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Los caminos no tradicionales del éxito

07/04/2016 19:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Redefiniendo nuestros conceptos del “éxito”, "fracaso" y prejuicios que subyacen a estos dos conceptos que etiquetan implacablemente al ser humano

LOS CAMINOS NO TRADICIONALES DEL ÉXITO

 

La sociedad, a través de padres, abuelos, tíos, vecinos, amigos, conocidos y hasta desconocidos nos ha repetido insistentemente la importancia de cumplir con ciertos requisitos que nos garantizarán el éxito profesional y la realización personal. La trayectoria más recurrente hacia dicha realización es:

 

1)                      Estudia duro y saca las mejores calificaciones  (ESTO ASEGURARÁ QUE LLEGUES A SER: …)

2)                      Aceptado en una Universidad en la que has elegido “inteligentemente” tu carrera  (ESTO TE ASEGURARÁ:…)

3)                      Conseguir un “buen” trabajo

 

Mientras este camino es totalmente real y viable y son admirables aquellas personas que logran conquistarlo, este no se aplica a la vida de todo ser humano.

 

Parecería bastante simple ¿no? y sin embargo ¿qué sucede cuando alguna de estas condiciones no responde a nuestra realidad personal? ¿Estamos inevitablemente sentenciados al fracaso? Porque si no tienes éxito… ¿entonces qué tienes?

 

En este punto es oportuno entender lo que quiere decir la palabra ÉXITO.

 

Según la Real Academia de la Lengua Española, la palabra Éxito proviene del latín “EXITUS” y se refiere a el resultado feliz de un negocio, la buena aceptación que tiene algo o alguien y la terminación de un negocio o asunto.

 

Según el Merriam Webster Dictionary, éxito es el hecho de tener o alcanzar riqueza material, respeto o fama y el resultado deseado de algún intento.

 

Esta peligrosa interpretación de lo que implica “TENER ÉXITO EN LA VIDA”, puede conducir a las personas a sentirse terriblemente frustradas y sentir que han fracasado porque no han amasado la suficiente riqueza económica, fama o reconocimiento que se requiere para considerarse exitosos en toda la extensión de la palabra.

 

Otro problema que implica esta definición del éxito es que el sentido de realización personal de cada individuo responde siempre a estímulos externos. Nos vemos constantemente midiéndonos a nosotros mismos en relación a la buena opinión de los demás y a los cánones de valoración de la sociedad, dejándonos desprovistos del contingente interior para ser nuestros propios proveedores de emociones equilibradas. Si tu fuente primordial de validación viene del mundo exterior, estás tomando un riesgo muy grande porque “los demás” tomarán una pequeña parte de ti…una partícula de información y en ella basarán la visión completa de QUIEN ERES TÚ, y entonces habrás entregado tu poder personal.

 

Y es que desde temprana edad hemos sido bombardeados con imágenes de éxito que llenan las pantallas, revistas y cualquier otro medio de comunicación y publicidad. Todas estas imágenes refuerzan el mensaje de que para SER EXITOSOS debemos cumplir con todas las normas culturales que son implacablemente adoctrinadas desde la infancia.

 

En el caso de no llegar a cumplir estas métricas sociales en el orden y en el grado esperado, nos sentimos terriblemente inadecuados; y si acaso llegamos a satisfacer cada una de ellas al pie de la letra, ingresamos en una dinámica en la que entre más alcanzo, logro y tengo… más tengo que alcanzar, lograr y tener; es decir, nunca alcanzas, logras ni tienes lo suficiente.

 

Este concepto está tan divorciado de la realidad que incluso la STRAYER UNIVERSITY ha lanzado una petición a nivel mundial en la que se pide que el Merriam Webster Dictionary re-defina el significado de la palabra ÉXITO.

 

Pero, ¿Qué pasaría si redefiniéramos el éxito? ¿Qué pasaría si este derivara de tener una buena relación consigo mismo y con los demás? ¿Qué pasaría si el éxito fuera consecuencia de seguir aquello que te llena intelectual, emocional y espiritualmente?

 

Alain de Botton, en su conferencia en la que propone una filosofía más gentil del éxito, habla de que sentirse bien consigo mismo es ESENCIAL para la vida y el ingrediente secreto a la realización profesional, y tiene toda la razón!

 

Cuando hablamos de éxito laboral, de alcanzar la realización profesional, en realidad estamos hablando de ser felices. El principio básico del éxito es la felicidad.

