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Coronavirus: exterminio de jubilad@s, control y soberanía alimentaria

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04/04/2020 06:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En medio de la cuarentena, el confinamiento y las oleadas de enfermedad y muerte que se trae este CoViD-19 surgen ideas, hipótesis y hasta alguna que otra certeza cuando nos hacemos las famosas preguntas del “por qué” o del “para qué”

Habemos encontrado respuestas de índole política, análisis sobre esta “Nueva Guerra Fría” ya instalada entre E.E.U.U. y China, con Rusia al medio. Sabemos de la carrera por desacelerar los crecimientos económicos entre las potencias oponentes o competidoras.

Sabemos también que estamos siendo (la humanidad toda) ratones de laboratorio de experiencias que no sólo son farmacológicas o biológicas. Hay una orden de confinamieno mundial, que muchas personas están acatando sin siquiera hacerse preguntas, y sabemos que esto sirve como “prueba piloto” para conocer en qué medida las poblaciones acatamos órdenes que nos da un televisor (porque, en definitiva, presidente por cadena nacional o médico erudito en la TV, la orden de confinamiento fue dada a través de los medios de comunicación, que la mayoría de las veces están al servicio de grandes corporaciones financieras). Entonces, si nos dan la orden de auto enjaularnos en nuestro propio hogar y acatamos sin cuestionar... estamos muy cerca de terminar como en “Un Mundo Feliz” a donde hay una sóla aldea que conserva seres humanos en “estado salvaje” y el resto de la humanidad vive aislada por trajes supersónicos que impiden el contacto físico. (¿Se imaginan vivir sin besar a sus hijxs, sin poder acariciar la mano de una abuela?) Ya lo decía el gran Aldous Huxley, creo que en la ficción secuela “Nuevo Regreso a Un Mundo Feliz”: las dictaduras del futuro no serían por la fuerza ni con mediación de la violenicia, sino que serían utilizados los medios de comunicación como herramienta fundamental de adoctrinamiento y propoaganda. El futuro está aquí, es hoy.

Si lo pensamos socialmente, el estudio del comportamiento de las comunidades en este contexto, arrojará datos valiosísimos para las corporaciones que manejan la economía mundial. Hay aplicaciones de celular que permiten saber el grado de acatamiento de las personas según el movimiento de sus teléfonos celulares. Es una app, y se puede descargar de tu App Store o Play Store. Así de fácil como se instala esa app en tu teléfono móvil para saber si tu ciudad tiene un buen nivel de acatamiento a medidas de restricción o no; se van instalando conceptos, ideas y hasta se van cimientando acciones tendientes, directamente, a ejercer control entre vecinos y vecinas. Esto se pone de manifiesto cuando, no sólo aparece la fuerza policial de cada nación a intervenir para “hacer respetar” la orden de confinamiento (y, dicho sea de paso, “aparecen” también más denuncias por abusos de autoridad); sino que los propios amigos y amigas de la vuelta de tu casa, parecen controlarte si salís al patio a regar, o si salís para hacer un mandado, o con cuántas personas subís al auto y tal... Parece que nos encontráramos en medio de una serie de Netflix, esas donde el contagio se vuelve un gran miedo y, entre ciudadanos y ciudadanas empiezan a acusarse, a controlarse y hasta matarse con tal de evitar el contagio mortal. Ahora cabe, por qué no, preguntarnos cuánto adoctrinamiento y mensaje subliminal habremos recibidio de consumir estos productos audiovisuales y las noticias.

“Divide y reinarás” reza el dicho popular, y aquí nos encontramos en otro nudo del debate más común por estos días: el de que “nos quieren” lejos de esos espacios que nos empoderan como seres sociales que somos: la conexión con el/la de al lado. Nos quieren aislados y aisladas, individualistas, trabajando desde casa, comprando desde casa y alejadxs un espacio histórico de lucha, poder y conquista: las calles.

