión del virus inevitablemente han reducido la libertad de las personas y han limitado sus movimientos. Sin embargo las restricciones introducidas para ser realmente eficaces, necesitan, sin duda, de una vasta red de controles en el territorio, pero principalmente, del sentido de responsabilidad de las personas. Los decretos emitidos, en efecto, antes de una orden imperativa, representan un llamamiento lanzado a la conciencia de la sociedad. Las infracciones de las normas si, por un lado, han armado indignación, por otro lado, han fortalecido el punto de vista de los que sostienen la inadecuación del Estado de derecho para solucionar determinadas emergencias. Frente a estas consideraciones, en primera instancia, creo que sea oportuno subrayar que si bien sea innegable que el cumplimiento de protocolos rígidos sea más fácil de implementar en los regímenes autoritarios, es igualmente cierto que los países liberal-democráticos ofrecen mejores condiciones de vida y mayores life chances. Es precisamente a partir de este dato que debemos razonar. Tenemos que rehuir cualquier deseo paternalista, invocando una entidad que mande, decida por nosotros y que sepa resolver rápidamente la situación. La defensa de los valores de la democracia, que nadie quiere renunciar, pasa por lo que Max Weber, en La política como vocación, llamó ética de la responsabilidad. En suma, debemos ser capaces de comprender el auténtico valor de la libertad y «tener en cuenta las consecuencias (previsibles) de nuestras acciones»[5].***El debate sobre el influjo del virus en los regímenes políticos ha alimentado muchas reflexiones. Se sigue discutiendo sobre las estrategias a adoptar y sobre qué modelo de gobierno sea más apropiado contra las epidemias.Respecto a los que piden un viraje autoritario de los regímenes democráticos, argumentando que una mayor centralización del poder favorecería, como en China, una mayor capacidad de toma de decisiones, vale la pena recordar cuanto sea peligrosa la falta de transparencia de los regímenes autoritarios. Amartya Sen, por ejemplo, en el escrito publicado en Italia el 2004 con el título La Democrazia degli altri reflexionando sobre los casos de epidemias y carestías, pone en evidencia los enormes riesgos producidos, en las dictaduras, por la serie de filtros y controles que el sistema de comunicación erige, antes que una noticia se divulgue[6]. No es casualidad que la propagación del Coronavirus en China, haya sido generada también por la censura de los reclamos del pobre oftalmólogo Li Wenliang, recientemente fallecido[7].No hay duda que esta emergencia esté poniendo a dura prueba al sistema de pesos y contrapesos de matriz liberal y al conjunto de reglas y procedimientos típicos de la democracia. Se necesitan decisiones rápidas y drásticas y frecuentemente la tentación de tomar atajos peligrosos llega a ser muy fuerte. Sin embargo, debemos ser capaces de rechazar ésa seducción engañosa y perniciosa. Esta es la hora de la responsabilidad y cada uno de nosotros debe hacer su parte. En este sentido muy significativas fueron las declaraciones hechas, esta mañana, por el ex primer ministro italiano Enrico Letta, quien, en un breve y muy eficaz tweet, dijo: «hay que ganar la emergencia con el consenso y las normas del estado de derecho. Es un desafío terrible e histórico que involucra reglas, autoridades y sobre todo la responsabilidad de los ciudadanos, que son el cimiento de todo»[8]***La propagación en gran escala del Covid-19, el consiguiente cierre de las fronteras y la congelación de Schengen[9], han, adémás, alimentado el debate sobre los escenarios futuros y los posibles fenómenos de desglobalización. En este sentido, a diferencia delos que sostienen el inevitable fortalecimiento de los nacionalismos, al contrario creo que justo la epidemia actual pueda fortalecer la idea de un estado federal mundial y de organizaciones globales capaces de proteger la salud de los hombres en todo el planeta. A este respecto particularmente relevantes son las reflexiones del profesor Damiano Palano quien, desde las columnas de «Il Foglio», dice: «dado que los desafíos de la "seguridad humana" no dejarán de ser globales, probablemente serán los estados los que harán que el planeta sea aún más globalizado»[10]. Es extremadamente complicado, en un escenario tan difícil, tratar de presentar conclusiones que puedan ofrecer un horizonte de referencia. Mientras estoy escribiendo aprendo que hoy hubo 627 fallecidos en Italia[11]. Resulta muy problemático plantear consideraciones que, en cierta medida, no se vean afectadas por la profunda angustia que se vive actualmente en mi País, así como en otras partes del mundo. Sin embargo, una reflexión de Benedetto Croce viene en mi ayuda. El intelectual napolitano, en uno de los períodos más dramáticos en la historia del siglo XX, escribió una nota muy significativa en la revista «La Critica». Era el 20 de marzo de 1933 y hace unos días las elecciones federales alemanas habían visto el triunfo del partido nacionalsocialista, sentando de esta forma las bases para el fin de la República de Weimar y el consiguiente ascenso del Tercer Reich. En una Europa caracterizada por la aparición de los totalitarismos y por el peso siempre más efímero de las fuerza demócratas y liberales, Croce se preguntó sobre el significado de la fórmula «¿A dónde va el mundo»?

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Si el filósofo napolitano, desde el punto de vista teórico, consideró la pregunta y el tema vacíos; desde el punto de vista moral, a su juicio, la cuestión tenía una importancia considerable. Según Croce, las previsiones sobre el futuro podían ocultar el riesgo de no querer hacerse cargo de la responsabilidad del presente, de alejarse de la vida pública y adaptarse a las elecciones impuestas o aceptar rendidamente los eventos que ocurrían. Frente a este peligro, el único antídoto, según Croce, estaba representado por el «culto de la libertad [...] principio directivo al cual siempre hay que recurrir»[12]. Hoy, como en aquel tiempo, la respusta a las crisis y emergencia estriba en la ética de la libertad, ya que, como dijo Croce, en las vísperas de una de las mayores tragedias de la historia reciente: «No os preocupéis por saber a dónde va el mundo, sino adónde vais vosotros para no pisotear con cinismo vuestra conciencia, para no avergonzaros de haber traisionado a vuestro pasado»


Sobre esta noticia

Autor:
John Miller (972 noticias)
Fuente:
blogdeleonbarreto.blogspot.com
Visitas:
5
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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