 

Richard Branson, el magnate, inversionista y filántropo inglés dueño de más de 400 compañías a nivel mundial siempre responde en sus entrevistas que la clave del éxito es la felicidad; explica que la sociedad te enseña lo que tienes que hacer, en lugar de lo que tienes que SER, y el dilema entre hacer y ser, es que “el hacer” eventualmente trae consigo momentos de alegría, pero “el SER” provee al individuo de felicidad.

 

El francés, Matthieu Ricard, era uno de los más prometedores biólogos de su generación antes de dejar la ciencia para convertirse en Monje Budista y ganarse el título de “EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO”. Ricard ha sido objeto de intensivas pruebas clínicas llevadas a cabo por la Universidad de Wisconsin en las que han monitoreado sus ondas cerebrales con la más avanzada tecnología médica disponible con el fin de entender el origen de la felicidad. Una diferenciación que hace Ricard es la de la felicidad y el placer; nos explica que el placer tiene un contingente sostenido por el tiempo, el objeto y el lugar, es decir, su naturaleza es fluctuante, en tanto que, la felicidad… el bienestar no es una mera sensación placentera, es un estado de plenitud y serenidad, un estado que impregna y subyace a todos los estados emocionales, incluso aquellos menos placenteros.

 

…Entonces… si sentirse bien consigo mismo es ESENCIAL para el éxito y el principio básico del éxito es la felicidad, y estamos enfocándonos en el desarrollo profesional ¿No es absolutamente CRUCIAL elegir nuestra carrera basándonos únicamente en aquello que conjuga el talento natural con la pasión personal?

 

La elección de una carrera es tal vez una de las decisiones más importantes que tomaremos en nuestras vidas y esta no debe tomarse basada en una idea errónea del éxito, por presión familiar y social o por el perfil del mercado laboral en ese momento. Imagínense por un minuto que Mozart no hubiera seguido su pasión y en su lugar hubiera estudiado arquitectura. El mundo habría perdido a uno de los compositores más grandiosos de su historia y en su lugar habría tenido un arquitecto más o menos. ¿Qué habría pasado si Miguel Ángel hubiera optado por una carrera musical? No habría Capilla Sixtina, ni la escultura de David y en su lugar estaría una que otra composición no tan memorable.

 

El Dr. Ken Robinson le llama al estado de hacer aquello que nos apasiona “ELEMENTO” y sostiene que cuando las personas están en su “elemento” se sienten más ellos mismos, están altamente inspirados y su desempeño llega a ser excepcional y esto es porque están desarrollando un talento innato. El problema es que no todos tienen idea de cuáles son sus verdaderos talentos y de qué son capaces de alcanzar. El ser innatamente bueno en algo no es suficiente; ¡TIENES QUE AMAR LO QUE HACES! A veces las personas se dedican a ciertas profesiones porque son buenos en ellas, más no porque las amen. Vale entonces preguntarse si aquello en lo que soy bueno es también aquello que amo hacer.

 

Ahora bien, es importantísimo identificar la diferencia entre amar hacer algo y amar la idea de hacer algo, porque este algo es algo que vas a hacer por el resto de tu vida. Una persona promedio trabaja de 8 a 9 horas al día, 5 días a la semana; eso quiere decir que el 50% del total de las horas que estamos despiertos estamos trabajando. Cuando encuentres algo que ames lo suficiente para dedicarle la mitad del resto de tu vida, jamás lo llamarás TRABAJO.

 

Steve Jobs dijo alguna vez: “Debes encontrar lo que amas, tu trabajo llenará una gran parte de tu vida, y la única manera de estar en realidad satisfecho es haciendo aquello que crees que es un GRAN TRABAJO, y la única forma de hacer un gran trabajo es amando aquello que haces. Si no lo has encontrado aún, sigue buscando… no te conformes. Cuando lo hayas encontrado lo sabrás, así que sigue buscando y no te conformes jamás”. (Steve Jobs trabajó hasta el día anterior a su muerte).

 

Decidir hacer aquello que resuena con lo que somos, aquello que tiene sentido para nuestras vidas no solo es increíblemente gratificante, sino que además nos proporciona un profundo sentido del propósito, nos permite desarrollarnos en nuestro “ELEMENTO”, y nos ubica en un marco de realidad en la realmente podemos llegar a SER todo lo que soñamos SER.

 

Elegir la carrera correcta hará que conectes con otros individuos que comparten tú mismo amor y pasión por lo que hacen; y es que el éxito también depende del medio en el que nos desarrollamos, porque se alimenta de la curiosidad, la creatividad, el estímulo, la retroalimentación, y la inspiración que este medio nos provee en el día a día.