Esta gran orden de confinamiento mundial (a pesar de desacelerar enormemente las economías) tiene sin dudas, dentro de sus objetivos, testear esto mismo: cuántos y cuántas acatan el confinamiento. La excusa hoy es bien tangible: el virus, hay que detener su propagación. Pero cuando el virus pase, habrá otras excusas, hay que estar atentos y atentas; agudizar cada vez más el ojo crítico y hacer muchas preguntas, hacerlas todas.

 

¿Población “de riesgo” o población “riesgosa”?

Sin animosidad en el vocabulario que uso, mas tratando de revelar la crudeza con que se habla de estadísticas, hay una arista de toda esta problemática que siento que no se ha tocado o sobre la cual no hemos debatido lo suficiente: la población “de riesgo” de esta pandemia, los viejos y las viejas de este sistema productivo insostenible que es el capitalismo. Paradójicamente pareciera que la “población de riesgo” ante el virus, es justo la población “riesgosa” a la hora “sostener” al mismo sistema.

El trabajo de una determinada cantidad de horas por una determinada cantidad de dinero a fin de mes. El sueldo y una ilusión jubilatoria. Trabajar toda la vida para el sistema y cuando llegás a viejo tenés la mala suerte que, justo cuando te disponías a disfrutar de tu merecida jubilación, te agarra uno de estos bichitos que te enferman de alguna “gripecita” y fuiste. Sí, fuiste. Fuiste toda tu vida un trabajador o una trabajadora al servicio del sistema y te quedaste sin vida. Fuiste. Fuiste toda la vida proyectando cómo sería el momento de descanso, de retiro, de vivir sin reloj, de disfrutar merecidamente de “todo lo logrado”, de viajar, de gozar los vínculos, los hijos, las hijas, los nietos, las nietas, las amistades postergadas. Todo muy bonito, pero al mismo tiempo, el tema para el sistema, es que cuando te jubilás, empezás a engrosar la masa de “población improductiva”. No importa cuán vital te sientas, cuánta energía poseas física, mental o espiritualmente. No importa todo aquello que todavía tengas para hacer y para dar porque al sistema no le sirve si no vas a trabajar. Y mucho menos le sirve si cobrás una jubilación.

¿Qué pasará cuando no tengamos comida que comprar con nuestro dinero porque directamente no haya qué comprar? Si siembras hoy tu primera semilla, en seis meses estarás comiendo el fruto

Las jubilaciones son la gran fuga de este sistema capitalista. Ya en 2017 E.E.U.U. anunciaba estadísticamente que para 2030 habría más jubilados y jubiladas que nacimientos en ese país. Del otro lado del atlántico, hace décadas que se vienen adoptando políticas para contrarrestar el “envejecimiento” de la población europea. La fuerza de trabajo activo más rentable económicamente, se posiciona etáreamente entre los 18 y los 55 años. Con la evolución de la medicina alopática y la farmacología, se han extendido los límites de expectativa de vida y una persona de 65 años aún puede ser fuerza activa dentro del sistema y todavía quizá no se jubiló. Pero pronto lo hará. Y si volvemos al Coronavirus, la principal población de riesgo ante el contagio de este virus pandémico es... no hace falta adivinar cierto?: mayores de 50 años.

En sus curvas estadísticas de predicción, se ha anunciado que para el 2035 la caja de previsiones jubilatorias norteamericana, no podría hacer frente a las jubilaciones que serán demandadas. De pronto, ante a una pandemia en la cual la mayoría de los países “se ocupa” de reducir las potenciales muertes, Donald Trump decide livianamente que morirán 200.000 personas o más. Sabiendo que la población de riesgo son principalmente personas mayores de 50 años... pareciera al menos sospechosa la liviandad con la que toma semejante pérdida de vidas el presidente de Norteamérica. Pareciera una gran pantomima de “casualidades” ya que, haciendo una deducción lógica, la mayoría de las vidas perdidas serán de personas que van dejando o han dejado de ser productivos dentro del sistema, una vez más, capitalista. Qué alivio para el sistema, cierto?

