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Estados Unidos, Kissinger y Carrero Blanco, según relato de Pilar Urbano

16/01/2022 05:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pilar Urbano denuncia de manera contundente la implicación de la CIA en el asesinato de Carrero y la intervención de Estados Unidos para diseñar y manejarla

Poco antes de la voladura de Carrero, Kissinger había recibido el Premio Nobel de la Paz por las tramposas negociaciones sobre la guerra de Vietnam.

El relato que resumimos a continuación es el que construye la escrituora Pilar Urbano en su libro. En lo fundamental, confirma las denuncias de las investigaciones antifranquistas que se han acumulado desde entonces: la CIA intervino en el asesinato de Carrero y Estados Unidos apadrinó al rey Juan Carlos para conducir la transición imponiendo sus intereses. Pero la versión de Urbano añade la supuesta responsabilidad personal de Kissinger. Y nos hace plantearnos la pregunta imprescindible: ¿por qué una periodista del Opus, bien relacionada con la familia real y con la política norteamericana, denuncia de manera contundente la implicación de la CIA en el asesinato de Carrero y la intervención de Estados Unidos para diseñar y manejar la transición con la complicidad de la monarquía?

 

   Un informe de los servicios secretos españoles asegura que el explosivo utilizado era C4, “fabricado en Estados Unidos para el uso exclusivo de sus Fuerzas Armadas”.Pero lo exacto es que el explosivo que los terroristas enterraron bajo la carretera en la calle Claudio Coello en espera del Dodge oficial con carrero Blanco dentro que inevitablemente, como todos los días, tenía que pasar .Eran tres minas antitanque equivalentes a 150 kilos de dinamita los que hicieron volar el coche Dodge 3700 GT, cuando pasó por el 104 de la calle Claudio Coello, bajo cuya carretera los terroristas habían colocado el explosivo que hizo volar el Dodge hasta la azotea de la casa Propsa, anexo a los Jesuitas.Iban en el coche, sin blndaje, el almirante, dos policías y el chofer tambien policía.Pero sea cual fuere, el exploivo no hay duda de su poder.

 

  Con el asesinato de Carrero, la Administración Nixon eliminaba la oposición del almirante a la renegociación sobre las bases militares y a la entrada de España en la OTAN. También cancelaba la amenaza de una colaboración del gobierno español con el francés para compartir la fabricación de armamento nuclear. Y además aumentaba la necesidad que el príncipe Juan Carlos tenía del apoyo de Washington. Estados Unidos establecía las condiciones de lo que iba a ser su intervención para conducirla transición después de la muerte de Franco. Todo esto y mucho más es lo que cuenta Pilar Urbano en su libro “El precio del trono”, hace tiempo publicado. Según Urbano, “Kissinger tenía que saberlo porque, como presidente ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, no debía desconocer determinadas operaciones de alto calibre político si en ellas estaba incursa la CIA”. Y añade que el atentado era “la utilización o dirección a distancia de unos elementos subversivos terroristas para ejecutar un magnicidio que fulminaría no sólo a un jefe de gobierno, sino también al sistema autoritario que él encarnaba”. Su conclusión es que “la CIA había intervenido en distintas fases del proyecto: propuso el objetivo Carrero, convenciendo a los terroristas que el secuestro era impoible y dando facilidades para que su plan de secuestro fuese plan de eliminación, facilitó el hallazgo casual de un lugar en la inevitables calle Claudio Coello desde donde cometer el atentado y puso el explosivo necesario”. Poco antes de la voladura de Carrero, Kissinger había recibido el Premio Nobel de la Paz por las  dobles negociaciones sobre la guerra de Vietnam.