 

¿Pero qué sucede con todas aquellas personas que no alcanzaron las mejores calificaciones ni ningún otro reconocimiento académico? ¿Pueden estas personas alcanzar el éxito? ¿Las calificaciones y el éxito laboral están irremediablemente enlazadas y no puede existir la segunda sin la primera?

 

La verdad es que las calificaciones no dictan el resto de tu existencia!

 

Estudios publicados de la Dra. Karen Arnold demuestran que el destacar como estudiante no es un indicador eficiente de excelencia profesional, y es que lo uno son logros que se miden bajo un sistema de calificaciones y se basa en ciertos criterios pedagógicos muy específicos que requieren de memorización, repetición de pasos bien definidos y el uso de un tipo de lógica particular y esto no siempre está vinculado a las habilidades que cada individuo posee para responder a la compleja dinámica de la vida y toda la gama de desafíos que esta nos brinda.

 

Mientras que el estudio puede ser una gran experiencia para muchos niños y adolescentes, para otros puede ser una de las vivencias más frustrantes de sus vidas. Estas personas que por una infinidad de razones no respondieron según la norma establecida, crecen con un profundo sentido de desmerecimiento, con la etiqueta de que son menos capaces, inteligentes o valiosos que sus compañeros y son objeto de crítica, rechazo, exclusión, burla y frecuentemente sufren la presión de ser como los demás; crecen bajo la percepción de que esta etiqueta los define como seres humanos y esto es UNA MENTIRA CATEGÓRICA!

 

¿No me creen? Les presento al señor Thomas Edison, uno de los más grandes genios de la era moderna. Su primer maestro lo calificó de distraído, confundido, falto de enfoque. Fue tanta la presión sobre Edison que él tuvo que abandonar la escuela.

 

Paul MCCartney y George Harrison, dos de los legendarios BEATLES fueron constantemente desalentados por sus profesores de música, quienes opinaban firmemente que este par carecía total y completamente de talento musical.

 

A Elvis Presley, “el Rey” ni siquiera se le era permitido acercarse al grupo de teatro musical del colegio porque según maestros y compañeros, dañaba el sonido colectivo.

 

Albert Einstein, una de las mentes más brillantes de todos los tiempos era tildado de tonto, lento y abstraído. Este hombre que es la fiel encarnación de la inteligencia humana solía decir que: “La inteligencia no es conocimiento sino imaginación”.

 

David P. Langford sostiene que no existe una correlación estadística significativa entre altas calificaciones escolares y el nivel de éxito de los individuos en la vida, e incluso el Harvard Business Review publicó que: “El éxito de tipo académico no era un buen indicador de productividad laboral y que se ha descubierto que ni siquiera el Coeficiente Intelectual podía predecir el éxito profesional que un individuo tendría en su vida.

El éxito es una puerta para la que solo uno mismo tiene la llave… no! Es una puerta para la que unos mismo ES la llave

 

Las cosas no siempre son lo que parecen. Las notas definen únicamente un set de circunstancias en un tiempo y un espacio determinado pero no definen a la persona. Fallar y equivocarse es NORMAL, completamente humano y aunque sientas que hayas pedido, eso no te convierte en un perdedor y mucho menos define tu futuro.

 

Rhonda Rousey la ex­-campeona mundial de la UFC habla del fracaso y de lo que aprendió cuando perdió su título frente a Holly Holm. “Me asusta el fracaso, pero no me asusta lo suficiente como para dejar de intentarlo”. Ella sostiene que el error de muchas personas es enfocar demasiada atención al resultado y no al proceso, y esto tiene todo el sentido del mundo, porque es en el proceso donde se encuentran todas las variables, todas las combinaciones de aciertos, desatinos, avances, retrocesos que componen el camino hacia el éxito. Después de que ella perdiera el título mundial dijo en una de sus entrevistas. “Creo que no es bueno que alguien gane todo el tiempo, es bueno perder alguna vez, porque perder te enseña cosas que el ganar jamás te enseñaría”.

 

Estas son muy buenas noticias para quienes temían que el grado de éxito de sus vidas estuviera proporcionalmente condicionado a sus logros académicos. ¿Pero qué sucede con aquellas personas que no lograron cumplir con la segunda condición, la de obtener un título universitario? ¿Están estos seres humanos condenados a llevar una vida carente de éxito?

 

Un estudio llevado a cabo en el 2006 por Accenture con 251 profesionales concluye que si bien la inteligencia facilita el hecho de tener una carrera exitosa, mucho más determinante es el tipo de inteligencia que se tenga. Atributos como consciencia de uno mismo y del entorno junto con otras competencias interpersonales que tienen relación con la Inteligencia Emocional, son los mejores indicadores de éxito que se han llegado a determinar hasta el momento.