Todo esto, tomando a la potencia como ejemplo simplemente, porque lo mismo sucede con cada economía grande o pequeña, potencia o tercermundista, que esté anclada al sistema capitalista. Claro que ésto es sólo una hipótesis. Una gran pregunta frente a tanta “certeza” que arrojan los medios de comunicación. Una idea de que lo que “están haciendo” es exterminar la mayor fuga que tiene el sistema capitalista: los viejos y las viejas que ya no aportan dinero al sistema pero sí lo gastan.

 

La clave para no reincidir.

Frente la existencia real, material y concreta del Coronavirus, la “solución” inmediata pareciera ser el confinamiento, o al menos la reducción del contacto social. Incluso si acatáramos sin cuestionamiento las “recomendaciones”, se trata claramente de una solución temporal, pues no es posible que todos y todas estemos encerrados y encerradas for ever. Llegará un momento en que no bastará con la compra virtual, ni con salir de a uno por familia a comprar la comida o a buscar abastecerse. No hace falta ser economista para proyectar un desabastecimiento alimentario en las grandes cadenas de supermercados y en el pequeño almacén de barrio. ¿Qué pasará entonces cuando no tengamos qué comida comprar con nuestro dinero porque directamente no haya qué comprar? Claro que podríamos no llegar a ese extremo durante ésta crisis. Pero habrá otras, con otros nombres y otras excusas.

Y aquí aparece el último tópico que me interesa tratar en esta reflexión, porque me parece importante pensarnos en y desde este presente que queremos construir. Es ya evidente que el sistema capitalista no es sostenible, no es sustentable y mucho menos amable ni con el Planeta Tierra ni con nuestros propios cuerpos y cuerpas (sabemos que la calidad de los alimentos que compramos disminuye cada vez más y nos vuelve vulnerables a contraer enfermedades como... adivinaron? el nuevo Coronavirus!). Han sido atacados nuestro presente, nuestro pasado y hasta nuestro futuro por la codicia y la concentración de riquezas que derivan principalmente de, por un lado el extractivismo; y por otro la sumisión alimentaria en la que nos encontramos inmersxs y que sostiene al sitema. No voy a extenderme sobre ello, sino sobre lo que parece ser una luz al final del túnel: si siembras hoy tu primera semilla, en seis meses estarás comiendo el fruto.

No quiero extenderme sobre la utopía de lo que pareciera una lejana soberanía alimentaria. Pero sí dejarles esta idea: cuando vuelva a ocurrir otra crisis como ésta (que volverá a ocurrir con certeza), en mi huerta tendré unas cuantas zanahorias, papas, acelgas y quizá algún frutal. Hoy sólo tengo dinero para ir a abastecerme al súper, y ya he hido al súper y he visto faltante de productos. Mas, mi hijo y mi hija riegan la zanahoria que se van a comer en un par de meses. Los hijos y las hijas de mis vecinos y vecinas, que ya habían con anterioridad tomado conciencia sobre este poder del cultivar el propio alimento, también están sembrando y cultivando sus huertas en este momento histórico. Y si, quizá parece lejano pensarnos soberanos y soberanas alimentariamente porque (aún siendo optimistas) lo más probable es que, en un hipotético futuro “soberano alimentariamente”, no tengamos un vecino o una vecina que produzca arroz, y aún así necesitemos ir a comprarlo. Quizá no podamos gozar de la variedad que ofrecen el hipermercado o los grandes shoppings, pero la comida saludable abundará, creceremos creando conciencia sobre ello y llegaremos a viejos y viejas saludables y resistentes; porque además está comprobado, que en cuerpos que llevan una alimentación saludable, este bichito no se cuela.

Desde el hogar, éste espacio a donde nos hemos volcado “casi casualmente” después de décadas y quizá siglos de pedir “que pare el mundo”; pareciera que brota una respuesta tan mágica como conocida, la de volcarnos a la Tierra y, como en épocas ancestrales, organizarnos de manera colectiva, cooperativa y comunitaria. Conectándonos en lugar de aislarnos.

Está siendo exterminada la mayor fuga que tiene el sistema capitalista: los viejos y las viejas que ya no aportan dinero al sistema pero sí lo gastan


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