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Los distintos ángulos del futbol

04/01/2013 06:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Detrás de cada jugador, hay una historia muchas veces oscura

Sé que se ha escrito mucho de futbol, que no ha escapado incluso a escritores, sobre todo cuentistas sudamericanos, para que plasmen en sus obras el fenómeno social, psicológico y sociológico que representa los aficionados, los goles, los ídolos y la pasión de multitudes. Es famoso Eduardo Galeano por llevar a la literatura este deporte, amén de su buena pluma, desde luego. Un libro del mexicano Juan Villoro, Dios es redondo, atrajo la atención de los lectores en donde hace un acercamiento analítico y afectivo acerca del futbol y de relevantes figuras de la historia de este deporte. Yo he leído muy poco sobre este tópico, si acaso el libro mencionado, algunos cuentos y crónicas de televisión así como unas escasas notas críticas, un poco forzado por la edición de un número monográfico de una revista de la Universidad, que me correspondió coordinar, no más. He estado a punto de comenzar la lectura de El miedo del portero ante el penalti, de Peter Handke, y por un motivo u otro la he ido postergando, a pesar de que el título me parece suficientemente sugestivo como para hincarle el diente, o ver la adaptación para cine que se hizo de ese libro con la dirección del magnífico Wim Wenders, por ejemplo.

Sin embargo, aunque sé poco de teoría de futbol, sé la importancia de su práctica y el gusto del pueblo mexicano por ver a su equipo favorito. Más allá de los negocios subterráneos tanto económicos como políticos, que se juega en otro campo de un mismo estadio (han de recordar la ingrata actuación, con un balón a sus pies, de Felipe Calderón en plena campaña presidencial), el futbol es una especie de devoción que le guardan los fanáticos y que miran con recelo los intelectuales o cultos.

Como deporte nacional, cuando juega la selección de México, las grandes metrópolis se paralizan. Y no es para menos, los aficionados se olvidan de los colores de los equipos locales y se unifican en el del tricolor: no falta el ingenio para buscar el modo de escuchar o ver el partido mientras se va a la escuela, al trabajo o durante estas actividades. El sabor de la faena es menos áspero si gana la selección, el profesor pierde la figura de dictador, y desaparecen momentáneamente las diferencias sociales si el estallido del gol es favorable. El futbol ha aportado un escenario de neutralización donde la violencia se canaliza de forma limitada: las peleas dentro de un estadio son pocas y las tragedias no dejan de ser una excepción.

Los medios de comunicación, como en casi todos los órdenes de la vida, juegan un papel fundamental. Toman las riendas no sólo de las crónicas de los partidos sino que se apropian de los espacios privados de jugador, donde normalmente hay una historia no contada. Los cronistas ven al jugador, al que patea el balón que ha de convertirse en gol o que ha de terminar en las manos del portero, en un producto de venta. La historia para educar una pierna, para coordinar la cabeza a la hora del remate, los atinados movimientos para desmarcarse, el vuelo de los porteros, la técnica para no soltar el balón, importa sólo como mera anécdota.

Detrás de cada jugador, hay una historia muchas veces oscura. El periodismo la presenta como nota roja, generalmente cuando el protagonista transita los pasillos oscuros del olvido o entiende que el escándalo puede imponerse al brillo de la fama. Las historias están ahí, en la superficie algunas cuantas, en la sombra miles de ellas.

No importa el ser humano porque los ídolos no son humanos

Pero la grandeza del futbol está en el futbol mismo. Detrás de Maradona está su adicción a las drogas, pero está asimismo las luces de su gloria que finalmente se impone. Diego Armado Maradona es grande por lo que hizo en el futbol, no es pequeño por su enfermedad. No importa el ser humano porque los ídolos no son humanos. Para adorar a alguien debe ser superior al resto de los humanos, por eso ellos no sufren o su sufrimiento está por encima del de los mortales. Es el héroe que el aficionado no reconoce sino con quien sueña porque sólo Ulises puede tensar adecuadamente el arco.

Quien tiene el privilegio de desplazarse en ese rectángulo verde en busca de esférico no pisa el césped sino flota sobre él, no golpea el balón, lo acaricia, pero con la idea de golpear, de agredir al contrincante. El héroe necesita de un contrario para alzarse con la victoria, necesita poner fin al conflicto del juego y cuanto más contundente sea la victoria, el desbordamiento de su gloria es irrevocable.

Don Quijote fue un héroe solitario sin público para dar fe de sus batallas. Los jugadores de futbol son héroes con un estadio limitado, y al mismo tiempo son protagonistas de historias no escritas: el carácter ficticio o imaginario del comportamiento colectivo tiene su contraparte en la singularidad de solitario del jugador de futbol.

Así que el futbol no es un deporte donde unos hombres corren por la posesión de un balón, o al menos no es simplemente eso, como lo han querido ver quienes gustan de trivializar y vulgarizar todo aquello que no está en la circunferencia de sus gustos. El futbol es, como dijo el marxista italiano Antoni Gramsci, “el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”.


Sobre esta noticia

Autor:
Leonel Robles (503 noticias)
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Opinión
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