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El alcohol la peor de las drogas

10/01/2020 05:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La revista médica inglesa informa de los daños que el alcohol puede causar al consumidor y por qué

 Lancet'. El informe de la famosa revista médica ha medido casi matemáticamente el perjuicio que causa la sustancia al consumidor y a las personas que le rodean

En España el consumo suele iniciarse alrededor de los 13, 7 años, pero no hay que olvidar que esa es la media; algunos empiezan, pues, mucho antes. Curiosamente, el número de chicas que ingiere alcohol es superior al de los chicos; en cambio, estos beben más cantidad. El 71% de los jóvenes entre 14 y 18 años lo han probado; 6 de cada 10 se han emborrachado alguna vez y 1 de cada 3 lo han hecho en los últimos 30 días.

Está demostrado que el alcohol produce graves efectos físicos, psíquicos y sociales. Recordemos, además, que es ilegal consumirlo antes de los 18 años. Sin embargo, todo el mundo sabe que si un joven menor de edad desea beber alcohol, consigue hacerlo por mucho que esté prohibido su consumo. De hecho, los jóvenes se reúnen en la calle y obtienen sin dificultad bebidas alcohólicas. Es más, la mitad de los adolescentes españoles no cree que tomar 4 o 5 copas durante los fines de semana puedan ocasionar problemas de salud. Aunque soy consciente de la dificultad que entraña atajar este problema, me temo que las autoridades administrativas y sanitarias no ponen un gran empeño en hacerlo. En mi opinión sería necesario, en primer lugar, ofrecer a los jóvenes información sobre los efectos de la ingesta de alcohol (sé que se dan algunas charlas, pero no conozco una labor sistemática en este sentido); y, en segundo lugar, sancionar adecuadamente las conductas inciviles.

Por lo demás, a pesar de todo, numerosos jóvenes de mi edad saben prescindir del alcohol a la hora de salir, para disfrutar sanamente de la noche, divertirse,

 

 

El alcohol es más dañino que la heroína y el crack si se considera de una manera combinada el perjuicio que causa al consumidor y a las personas que le rodean, según un estudio publicado  en la revista médica 'The Lancet'. El informe, elaborado por dos ex asesores del Gobierno británico, David Nutt y Leslie King, tiene por objetivo elaborar políticas estatales más eficaces para paliar el impacto social de sustancias adictivas, entre las que se incluyó también el tabaco.

 

La tarea no es fácil dado el amplio abanico de efectos dañinos que pueden tener las drogas en el consumidor y en su entorno, según explicaron los autores en el prólogo de la investigación.

 

Un estudio previo dirigido por Nutt en 2007 causó controversia al establecer nueve criterios principales de daño, desde el mal intrínseco de las drogas a los costes sanitarios que genera, cada uno de ellos con un mismo peso valorativo en la evaluación final.

 

Para mejorar el resultado, este estudio empleó el denominado Análisis de Decisión Multicriterio, una técnica que ya ha sido empleada con éxito para asesorar a las autoridades en cuestiones con multiples aristas como el almacenamiento de residuos nucleares.

 

Nueve de los criterios empleados en este estudio tuvieron que ver con el daño que una droga causa en el individuo y otros siete con los daños causados a otros, y todos ellos fueron divididos en cinco subgrupos referidos a los daños físicos, psicológicos y sociales.

 

Las sustancias fueron valoradas del 0 al 100, siendo 100 el nivel máximo de daño causado en cada criterio específico.

 

Las nueve categorías de daño al individuo fueron: mortalidad a causa directa del consumo, mortalidad derivada del consumo, daño directo a causa del consumo, daño derivado del consumo, dependencia, discapacidad mental a causa del consumo, pérdida de capacidades de la percepción, daño a las relaciones personales y lesiones.

 

Las siete categorías de perjuicios a los demás fueron: crimen, conflicto familiar, daño al entorno cercano, daño al conjunto de la sociedad, coste económico y deterioro de la cohesión comunitaria.

 

Teniendo todas estas cuestiones en cuenta, el alcohol obtuvo una puntuación de 72, seguido de la heroína (55) y el crack (54).

 

El resto de drogas fueron: metanfetamina en cristal (33), cocaína (27), tabaco (26), anfetaminas (23), cannabis (20), ácido gama-hidroxibutírico (18), benzodiazepinas (15), quetamina (15), metadona (14), mefedrona (13), butano (10), khat (9), éxtasis (9), esteroides anabolizantes (9), LSD (7), bupremorfina (6) y setas (5).

 

Con estos resultados, los autores del estudio subrayaron que el alcohol, además de ser la droga más perjudicial en términos generales, es casi tres veces más dañina que la cocaína y el tabaco.

 

Los autores indicaron que la heroína, el crack y la metanfetamina en cristal fueron las sustancias más dañinas para el individuo que las toma, mientras que el alcohol, la heroína y el crack lideraron la lista de las más perjudiciales para el entorno directo.