  El relato que resumimos es el que construye Pilar Urbano en su libro. En lo fundamental, confirma las denuncias de las investigaciones antifranquistas que se han acumulado desde entonces: la CIA intervino en el asesinato de Carrero y Estados Unidos apadrinó al rey Juan Carlos para conducir la transición imponiendo sus intereses. Pero la versión de Urbano añade la supuesta responsabilidad personal de Kissinger. 

bombazo.jpg  El libro de Pilar Urbano se presenta como una narración sobre lo que le costó a Juan Carlos el acceso al trono pero casi la mitad de sus 834 páginas están dedicadas a los motivos y a los procedimientos para el asesinato de Carrero. Coincide en su aparición con las memorias del general Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre, que fue agente de los servicios secretos de Carrero y enlace con la CIA. El militar escribe lo siguiente: “No es verdad todo lo que se ha dicho de la transición. Como eso de que el rey fue el motor del cambio. Ni Suárez ni él fueron motores de nada, sólo piezas importantes de un plan muy bien diseñado y concebido al otro lado del Atlántico. Todo estuvo diseñado por la Secretaría de Estado y la CIA. A los norteamericanos sólo les hemos interesado por nuestra posición estratégica. Estados Unidos quería tener la seguridad de que, con el final del franquismo, aquí no iba a pasar nada que estuviera fuera de su control. Pero ¿quién puso en marcha el atentado? Quizá alguien pensó en la CIA que Carrero podía ser un obstáculo y era mejor suprimirlo”.

EXPLOSIVO MILITAR NORTEAMERICANO  Alguien el 14 de setiembre de 1972, en un hotel de Madrid, un desconocido  entregó al activiista Joseba Mikel Beñaran Ordeñana, Argala, un mensaje sin remitente.  Era un sobre con una nota mecanografiada:"El almirante Luis Carrero Blanco, vicepresidente del gobierno, acude todos los días laborables a la misa de las nueve de la mañana que se celebra en la iglesia de los jesuitas situada en la calle de Serrano, frente a la embajada de Estados Unidos. Lleva muy poca protección de escolta y recorre siempre el mismo trayecto.

  

  . carrerro_kissinguer.jpg

En la ruta de Carrero, siempre la misma.los terroristas abren abren un túnel desde el sótano de la casa de enfrente para colocar los explosivos debajo del asfalto. El 20 de diciembre de 1973 el coche de Carrero vuela como consecuencia del efecto chimenea: una tremenda explosión vertical sin dispersiones en ataque directo contra el objetivo.

  El juez Luis de la Torre Arredondo, al que le arrebataron el sumario para  pasárselo a la jurisdicción militar, dudó con los expertos que la  explosión fuera provocada con las minas que los terroristas dijeron que habían utilizado. En una entrevista para Interviú, en 1984, el magistrado llegó a decir que “iba teniendo la convicción cada vez más sólida de que la CIA supo que iban a matar a Carrero, que la CIA estaba detrás”. Le arrebatarun, le ocultaron el informe con el resultado de la investigación que el Grupo Operativo de los Servicios  Secretos de Información había realizado tomando muestras en el cráter provocado por la explosión. Urbano explica que, aunque ese informe sigue siendo materia reservada, veteranos agentes de los servicios secretos le han confirmado su existencia y contenido.

En 1973 anunciaron que “Juan Carlos está perfectamente preparado para reinar”

  Lo que se había utilizado era C4, según la escritora- fue un potentísimo explosivo plástico que “sólo se fabricaba en Estados Unidos para el uso exclusivo de sus Fuerzas Armadas”. El relato de la periodista sugiere que la CIA cambió el explosivo del túnel cuando los terroristas dejaron la calle casi sin vigilancia al aplazar el atentado por la visita de Henry Kissinger a Carrero Blanco en las cercanías. Camuflado en la delegación del Secretario de Estado, vino a Madrid el Jefe de Operaciones de la CIA, William Nelson. Con él se  reunió Kissinger en su embajada después de la larga sesión con Carrero en la que le impuso el compromiso de mantener un secreto total sobre la conversación.

  Urbano cuenta que en ese encuentro Carrero se mantuvo en su posición de no renegociar el acuerdo sobre la utilización de las bases militares en España si no se establecía un tratado bilateral de defensa mutua con Estados Unidos. Y le advirtió a Kissinger que, si la OTAN no quería a España por la dictadura de Franco, no le quedaría otra posibilidad que aceptar la propuesta de Francia para compartir la fabricación de armamento nuclear. Según Urbano, Carrero le entregó a Kissinger un informe de la Junta de  Energía Nuclear explicándole que España tenía yacimientos de uranio- lo cual Franco alardeaba- y la tecnología francesa de la central de Vandellós para conseguir plutonio.

