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El día Mundial del Alzheimer una fecha importante en el calendario de todos, que no se debe olvidar

21/09/2015 04:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El alzhéimer afecta hoy a 44 millones de personas en todo el mundo. Según los expertos, este tipo de demencia continuará con una tendencia ascendente y llegará a afectar en 2050 a 135 millones de personas, a finales de siglo

Hoy se celebra el Día Mundial del Alzheimer con el objetivo de detenernos en nuestra rutina y echar un vistazo a nuestra vida y a la de los nuestros, para ver con detalle desde hoy, qué podemos hacer de más para visibilizar, concienciar e informar acerca de este mal que afecta no sólo a las personas mayores, sino también a sus familiares y cuidadores.

Alimentación, estilo de vida, causas genéticas, edad... Múltiples factores parecen influir en la aparición de esta enfermedad. A pesar de que hay múltiples líneas de investigación, todavía no hay fórmulas eficaces para tratar esta enfermedad. Y menos una panacea. Lo que sí existe es la evidencia de que el ejercicio, la actividad física, ayuda a prevenir la aparición de este y otros tipos de deterioro cognitivo.

La enfermedad de Alzheimer tiene mayor incidencia en personas de edad avanzada, aunque hay casos en los que afecta a personas relativamente jóvenes; es más, el primer caso documentado por el médico Alois Alzheimer (que dio nombre a la enfermedad) fue en una paciente de 49 años de edad.

21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer. Una enfermedad cuyo alcance, evolución y progresión la sitúan como primera causa de demencia en el mundo en personas mayores de 65 años. Cifras, datos y números que visualizan el relieve, importancia y trascendencia de este mal

Los datos analizados evidencian la expansión de la enfermedad y el incremento de la población afectada desde que fuera descubierta por el neurólogo alemán Alois Alzheimer en 1906.

Actualmente en España 600.000 personas viven con esta enfermedad, la cual podría llegar a afectar en el año 2050 a 1, 5 millones de personas con 40.000 nuevos casos de alzhéimer cada año, según la Sociedad Española de Neurología.

Esta tendencia responde al envejecimiento de la población propia de las sociedades desarrolladas, ya que se trata de un desorden neurodegenerativo progresivo ligado a la edad:

El 50% de los pacientes son mayores de 85 años. El 13, 4% de las personas mayores de 65 años tiene Alzheimer. Existe un 10% menores de 60 años.

Antes de alcanzar la edad en la que se empieza a manifestar la enfermedad, podrían reducirse los casos de alzhéimer en un 40 % mediante hábitos de vida saludables.

Ello retrasaría su evolución pudiendo llegar a impedir que el paciente forme parte de entre el 20 y 37% de las personas con demencia que están ingresadas en residencias geriátricas.

Otro factor que ayuda a dibujar el perfil del enfermo de alzhéimer es el género, ya que se trata de una enfermedad que afecta en un 1% más a mujeres que a hombres de la misma edad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Se ha avanzado mucho en el conocimiento de la enfermedad, pero todavía sigue siendo muy limitante y devastadora, tanto para la persona que lo sufre, que padece como todos sabemos pérdida de memoria y otras complicaciones asociadas (desde problemas de movilidad, hasta agresividad, depresión...) como para los familiares y cuidadores, ya sean profesionales o no.

No existen los milagros, y queda mucho por avanzar, pero lo que sí se sabe es que los hábitos saludables, como la alimentación y el ejercicio físico resultan muy beneficiosos en el mal de Alzheimer. Tanto desde el entrenamiento físico como desde el ámbito de la fisioterapia y otras profesiones sanitarias podemos aportar mucho a estos enfermos.

El ejercicio podría proteger de los síntomas del Alzheimer inicial. La actividad física vigorosa beneficia al cerebro que envejece, muestran los últimos tres estudios.

La actividad física mejoró el estado de ánimo, la memoria y la capacidad de pensar en los participantes de los  estudios.