 

Sistema de clasificación

 

El profesor Nutt, que dimitió hace unos meses de su cargo de asesor del Gobierno británico en cuestiones de drogodependencia tras afirmar que consumir éxtasis era menos peligroso que montar a caballo, defendió el modelo de clasificación y recordó que es el más preciso que se conoce hasta ahora para estas cuestiones.

 

«Encontrar los contrapesos necesarios es crucial porque influyen en los resultados generales. Este proceso ha de basarse necesariamente en los cálculos y la opinión, por lo que la mejor manera de llevarlo a cabo es a partir del consenso de un grupo de expertos trabajando de manera conjunta», explicó.

 

Los autores destacaron que sus conclusiones respaldan las de trabajos previos realizados en el Reino Unido y Holanda, “confirmando que el actual sistema de clasificación de las drogas no se corresponde con las pruebas acerca del daño que causan”.

 

“También coinciden con la conclusiones de anteriores informes de expertos acerca de que afrontar de manera decidida los perjuicios derivados del alcohol es una estrategia de salud pública válida y necesaria”, concluyeron

En el balance energético global, no se tiene en cuenta el aporte calórico

En España el consumo suele iniciarse alrededor de los 13, 7 años, pero no hay que olvidar que esa es la media; algunos empiezan, pues, mucho antes. Curiosamente, el número de chicas que ingiere alcohol es superior al de los chicos; en cambio, estos beben más cantidad. El 71% de los jóvenes entre 14 y 18 años lo han probado; 6 de cada 10 se han emborrachado alguna vez y 1 de cada 3 lo han hecho en los últimos 30 días.

EStá demostrado que el alcohol produce graves efectos físicos, psíquicos y sociales. Recordemos, además, que es ilegal consumirlo antes de los 18 años. Sin embargo, todo el mundo sabe que si un joven menor de edad desea beber alcohol, consigue hacerlo por mucho que esté prohibido su consumo. De hecho, los jóvenes se reúnen en la calle y obtienen sin dificultad bebidas alcohólicas. Es más, la mitad de los adolescentes españoles no cree que tomar 4 o 5 copas durante los fines de semana puedan ocasionar problemas de salud. Aunque soy consciente de la dificultad que entraña atajar este problema, me temo que las autoridades administrativas y sanitarias no ponen un gran empeño en hacerlo. En mi opinión sería necesario, en primer lugar, ofrecer a los jóvenes información sobre los efectos de la ingesta de alcohol (sé que se dan algunas charlas, pero no conozco una labor sistemática en este sentido); y, en segundo lugar, sancionar adecuadamente las conductas inciviles.

Por lo demás, a pesar de todo, numerosos jóvenes de mi edad saben prescindir del alcohol a la hora de salir, para disfrutar sanamente de la noche, divertirse,

Una copa (100 ml) de vino tinto, 85 kcal; ron (45 ml), 197 kcal; mojito (177 ml), 143 kcal; cerveza (botellín de 1/5), 90 kcal... Con estas credenciales energéticas, decir que el alchol engorda puede parecer una chorada.Pero los mecanismos que esta sustancia desencadena en nuestro organismo van más allá de lo que refleja la báscula: las calorías procedentes del alcohol ni se metabolizan ni se almacenan de la misma manera que las que se obtienen de otras fuentes alimenticias y, además, esta sustancia impide que el organismo utilice adecuadamente sus reservas energéticas, boicoteando por tanto los intentos de adelgazar. Y hay más peculiaridades en esa especial relación que el alcohol mantiene con el peso y la ghrasa almacenada en el organismo:

CLases de calorías

Se sabe que las calorías del alcohol son vacías, “esto es, no aportan nutrientes, por lo que no son aprovechadas por nuestro organismo de la misma manera que las que proceden de otro tipo de alimentos”, explica el doctor Juan Carlos Pércovich, especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Quirónsalud Sur. En la misma línea, la doctora Paula Rosso, experta en nutrición del Centro Médico Estético Lajo Plaza, advierte que no hay que perder de vista que un exceso puntual de alcohol –la típica noche de copas, por ejemplo– puede aportarnos más de la mitad de las calorías totales que necesitamos consumir en un día.

 

 

Pero ¿hay alguna bebida que favorezca más que otras el aumento de peso y el acúmulo de grasa en el organismo? “Los efectos de las bebidas alcohólicas dependen de la cantidad de alcohol ingerido (por lo tanto, las de mayor graduación) y de los azúcares aádidos en el caso de los combinadosson las peores”, comenta el doctor Miguel Ángel Martínez Olmos, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). “En relación con esto, hay algunas investigaciones epidemiológicas, como el estudio europeo EPIC o un estudio reciente llevado a cabo en la Clínica Mayo (EEUU), que sugieren que la tendencia a ganar peso es mayor con la cerveza que con el vino”.

