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El corazón de Lenin

08/02/2017 05:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mucho más que acción o corazón hacen falta para entender que las condiciones del poder ya cambiaron, pero Moreno lo ignora. Por esto, aunque él no lo sabe, se prepara para perder

El correísmo se jugará su última carta: el todo o nada. En esta recta final rumbo a las elecciones que se celebrarán en poco más de diez días, el gobiernismo enfilará todas sus armas para tratar de persuadir al elector indeciso con el argumento de que será mejor “lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Ya lo dijo el candidato por el oficialismo, el ex vicepresidente Lenin Moreno: que perseguirá a los corrutos de otros gobiernos y del actual, reconociendo que de este régimen brotan actos y actores ahogados en corrupción; que eliminará las salvaguardas e impuestos, aceptando que desestimulan la inversión y desmejoran las condiciones del comercio; que incrementará el empleo, admitiendo que una de las grandes deudas de la administración de su coideario, el presidente Correa, es la falta de trabajo; que gobernará bajo la política del diálogo y la concertación, delatando que, durante la última década, se ha impuesto una interpretación excluyente, personalista y antidemocrática al adoptar las grandes decisiones públicas.

Moreno promete una contradicción: hacer bien lo que durante su gobierno se hizo mal, la pregunta es ¿por qué no hizo nada antes? ¿Por qué no se opuso, rechazó o, al menos, dijo algo de todo esto que ahora lo ofrece como novedoso?

Sin embargo, no será fácil convencer al electorado indeciso de que es una buena opción votar por quien no hizo nada cuando pudo y que ahora promete actuar. Moreno, y el correísmo en pleno, repetirán insistentemente –con algo de retraso para conseguir el efecto que esperan– que es preferible desperdiciar el voto, anularlo o dejarlo en blanco, que votar por “los candidatos de la derecha”; que el país retrocederá, que se perderán las conquistas alcanzadas durante la revolución ciudadana, que volverán a gobernar las multilaterales de créditos, los banqueros y la partidocracia; que volverá el oprobioso pasado del que, heroicamente, nos rescató su revolución.

En resumen, la estrategia consistirá en infundir miedo en los electores. Los revolucionarios querrán decir: podemos ser malos, pero ellos son peores. En conclusión: voten por nosotros que somos el menor de los males. Así está su desesperación.

Como en gran parte de la Historia Latinoamericana, las intenciones del morenismo se sostienen en la indefendible intención de mantener un sistema de privilegios caudillescos de partido único. Engañados con la idea de que conseguirán la misma mayoría asamblearia con menor intención del voto, los correístas que dirigen la campaña de Moreno creen que sería verisímil un gobierno que ofrezca incrementar el bono, sembrar universidades por todos lados, garantizar el acceso a las existentes, asegurar el trabajo a los desempleados y viviendas a las familias que la arriendan.

Creen que es suficiente con duplicar la apuesta clientelar sin hablar de la deuda en materia de transparencia pública, de fiscalización y de libertades democráticas

Creen que es suficiente con duplicar la apuesta clientelar sin hablar de la deuda en materia de transparencia pública, de fiscalización y de libertades democráticas. Entonces se lanzan al ruedo como si todo siguiera igual. Ese es el público que no se decide y al que no va dirigido este mensaje de prebendas.

Algunos pronósticos afirman que habrá una asamblea multipartidaria, que la organización política mayoritaria lo será con una leve diferencia de la anterior y que un presidente con el liderazgo de Moreno –paniaguado, desteñido y dubitativo– sería incapaz de gobernar al grito, como hace Correa, y soslayando, como lo hace ahora, a los otros sectores que representan al “viejo país”.

¿Cómo espera Moreno sostener el sistema clientelar de defensores locales de la revolución, fieles al proyecto y al líder, si desde el 19 de febrero no habrá proyecto ni líder iguales?

¿Cómo espera Moreno ganar las elecciones si esquiva a su potencial auditorio electoral y a las que serán las nuevas condiciones del sistema de partidos políticos?

“Si me entregas tu voto yo te daré mi acción y mi corazón”, dijo Moreno al concluir el Diálogo Presidencial del domingo último. Pero eso ni suena bien, ni es real.

Mucho más que acción o corazón hacen falta para entender que las condiciones del poder ya cambiaron, pero Moreno lo ignora. Por esto, aunque él no lo sabe, se prepara para perder.  

@ghidalgoandrade


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (228 noticias)
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Tipo:
Opinión
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