Un estudio encontró que el ejercicio aeróbico intenso mejora el flujo sanguíneo en áreas clave del cerebro, y parece reducir los nudos de proteína tau que son característicos de la enfermedad de Alzheimer.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia entre las personas mayores. La demencia es un trastorno cerebral que afecta gravemente la capacidad de una persona de llevar a cabo sus actividades diarias.

El Alzheimer comienza lentamente. Primero afecta las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Es la hora de empezar la disciplina del movimiento: en cuanto haya la menor sospecha, incluso a lo s 40, si es el caso. Antes se sienta al paciente en un una silla cómoda y hasta se prohibía moverle. Las personas con el mal pueden tener dificultades para recordar cosas que ocurrieron en forma reciente o los nombres de personas que conocen. Un problema relacionado, el deterioro cognitivo leve, causa más problemas de memoria que los normales en personas de la misma edad, pero el movimiento no le está negado, ni menos hacer equipo con otras personas con los mismos síntomas- Muchos, pero no toda la gente con deterioro cognitivo leve, desarrollarán Alzheimer.

Con el tiempo, los síntomas del Alzheimer empeoran. Las personas pueden no reconocer a sus familiares. Pueden tener dificultades para hablar, leer o escribir. Pueden olvidar cómo cepillarse los dientes o peinarse el cabello. Más adelante, pueden volverse ansiosos o agresivos o deambular lejos de su casa y caminar del brazo  de sus esposas o hijos. Finalmente, necesitan cuidados totales. Esto puede ser muy estresante para los familiares que deben encargarse de sus cuidados.

El Alzheimer suele comenzar después de los 60 años. El riesgo aumenta a medida que la persona envejece. El riesgo es mayor si hay personas en la familia que tuvieron la enfermedad. No es contagioso, por supuesto, pero es hereditario.

Ningún tratamiento puede detener la enfermedad. Sin embargo, algunos fármacos pueden ayudar a impedir por un tiempo limitado que los síntomas empeoren. Lo ideal sería  hacerlo un mal crónico como estacionario que estuviera así, igual, con el paso del tiempo, tal como se ha conseguido con otros males.

"El flujo sanguíneo se reduce en esas áreas a medida que envejecemos, pero el ejercicio lo aumenta", según Laura Baker, neurocientífica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wade Forest en Winston-Salem, Carolina del Norte. "Me parece que estamos logrando cambiar los efectos relacionados con el envejecimiento, y con ello quizá estemos logrando mejorar los de los asociados con el Alzheimer, ambas cosas mediante el ejercicio".

La nueva investigación se presentó en la Conferencia Internacional de la Asociación del Alzheimer (Alzheimer's Association) en Washington, D.C. Los hallazgos presentados en reuniones por lo general se consideran preliminares hasta que se publican en una revista médica revisada por profesionales.

Los tres estudios "nos ofrecen información sobre la vida con la enfermedad", dijo Heather Snyder, directora de operaciones médicas y científicas de la Asociación del Alzheimer.

"El ejercicio físico otorga un beneficio potencial a las personas que viven ahora con Alzheimer", dijo Snyder. "Incluso si ya sufre un deterioro cognitivo, la actividad física sigue siendo beneficiosa".

Las investigaciones anteriores habían mostrado que el ejercicio puede mejorar la capacidad de pensamiento en los adultos sanos, así que Baker y sus colaboradores enfocaron su estudio hacia personas con un deterioro leve para ver si la actividad física también podía ayudarlas. Las 65 personas del estudio de Baker tenían entre 55 y 89 años de edad, y no antes no practicaban ejercicio. También sufrían de prediabetes, que puede aumentar el riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer.

Los participantes se asignaron al azar a uno entre dos grupos durante seis meses. El primer grupo realizó ejercicios de estiramiento que no aumentaban mucho su ritmo cardiaco, mientras que el segundo grupo tenía que hacer al menos 45 minutos de aeróbicos de alta intensidad cuatro veces por semana.

