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El monumento habla por sí mismo

07/05/2009 21:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lucho Gómez, escultor guayaquileño de estilo figurativo. Ha realizado exposiciones en Guayaquil puesto que es considerado uno de los escultores monumentales más reconocidos.

Lucho Gómez atribuye a su habilidad la aceptación, a la edad de 11 años, como oyente en la Escuela de Bellas Artes Juan José Plaza, que entonces dirigía el también escultor Alfredo Palacio. Después ingresó al colegio Vicente Rocafuerte, pero regresó otra vez a la escuela; en aquella época tuvo como compañeros a Marina Domínguez, Enrique Tábara y Luis Miranda.

 Es admirador de los clásicos escultóricos Miguel Angel Buonarroti y Auguste Rodin porque ve en ellos el verdadero conocimiento del arte, la genialidad a la hora de realizar los detalles, la responsabilidad que adquirieron con sus obras y la perseverancia para el trabajo.

“Ahora son pocos los que se dedican con el amor propio de un escultor amando su obra, sino que a veces el negocio los lleva a hacer muchas cosas. Desgraciadamente se echan a perder por el contubernio o realizan las obras importantes por amistad”.

 

SU INICIO, EL ARTE FIGURATIVO

 

Gómez trabajó durante muchos años junto a Alfredo Palacio y durante su época de estudiante prácticamente construyeron juntos el monumento a Alfaro, hace aproximadamente unos 30 años. Reconoce, que aunque Palacio, tiene obras como El monumento al bombero, aquella fue la más importante que produjo.

Conciente de la renovación permanente que debe tener el artista plástico, después de empezar en la línea figurativa continúa con el género abstracto (durante el período 1965 – 1966), año en que obtiene el Primer Premio Nacional de Escultura, Salón de Julio de Guayaquil, lo que constituye una novedad entonces.

Recuerda, con cierta tristeza, que no lo felicitaron y fue duramente combatido por iniciarse en la tendencia abstracta, para que al año siguiente la mayoría de sus compañeros escultores participaran con mucha aceptación de público y de crítica.

Posteriormente regresa al figurativismo porque “el expresionismo siempre estuvo en mí: el hombre, la dulzura del ser humano, la bondad y la protesta ante la injusticia, pero siempre con paz. Soy admirador de la paz, por ello en la realización de los Cristos siempre se puede encontrar algo que la define, en mi caso la paloma. Me acojo a ello siempre conservando la parte estética que se produce con el movimiento de estas figuras. Lo que quiero decir es que hay belleza en todo”.

La figura de Cristo es una constante temática en las obras escultóricas de Lucho Gómez, quizás en parte por la admiración que siente por este personaje histórico y por esa referencia por abordar lo cosmogónico y la búsqueda del infinito.

Con modestia Gómez admite dominar todos los materiales aptos para trabajar una obra escultórica: bronce, mármol, arcilla, granito y lamenta que en nuestro país no exista una verdadera y excelsa piedra de tallar.

Gómez es un permanente interesado en la parte urbanística y de ornato de nuestra ciudad porque considera que es la expresión del hombre, aquella donde él encuentra su mejor refugio

Prefiere producir una escultura monumental porque gusta de las expresiones fuertes. Así lo prueban sus obras realizadas: el Simón Bolívar del Aeropuerto de Guayaquil; el monumento a la madre, situado en la ciudadela Nueve de Octubre; el logotipo Cabeza de Mercurio, del Banco Industrial y Comercial; las esculturas de la entrada del edificio El forum, el Francisco Pizarro, de Ballenita; el busto de Enrique Isaías, ubicado en la planta baja de la matriz de Filanbanco y el Velasco Ibarra, con cuatro metros de alto.

 

“En la creación el artista se juega su personalidad. Es muy importante no ser falso y llegar a compenetrarse con aquello que quiere interpretar”.

 

UN ÚNICO REQUISITO: EL CONOCIMIENTO

 

¿A su juicio cuáles son los requerimientos que debe tener una buena obra escultórica?

 “La escultura, como cualquier obra de arte, necesita del conocimiento. El escultor debe tener noción total del volumen y del espacio, estudiando los elementos arquitectónicos que los rodean. Si se trabaja la figura humana, saber la anatomía y aplicar la parte estética. Un buen dibujo y una eficaz realización hacen una obra verdadera. Si un escultor realiza un monumento sobre una figura humana no deberá copiar al personaje, sino darle vida propia e imponer su sello personal para que su obra se identifique sin necesidad de firma. Un buen planteamiento, composición adecuada y armonía de volúmenes son también elementos que todo buen escultor no debe olvidar, porque así como Miguel Angel le dijo a su Moisés habla, el artista debe imponerse la tarea de que la obra hable por sí misma”.

 Lucho Gómez asume su obra escultórica como si fuese su propio hijo. Todas las realizadas le han significado numerosas gratificaciones. Se considera enamorado de sus piezas y las extraña una vez que se separa de ellas.

 

¿Cómo ve el desarrollo de la escultura en nuestro país?

 

“Pienso que en Quito está más desarrollada porque hay más movimiento, entusiasmo, responsabilidad y afán por adornar la ciudad. Con la serie de esculturas monumentales que se han hecho se ve muy bien, ha ganado mucho. Guayaquil, en cambio, tiene una promesa del alcalde para ejecutar esculturas monumentales, una de nuestras grandes ausencias. No existe un nuestra ciudad un buen desarrollo de este género”.

Gómez es un permanente interesado en la parte urbanística y de ornato de nuestra ciudad porque considera que es la expresión del hombre, aquella donde él encuentra su mejor refugio. Considera que admira a las grandes metrópolis, donde las obras escultóricas están expuestas al turista y a todo aquel que quiera admirarlas. Y es, además, un convencido de que existe la capacidad para elaborar excelentes obras de arte por Guayaquil.

De la escultura de nuestro país considera que los representantes más destacados han sido: Bravo Malo, Enrique Mideros (autor en piedra de la Cabeza de Montalvo, que se encuentra en la Casona Universitaria), Daniel y Alfredo Palacio.

Con respecto a la nueva generación de escultores teme equivocarse en sus juicios críticos pero no deja de reconocer que en muchos hacen un juego de volúmenes sin sentido, que hay mucha pesadez y casualismo.

La obra de Lucho Gómez, ahora con un estilo de raíces figurativas, perdurará en el tiempo precisamente porque no es un producto de la casualidad, sino de un estudio escultórico conciente y verdadero.

 

La obra de Lucho Gómez, ahora con un estilo de raíces figurativas, perdurará en el tiempo precisamente porque no es un producto de la casualidad, sino de un estudio escultórico conciente y verdadero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Autor:
Cecilia Carchi (1 noticias)
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Reportaje
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