LOS SEÑORES DE LOS HILO

  Durante la preparación de la Operación Ogro, como se le llamó en Hendaya- (el asesinato de Carrero), desde el 14 de septiembre de 1972 hasta el 20 de diciembre de 1973, hubo tres cambios de director en la CIA pero se mantuvo como subdirector el general Vernon Walters. Había sido el intérprete en las visitas a Madrid de los presidentes Eisenhower (1959) y Nixon (1970). En 1971, Nixon envió a Walters con un mensaje personal para Franco. Nixon le dijo a Walters: “Sin democracia no pueden estar en la OTAN y con democracia pueden no querer estar en la OTAN. Hay que reforzar el estatuto de nuestra presencia en sus bases”. Nixon le planteaba a Franco dos posibilidades: entronizar a Juan Carlos y quedarse al mando de las Fuerzas Armadas o nombrar a un presidente del gobierno que sintonizara con el príncipe. Franco nombró presidente del gobierno al almirante Luis Carrero Blanco.

Para Estados Unidos, era un obstáculo en la dominación militar y un cerrojo para la democratización. Sin Carrero, bases sí y OTAN también. Sin Carrero, una democracia contenida y diseñada por Washington. Sin Carrero, un Juan Carlos entregado a Estados Unidos como precio del trono. Cuando Ford visitó Madrid, el príncipe Juan Carlos le anticipó al embajador Wells Stabler lo que le iba a decir al presidente, “que él estaba al margen de la interminable negociación de las bases y que, cuando reinara, estrecharía mucho más los vínculos con Estados Unidos porque consideraba crucial esa relación para la política exterior española”.

  Pilar Urbano señala al general Walters junto a Kissinger en la Operación Ogro. En 1973, con los sucesivos cambios en la CIA, Walters ocupó durante dos meses el cargo.. carrero_y_flanco.jpg

  En octubre de 1947, el general Marshall, Secretario de Estado, le llevó al presidente Truman un informe de su gabinete de planificación política sobre las relaciones con España. Una nueva orientación se desarrolló desde entonces: Dejemos de manifestarnos abiertamente hostiles con el régimen de Franco y trabajemos de ahora en adelante para normalizar con sutileza las relaciones políticas y económicas. En 1968, los que Urbano denomina los señores de los hilos, el Club Bilderberg y el Consejo de Relaciones Internacionales, a los que se añadiría en 1975 la Comisión Trilateral, decidieron que Juan Carlos debería ser designado sucesor. Así lo había hecho Franco en 1969. Los señores acordaron también hacerle al príncipe un seguimiento durante cinco años.

 la_cia_en_espaa.jpg En 1973 anunciaron que “Juan Carlos está perfectamente preparado para reinar”. Durante la agonía de Franco, el embajador Wells Stabler le presentó a Juan Carlos un guión para el cambio, aprobado por Kissinger. “Los señores de los hilos -asegura Urbano- le marcaban los límites en el escenario, en los actores, en el ritmo de la acción y en el libreto que debía interpretar”. Estados Unidos -añade- “decidió que en España apoyaría un cambio de régimen hacia la democracia sin prisa, gradual y parsimonioso”.

  Asesinado Carrero, el embajador en Madrid le escribía a Kissinger que “Carrero no tenía carisma ni afecto popular y nadie se ha sentido afectado por su muerte”. Y el comentario de un importante portavoz de esa representación diplomática,   también vinculado personalmente con Kissinger, estremecía a  un destacado  representante del ministerio español de Asuntos Exteriores: “No quiero que suene brutal pero... un estorbo menos para la apertura de España y, por deplorable que sea un asesinato, lo cierto es que los terroristas nos han hecho un gran favor”.

 

 


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