El grupo de aeróbicos tenía que permanecer en un rango del 75% al 85% de su ritmo cardiaco máximo durante al menos 30 minutos de su sesión de ejercicio, que la mayoría de veces se realizaba en una cinta caminadora. "Para una persona típica de 70 años, eso significa un ritmo cardiaco de al menos 130 latidos por minuto", dijo Baker.

El 92% de las personas permanecieron fieles al programa de ejercicio, y al final tenían una mejor forma física y unos mejores niveles de azúcar en sangre, encontraron los investigadores.

Lo último confirmado por los especialistas en demencias es que quien presenta alguna debe dedicar mucho tiempo al deporte

Algo más importante aún es que unas IRM cerebrales revelaron que el flujo sanguíneo había aumentado de forma significativa en los centros de memoria y procesamiento del cerebro de los participantes, con una mejora correspondiente en su capacidad de planificar, organizar y prestar atención.

Unos análisis que usaron muestras de líquido cefalorraquídeo de los pacientes también mostraron una reducción significativa en los nudos de proteína tau, y el efecto más pronunciado se observó en los mayores de 70 años de edad.

"Esos hallazgos son importantes porque sugieren de forma contundente que una intervención potente en el estilo de vida, como el ejercicio aeróbico, puede tener un impacto sobre los cambios en el cerebro relacionados con el Alzheimer", señaló Baker. "Ningún fármaco que esté aprobado ahora puede rivalizar con esos efectos".

En otro ensayo clínico, 200 personas de 50 a 90 años que sufrían de Alzheimer se asignaron al azar a un programa de ejercicio aeróbico o a un grupo de control que no hizo ejercicio adicional. Se pidió a los que hacían ejercicio que llegaran a una intensidad objetivo del 70% al 80% de su ritmo cardiaco máximo.

Los investigadores daneses hallaron que los que hacían ejercicio sufrían de menos problemas del estado de ánimo, como ansiedad, irritabilidad y depresión. Las personas que hacían ejercicio con más frecuencia y mayor vigor también lograron mejoras significativas en la velocidad mental y en la atención.

El tercer ensayo se realizó en Canadá, con 71 personas de 56 a 96 años que habían sufrido mini accidentes cerebrovasculares (ACV), lo que disminuyó su capacidad de pensar y recordar. La mitad se asignó a un grupo que participó en clases regulares de ejercicios aeróbicos.

Los investigadores encontraron que los participantes que tomaron clases de aeróbicos con regularidad mejoraron su memoria y atención selectiva, en comparación con aquellos a quienes no se pidió que hicieran ejercicio regular.

Snyder y Baker dijeron que la mayoría de adultos mayores deberían ser capaces de encontrar una actividad física que puedan realizar, aunque sufran de algunas dolencias relacionadas con la edad.

"No hay que hacer ningún ejercicio en particular", aclaró Baker. "Se trata de cualquier cosa que aumente el ritmo cardiaco hasta que uno jadee y sude".

Pero anotó que las personas mayores deben consultar al médico antes de comenzar un programa de ejercicio, y comenzar poco a poco. El estudio danés ofreció a los participantes cuatro semanas para adaptarse antes de pedirles que hicieran un ejercicio más intenso.

Si una persona ya sufre de demencia, aún puede beneficiarse del ejercicio, pero es probable que necesite de alguien que guíe su calendario de ejercicios, añadió Baker. "Pero esa supervisión puede ser en forma de ejercicio grupal", dijo. "No tiene que ser individual".

El levantamiento de pesas previene la pérdida de memoria. Estudios confirman que el levantamiento de pesas ayuda a prevenir la pérdida de memoria

Cuatro investigaciones separadas, presentadas en la Conferencia anual de la Asociación de Alzheimer en Canadá, confirmaron que el entrenamiento físico, especialmente el que incluye resistencia, favorece las funciones cognitivas y reduce el deterioro mental en adultos.

Los cuatro estudios (dos realizados en Reino Unido, uno en Japón y otro en Estados Unidos), indicaron que los entrenamientos aeróbicos, de estrechamiento, de equilibrio y de resistencia generan mejoras mentales y ayudan a prevenir la pérdida de la memoria.