 

Daniel Goleman, el padre de la “Inteligencia Emocional” habla de que existen 4 tipos de fortalezas que facilitan el éxito.

 

1)      AUTO-CONSCIENCIA: la capacidad de observar y monitorearse a sí mismo, una fortaleza que facilita la toma de buenas decisiones y que también nos sirve de compás ético y moral.

2)      AUTO-ADMINISTRACIÓN: Es el cómo manejamos nuestras emociones para que no interfieran en el proceso de toma de decisiones. Esta fortaleza nos permite mantenernos enfocados en la meta, sostener el grado de motivación, ser adaptables, flexibles y asertivos.

3)      EMPATÍA: El percibir como los otros piensan y sienten y ver los mecanismos más adecuados para ayudar de manera efectiva.

4)      HABILIDADES PARA RELACIONARNOS: Incluye la comunicación efectiva y el don de inspirar y motivar a las personas

 

Otro de los atributos más impresionantes que facilitan el éxito es el “control cognitivo”, que no es otra cosa que la habilidad de poder y saber esperar el reconocimiento y gratificación en la búsqueda de los objetivos trazados. El contar con esta cualidad le permite al individuo controlar sus impulsos, mantener el control, equilibrar las emociones negativas, mantenerse enfocado y sostener una predisposición hacia el aprendizaje. En un estudio llevado a cabo en más de mil niños por un periodo de 30 años se descubrió que aquellos niños con mayor control cognitivo alcanzaban grandes éxitos profesionales y financieros entre los 30 y 35 años. Este indicador es más veraz que el coeficiente intelectual, que el trasfondo socio-económico, el tipo de hogar del que provinieran e incluso la salud física de los niños en observación.

 

Es impresionante como la ciencia nos demuestra la verdadera naturaleza del éxito que está muy por encima de las estructuras y condicionamientos sociales, pero lo que la ciencia nos corrobora hoy, los seres humanos lo han venido demostrando a lo largo de toda nuestra historia:

 

William Shakespeare, uno de los mayores escritores de todos los tiempos, creador de obras magníficas como Romeo y Julieta, Macbeth y el inventor de más de 1700 palabras estudió en el King’s New School pero abandonó la escuela a la edad de 13 años.

 

Abraham Lincoln: es tal vez el presidente de los Estados Unidos más reconocido por la historia, fue un hombre que jamás formó parte del sistema educativo y todo su conocimiento sobre leyes, equidad social y política fue adquirida a través de la auto-instrucción.

 

Benjamín Franklin, inventor, empresario, científico y autor estudió la gran mayoría de su vida desde casa y no existe ningún registro de formación superior.

 

Henry Ford: El billonario fundador de la Compañía Ford jamás asistió a la universidad.

 

Amadeo Giannini: multimillonario fundador del Bank of America abandonó los estudios en la secundaria.

 

John Griffin: uno de los empresarios más reconocidos de nuestros tiempos relata que cuando tenía que aplicar para un trabajo el inventaba su curriculum con cualquier calificación, disciplina o experiencia que se requiriera del aspirante. El sostiene que para llegar lejos en la vida se requiere de confianza en uno mismo y en la habilidad de marcarse metas altas.

 

David Karp, fundador de Tumblr abandonó la escuela a la edad de 15 y jamás asistió a la universidad.

 

David Geffen, dueño de DreamWorks no obtuvo jamás un título y sin embargo está dentro de los empresarios más reconocidos del mundo.

 

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook abandonó la Universidad de Harvard para iniciar con su compañía.

 

Todos ellos entienden lo que significa luchar, porque a diferencia de los estudiantes excelentes o de aquellos que pudieron concluir sus carreras universitarias, ellos desde su infancia tuvieron que aprender a manejar la frustración, a superar sus fracasos, a creer en sí mismo por encima de la desalentadora opinión del resto del mundo, a administrar sus pensamientos y emociones para que estas trabajaran a favor de sus sueños y no en contra.

 

Todas estas personas tienen algo en común: LA TENACIDAD. La Dra. Angela Lee Duckworth define la tenacidad como el coraje, la determinación, la fuerza de carácter y las agallas que sostienen a un individuo firmemente tras de la meta trazada. La característica más importante de la tenacidad es que esta se sostiene día tras día, mes tras mes, y año tras año…no declina, debilita ni desvanece. La Dra. Duckworth condujo un estudio en la Escuela Pública de Chicago y descubrió que los chicos caracterizados por su tenacidad alcanzaban sus metas por encima de los chicos con inteligencia emocional. Según la Dra, el lograr sus propósitos tenía poco que ver con sus talentos, ya que mucha gente talentosa no persigue sus sueños. La tenacidad de la que ella hablar está profundamente relacionada con la percepción y la estructura mental del individuo.