Más hidratos de carbono. (iStock)

En cuanto a las opciones 'sin', Martínez Olmos opina que el hecho de que tengan menor contenido alcohólico puede ayudar, “pero hay que tener en cuenta otros nutrientes presentes en estas bebidas, normalmente carbohidratos.La edad tanbien influye

La repercusión del alcohol sobre el peso es más intensa/evidente a medida que vamos cumpliendo años por una cuestión fisiológica, como explica el representante de la SEEN: “El peso corporal depende del balance entre el ingreso (en este caso la bebida alcohólica) y el gasto energético; este último disminuye con la edad, por lo que una ingesta alcohólica similar puede desequilibrar la balanza en las personas con más años”. Pero esta evidencia no significa que el metabolismo sea más indulgente con los jóvenes respecto a las calorías procedentes del alcohol ni que no pase factura a medio-largo merican plazo: según los resultados de un estudio publicado en agosto del año pasado en el 'AJPM), los jóvenes que consumen habitualmente mucho alcohol (cuatro o más bebidas al día) tienen un riesgo mayor (un 41% más) de desarrollar sobrepeso y obesidad en la edad adulta.

La tripa cervecera

Según el doctor Martínez Olmos, hay estudios metabólicos que demuestran que cuando se ingiere alcohol, este se utiliza como fuente de energía 'prioritaria', disminuyendo la capacidad que tiene el organismo de oxidar (quemar) nuestras reservas energéticas, sobre todo la grasa endógena. “Las investigaciones disponibles indican, además, que hay una tendencia a un mayor acumlo de grasav en el abdomen, lo que a su vez implica un mayor riesgo cardiovascular”.

Paula Rosso recuerda que, además de “acaparar la atención” de los procesos metabólicos de quema de calorías, el alcohol es rico en azúcares, que también se acumulan en forma de glucógeno o grasas en el organismo. “Estos acúmulos se producen más fácilmente en la región abdominal (lo que se conoce como 'tripa cervecera') sobre todo en los hombres; en el caso de las mujeres, es más habitual que se localize en la zona de las caderas”.

 Sensacion de hambre

Al igual que hace con otras actitudes y comportamientos, el alcohol también altera la sensación de hambre, llevándonos a comer más sin darnos cuenta. “Es habitual que las ingestas de alcohol vayan acompañadas del consumo de otros alimentos, generalmente con alto poder energético, y también que se pierda la capacidad de controlar adecuadamente el apetito”, comenta Martínez Olmos. Este efecto puede ser mayor cuando bebemos sin haber comido antes, como explica el doctor Pércovich: “Esta sustancia produce un mal manejo de la saciedad y disminuye la liberación de glucosa en el´higado, de ahí que ingerir alcohol con el estómago vacío sea una circunstancia añadida a ese descontrol en la ingestión”.

Por tanto, y como 'mal menor', siempre es recomendable acompañar la ingesta alcohólica de otros alimentos (unas tapas, por ejemplo): “La absorción de alcohol comienza ya en el estómago; si se han consumido previamente alimentos (sobre todo si son ricos en grasas),  se ralentiza la velocidad de absorción”, dice Martínez Olmos.

Otro efecto 'engordante' del alcohol es que nos hincha, algo que, como explica Juan Carlos Pércovich, es consecuencia directa de las alteraciones que esta sustancia produce en el metabolismo del agua del organismo y que tiene como consecuencia una deshidratación, circunstancia que, a su vez, puede hacer que nos sintamos hinchados, “aunque, por suerte, este efecto desaparece al dejar de beber, al igual que al reducir el consumo de calorías se pierde peso”.

Dolor de cabeza y también hinchazón y deshidratación. (iStock)

Esta hinchazón también está propiciada por la forma en la que el hígado metaboliza el alcohol: “En este proceso se produce acetaldehído, una sustancia similar al vinagre, que tiene un cierto efecto tóxico en el propio hígado, en el cerebro y en las paredes del estómago,  favoreciendo la inflamación. A esto hay que unir que para metabolizar el alcohol, el organismo necesita recurrir a las reservas de vitaminas y minerales, lo que, además de déficits, produce una sensación de fatiga”, comenta Paula Rosso, quien añade un efecto más del alcohol sobre el volumen corporal: “Su ingesta favorece la acumulación de toxinas, un factor que participa directamente en la formación de celulitis”.

Es posible plantar cara a estos efectos

 Sin renunciar a las cañas o los gin-tonics, algo se puede hacer. El doctor Pércovich se muestra totalmente contrario a adoptar un enfoque del tipo 'trucos o medidas para beber alcohol sin aumentar de peso'. “Ahora bien –matiza–, es verdad que si se incorporan a la dieta el ejercicio y la ingesta recomendada de otros nutrientes como las grasas, los hidratos de carbono y las proteinas, entonces sí se puede compensar en algo la ingesta de alcohol, pero siempre y cuando esta sea baja”.

 

De la misma opinión es Miguel Ángel Martínez Olmos, quien recuerda la importancia de un consumo moderado (en personas que no tengan contraindicación en este sentido), en el contexto de unos hábitos de vida saludables: “Esta es la mejor recomendación para evitar no solo los kilos de más, sino todos los efectos indeseables del alcohol”.

 

Y un consejo final: recordar que las bebidas en general y las alcohólicas en particular también cuentan cuando nos replanteamos nuestros patrones dietéticos porque, como señala Martínez Olmos, “generalmente, cuando se hace el balance energético global, no se suele tener en cuenta el aporte calórico de estas opciones”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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