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El comandante

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06/11/2017 21:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ni siquiera de manera simbólica es válido llamar como comandante a Rafael Correa porque desnuda la obsesión por el control de la que sufren los huérfanos del correismo

Una comandancia es siempre un rango de la fuerza pública. En todos los países de habla hispana se refiere a un grado y a una denominación. Comandar es mandar en un ejército, en un conjunto de tropas o una unidad de la fuerza pública. Proveniente del verbo italiano “comandare”, comandar significa “controlar”.

Controlar es ejercer dominio, autoridad o poder. Comandar es, entonces, imponerse por la fuerza de las armas a los enemigo y por la fuerza de la disciplina a los subalternos. El monopolio de la fuerza corresponde, según la ley, al Estado y es este el que dispone del uso legítimo de la violencia para defender la constitución, la democracia y las libertades de un país.

En todos los países hispanoparlantes, una comandancia es un rango militar en la profesión de las armas, salvo en Cuba, en donde es un cargo político, ideológico y honorífico. Se llama discrecionalmente como comandantes a quienes participaron de manera destacada en la Revolución Cubana del 1 de enero de 1959 que mantiene en el poder a Castro.  

Solo por razones políticas, inspiradas en el castrismo, algún civil podría ser llamado como “comandante”. Ni en Venezuela se llamó como comandante de manera honorífica al extinto presidente Hugo Chávez porque durante su carrera militar consiguió el título de teniente coronel, homologable a ese mismo grado.

Las últimas decisiones en Alianza País no solamente delatan a un movimiento dividido en sus entrañas militantes por los intereses internos, sino que desnuda las tentaciones virulentas de sus más fanáticos seguidores que llaman como comandante a Rafael Correa. ¿Qué significa esto?

El correismo radical necesita de un comandante que arme a las huestes más violentas y que reconquiste sus antiguas posesiones por la fuerza

Algo como esto quiere decir que los más fanáticos correistas no entendieron lo que significa la democracia, la cooperación o el diálogo; que en estos diez años no aprendieron que solamente las dictaduras civiles o militares se imponen por encima de la ley; que los fascismos personalizan la política en las caras de sus líderes, dividen la nación en dos y convierten al gobierno en una acción de aniquilación a los disimiles. Llamar como “comandante” a Correa, significa que el correismo no aprendió nada de democracia, ideología o libertades.

Mujeres y hombres, generalmente jóvenes, convencidos de las bondades del populismo autoritario o del fascismo de nuevo cuño, convertidos en los voceros del moribundo correísmo, son solo marionetas en una estrategia muerta. Es fácil identificarlos porque creen que el liderazgo concentrador debe ser mesiánico, prepotente y artificial, que tenga la capacidad de encandilar a las masas mostrando supuestos grandes prodigios, y que divida en dos a la nación sin importar las consecuencias. ¿Es que acaso el correismo radical le declara la guerra al Ecuador con sus alegatos incendiarios?

Una guerra necesita un comandante, un campo de batalla y un arsenal de armas de destrucción. Y aunque todo estos fuera dicho de manera honorífica, ni siquiera es válido llamar de manera simbólica como comandante a Rafael Correa porque desnuda la obsesión por el control de la que sufren los huérfanos del correismo.

Parece que necesitan un comandante en lugar de un líder político, de un guerrerista en lugar de un pacifista, de un mandamás gritón en lugar de un político conciliador.

El correismo radical necesita de un comandante que arme a las huestes más violentas y que reconquiste sus antiguas posesiones por la fuerza. El Ecuador y los ecuatorianos somos un rancho para estos terratenientes, atorados en los siglos de la historia, y nuestras libertades democráticas son un campo de batalla para arrebatar.

En todos los países hispanoparlantes, una comandancia es un rango militar en la profesión de las armas, salvo en Cuba, en donde es un cargo político, ideológico y honorífico

@ghidalgoandrade


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (248 noticias)
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Tipo:
Opinión
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