El estudio llevado a cabo en la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, involucró a 86 mujeres de entre 70 y 80 años que sufrían deterioro cognitivo leve (DCL) o demencia incipiente, que es una etapa previa a la demencia, pero que no interfiere con las actividades diarias de la persona.

En esta investigación, las participantes fueron divididas en tres grupos y se les asignaron distintas rutinas de ejercicio durante seis meses mientras también fueron sometidas a pruebas para medir sus funciones mentales, como razonamiento y memoria.

Al concluir la actividad, los investigadores encontraron que las mujeres que realizaron el entrenamiento de levantar pesas “mejoraron significativamente” los grados obtenidos en las pruebas que medían la atención selectiva, resolución de conflictos y tareas de memoria.

En el segundo estudio se compararon los beneficios del entrenamiento de resistencia con los del entrenamiento de equilibrio y balance en las funciones cognitivas de 155 mujeres de entre 65 y 75 años.

Tras transcurrir 12 meses, las conclusiones evidenciaron que las damas que llevaron a cabo el entrenamiento de resistencia mostraron más probabilidades de mejorar o mantener sus funciones cognitivas que las sometidas a entrenamiento de equilibrio y balance.

Una tercera investigación, del Centro Nacional de Geriatría y Gerontología en Japón, encontró que las capacidades de lenguaje de un grupo de 47 personas mejoraron después de tomar parte en ejercicios combinados de  aeróbicos, fortaleza y balance durante un período de 12 meses.

Por otro lado, la última investigación reseñada, llevada a cabo en la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos, incluyó a 120 adultos mayores que aunque no mostraban signos de demencia, tenían un estilo de vida sedentario sospechoso cercano a la demencia.

Los científicos encontraron que después de un año de ejercicio de caminatas moderadas el tamaño del hipocampo (área relacionada con la corteza cerebral que se ubica al interior del lóbulo temporal) de los participantes se incrementó dos por ciento, lo que mejoró sus funciones cognitivas, según despacho de teleSUR.

En un comentario sobre las investigaciones, la doctora Anne Corbett de la organización Alzheimer`s Society, afirma que “aunque las rutinas de levantamiento de pesas podrían no gustar a todos, estos estudios demuestran una vez más lo importante que es el ejercicio para el cerebro”.

Ante las conclusiones, los expertos recomiendan incluir en la rutina diaria ejercicios que incluyan resistencia y entrenamiento aeróbico. Anteriores estudios han demostrado que mantener la mente activa y realizar ejercicios mentales y físicos pueden ayudar a retrasar los síntomas característicos del mal de  Alzheimer. Sin embargo, una nueva investigación realizada con ratones silvestres y desarrollada por neurocientíficos del Brigham and Women’s Hospital, encontró que un entorno enriquecedor y relaciones sociales estimulantes pueden tener mejores resultados a la hora de proteger al cerebro de dicho trastorno.

Un entorno enriquecedor y relaciones sociales estimulantes pueden tener mejores resultados

El Dr. Dennis Selkoe, director de una investigación publicada hace poco en la revista Neuron explica que su estudio pretende demostrar que la prolongada exposición en ratones silvestres jóvenes de mediana edad a un entorno enriquecido,   puede activar los receptores cerebrales responsables de marcar una vía de señalización. Esto evita que la proteína beta amiloide debilite la comunicación entre las células nerviosas en el hipocampo, el cual juega un rol importante en la memoria a corto y largo plazo.

Los investigadores también encontraron que la exposición del cerebro a nuevas actividades proporcionó una mayor protección contra el mal de Alzheimer en comparación con los ratones que solo hicieron ejercicio aeróbico.

Con respecto a la utilidad de la investigación, Solkoe concluyó: este estudio provee una explicación a nivel molecular sobre los mecanismos por los cuales un ambiente enriquecido puede ayudar a reducir el desgaste de la memoria producido por la acumulación de la proteína beta amiloide

 

 

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