 

Tom Peters desarrolla una famosa frase de Woddy Allen que dice: El 80% del éxito está en presentarse y es así! El 80% de hacer 1 hora de cardio no son los 45 minutos sobre la corredora, el 80% de 1 hora de cardio es levantarse de la cama, ponerse la ropa adecuada, enfrentar el tráfico que te espera una vez que llegas a la puerta de tu casa sabiendo que probablemente 45 de los 60 minutos van a ser una agonía y aun así…ir.

 

Algo que estos individuos entienden es que existe una diferencia abismal entre el fracaso, entre el “NO” y el “NO AÚN”. Ellos comprenden que el “no aun” es una limitación que responde a una condición en un tiempo y espacio específico y que puede ser mejorada o cambiada y que no define al individuo. Sería catastrófico concebir que una oportunidad cuando se cierra se cierra para siempre. Para estos individuos solo el existe el retraso, no el impedimento. Este saludable paradigma con respecto a los fracasos evita que cometan el gravísimo error de compararse con alguien que no sean ellos mismos, los libera de la necesidad de validación constante; cuando encuentran un error, no huyen de este, no evitan la frustración asociada con el fracaso, al contrario, buscan nuevas estrategias, caminos de progreso y se dan ánimo constante para seguir perseverando.

 

Los fracasos no son una condición permanente, y la creencia de que uno es un fracasado es la percepción que puede descarriar el desarrollo de tu vida. Cuando entendemos la mente, entendemos que podemos cambiar todos estos patrones de pensamiento que no sirven a nuestro mayor y más alto interés.

 

De acuerdo con una seria investigación, Mathew Kane indica que los indicadores más acertados para el éxito son:

 

1)      Auto- regulación: manejar las emociones de manera exitosa para proponer respuestas racionales en vez de emocionales tomándose el tiempo necesario para reflexionar lógicamente sobre ellas.

2)      Una mente predispuesta al crecimiento: dar la bienvenida a los desafíos creyendo ferozmente en la habilidad que se tiene para enfrentarlos.

3)      Resiliencia: ser capaz recibir golpes y volver al estado original antes de que estos se manifestaran. Es volver al plan original sin desmoronarse ante el fracaso, aceptar que algo no funcionó y buscar nuevas formas de solución… no entretener la mente con victimismo ni auto-conmiseración.

4)      Pasión sin descanso: el empuje de seguir y perseguir una meta… es el motor emocional que empuja a la mente, la creatividad, el carácter a alinearse a sus sueños.

5)      Empatía: El poder trasladarse al lugar de los demás y desde ese punto reducir la tensión y buscar vías de conciliación en vez de confrontación.

6)      Ser concienzudos: este tipo de personas son disciplinados, enfocados y excelentes planificadores. Estos individuos no asumen que lo saben todo y por lo tanto ponen mucha atención en la opinión de otros y la información que los pueda guiar de mejor manera.

7)      Apertura a la experiencia: las personas curiosas, que buscan explicaciones tienen 4 veces más las probabilidades de triunfar en la vida que la gente que se conforma con la información general provista.

8)      Habilidades Sociales: son individuos que pueden trabajar en una red, funcionar como equipo, acercar a las personas y aún mantenerse enfocados en la tarea. Esto va más allá de ser amigable, es ser emocionalmente capaz de enfrentar cualquier situación.

 

 

Lo formidable de toda esta información es que todos y cada uno de los atributos y características de personalidad que conducen al éxito pueden ser aprendidas, desarrolladas y aumentadas. Solo se requiere de la decisión y esta decisión solo se la puede conceder o negar uno mismo.

 

Creo firmemente que tener sueños y aspiraciones que le den sentido a la vida y querer alcanzarlas con toda la seriedad del caso es imperativo en el logro de la realización personal.

 

Tengo total, completo y absoluto convencimiento de que todas las personas están facultadas para alcanzar el éxito en aquello que decidan emprender, que no existe condición, limitación o circunstancia que lo impida.

 

El éxito es algo que por derecho nos corresponde, es parte de nuestra condición humana y reside su potencial en cada uno de nosotros. Es una puerta para la que solo uno mismo tiene la llave… no! Es una puerta para la que unos mismo ES la llave.

Cuando hablamos de éxito laboral, de alcanzar la realización profesional, en realidad estamos hablando de ser felices. El principio básico del éxito es la felicidad

 

Suerte a todos!

 

Escrito por Ángeles Cagigal


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