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¿Binomios que restan?

01/12/2016 19:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lenin Moreno no está bajando en las encuestas. No. Hay cada vez menos indecisos y estos se deciden por cualquier otra opción, menos por la del correísmo. Con lo cual podría decirse que el voto duro del oficialismo consiste en un techo muy bajo

Lenin Moreno y Guillermo Lasso son las principales cartas del oficialismo y la oposición para la presidencia del Ecuador según las encuestas. Mientras Moreno debe luchar por mantener cautivo a su voto pesimista, motivar a los indecisos con el continuismo y mostrar su rechazo a las acusaciones de corrupción en contra de sus propios compañeros de partido; Lasso debe incrementar en electores optimistas, convencer a una parte de los electores pesimistas de Moreno y restar importancia a las vinculaciones publicitarias sobre sus relaciones con el feriado bancario.

Aunque Moreno tiene el peor compañero de fórmula y Lasso pudo tener uno mejor, ¿qué nos dicen los hechos?

Páez, el fusible.

Andrés Páez no fue ungido como el acompañante en la fórmula presidencial de Lasso porque le sume votos. Él no suma, resta. El banquero candidato es un empresario. Para decidirse por Páez, Lasso habrá calculado el “costo-beneficio” electoral.

Páez le cuesta a la candidatura de Lasso. Le cuesta mucho. Es un disidente de la Izquierda Democrática, expulsado en medio de un escándalo, que ganó las elecciones auspiciado CREO, que nunca participó de ninguna forma con su nuevo bloque ideológico, que se mantuvo al margen, que la gente lo conoce por buscapleitos más que como el legislador que más iniciativas propuso durante el último periodo legislativo.

¿Cuál es entonces el beneficio? Si Páez puede restarle a Lasso, más puede restarles a los adversarios. Su discurso inquisidor con el correísmo no genera mayores adhesiones que se puedan traducir en votos, pero en una posible segunda vuelta presidencial, su presencia podría ser desequilibrante.

En la última década la clase media se estabilizó, las condiciones de infraestructura de servicios se modernizaron y se respira un clima de institucionalidad. También hay serias denuncias de corrupción que salpican a los principales cuadros del correísmo, hay un agudo recorte a las libertades individuales como producto de las agobiantes cargas tributarias y por la obsesión del gobierno nacional en persecución a las voces disidentes, así como hay, también, un marcado tono de agotamiento por el correísmo y por su obsoleta filiación al castro-chavismo.

Lasso se siente en la segunda vuelta. En cada una de sus intervenciones públicas se presenta como el candidato instalado en la disputa por la presidencia. El banquero confía en su estrategia de campaña y sabe que Páez, como cualquier otro binomio que acompaña en sus adversarios, genera costos electorales. Pero también se siente seguro de protagonizar su estrategia personalista durante la campaña, de convertirse en la cara más representativa de esa clase media que busca un cambio, y está seguro de opacar a su binomio durante la primera vuelta, para convertirlo en titular durante la segunda.

Lasso está seguro de poder aminorar estos costos políticos, de pagar al más bajo costo la presencia de Páez en su papeleta, de revalorizar su presencia, de convertirlo en su caballo de batalla cuando la campaña se torne más agresiva, de convertirlo en fusible mientras se discuta sobre los casos de corrupción y de abusos de poder, y de quemarlo, si eso fuera necesario.

El 50% de intención del voto atribuido a Moreno en enero de este año, con el 60% de indecisión, podría ser el mismo 20% de votos en las elecciones de febrero de 2017

Los números: pesimistas y optimistas.  

Estas no son conjeturas. En una encuesta bajo suscripción de Visor, en la que se pregunta la preferencia electoral en comparación con el estado de ánimo de los electores, los resultados demuestran que el mayor voto optimista se concentra en Guillermo Lasso, mientras que el mayor voto pesimista en Lenin Moreno. Un cuatro del voto de Moreno es optimista en comparación con el voto pesimista de las tres partes restantes, mientras que tres cuartos del voto son optimistas frente a los pesimistas en Lasso. ¿Qué significa que el voto de Moreno sea pesimista y el de Lasso optimista?

Los pesimistas se expresan en el voto económico. Aquello que modifica las condiciones de vida de las personas condiciona sus preferencias electorales. La persecución tributaria, la confiscación del patrimonio hereditario, la falta de empleo, la carestía de la vida y la crisis económica ahuyenta a los electores que vivieron cierta estabilidad durante este gobierno. Estos son los electores que querrán cambiar de opción o que podrían mantenerse fieles dependiendo del arraigo partidario del oficialismo.

El correísmo pondrá a prueba su penetración y correspondencia, o en otros términos su arraigo partidario. Si consiguieron convertir a sus clientes en militantes y a estos en su electorado fijo, llamado también como “voto duro”, entonces, aun en las circunstancias económicas más adversas podrán conservar su electorado. Pero eso es más difícil que convertir favores políticos en votos. Los mismos clientes del correísmo podrían haberlo sido del roldosísmo o del socialcristianismo, con lo cual, al cambiar de circunstancias políticas cambiarían también de preferencias electorales.

Tampoco es cierto que Lenin Moreno esté cayendo en las encuestas. No. Hay cada vez menos indecisos y estos se deciden por cualquier otra opción, menos por la del correísmo. Con lo cual podría decirse que el voto duro o el voto de arraigo del oficialismo consisten en un techo muy bajo. El 50% de intención del voto atribuido a Moreno en enero de este año, con el 60% de indecisión, podría ser el mismo 20% de votos en las elecciones de febrero de 2017, siempre que su funcione su estrategia de mantener cautivado a su electorado. Moreno sigue cayendo, con los mismos votos porque el correísmo no puede crecer en medio de las denuncias de corrupción, del agotamiento de su modelo y de la crisis económica.

La agresiva publicidad negativa en contra de Guillermo Lasso por sus vínculos con los gobiernos de Jamil Mahuad y de Lucio Gutiérrez no buscan conseguir nuevos electores sino conservar los actuales. Busca refrescar la memoria de los correístas más apasionados y alimentar sus resentimientos en contra del libre mercado, las libertades individuales y el estado mínimo, que es la propuesta del banquero Lasso.

Pero Lasso responde, tal vez ingeniosamente, a esta arremetida guardando un “as bajo la maga”. Se asoció con el único asambleísta opositor que no esconde sus intenciones de escalar en su cólera frente al correísmo. Conservando el 22% del electorado hasta empezar con la campaña política, Lasso podría incrementar su electorado precisamente con los pesimistas de Moreno. Páez podría convencerlos con su discurso tremendista, mientras Lasso continuaría hablando de empleo, de oportunidades y de libertades.

Lasso tiene como binomio a un perro rabioso. Moreno tiene a una babosa, aburrida y repugnante. Uno de ambos dará mejores resultados.

@ghidalgoandrade


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (228 noticias)
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Tipo:
Opinión
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