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¿RIP correísmo?

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01/11/2021 23:12 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿De dónde procede, entonces, la montaña de votos que actualmente permite al correísmo disponer del 35% de la representación legislativa? Proviene de las estructuras locales perfectamente bien ensambladas, organizadas y financiadas tras 14 años de correísmo y morenismo. Pero sin el Estado son nada

El correísmo muere. Lo saben sus propios dirigentes. De la organización que impulsó la candidatura de Rafael Correa en 2006 y de la infraestructura que se instaló en la presidencia del gobierno del Ecuador entre 2007 y 2017, no quedan ni las pisadas. Tampoco quedan rastros de sus perjuros que prolongaron al correísmo persiguiendo a los correístas entre 2017 y 2021.

Rafael Correa no inventó el correísmo. El correísmo es la prolongación espontánea de un fenómeno anterior que extirpó las bases populares a los partidos de izquierda desde el segundo tercio del siglo pasado o incluso antes. El velasquismo, el bonifacismo, y el guevaramorenismo que migró al bucaramismo de Assad y después de Abdalá, hasta llegar al correísmo, son procesos de edificación de los personalismos basados en el culto al líder autoritario. Según esta fórmula, la persona del caudillo es la reencarnación del pueblo. Sin este mesías, las masas no se redimen de una supuesta opresión y de un enemigo imaginario.

En el populismo, la persona del líder es un significante vacío y en ese lugar ficticio se mezclan anhelos, demandas, revanchas o venganzas de distinto cuño ideológico, desde la derecha más conservadora a la izquierda más reaccionaria. Y aunque para algunos el populismo es simplemente una metodología, el correísmo se ha mezclado con matices cada vez más antidemocráticos, anticonstitucionales, antipluralistas y antilógicos. El fenómeno populista alrededor de Rafael Correa contradice toda lógica porque es cada vez más irracional, supersticioso y tiránico.   

Precisamente por eso el correísmo está en extinción, porque al principio fue incluyente, diverso y dinámico. Hoy el correísmo es un populismo perezoso. Acuartelado en las redes sociales para insultar a todo el mundo, crea ejércitos de identidades digitales falsas para viralizar contenidos de sus voceros que solo ellos consumen. Militan políticamente desde sus teclados, operan solo bajo retribuciones que ya no están dispuestos a pagar y que al momento de desplegarse en las calles dependen de sus estructuras locales de poder que ya no se reportan a un mando centralizado como cuando Rafael Correa era el omnipresente gobernante de su mundo.    

El correísmo hoy depende de un líder ausente, deslucido y fatigado. Rafael Correa ya no es el rutilante, categórico y llamativo líder de la extinta plataforma compuesta por 30 distintas organizaciones de izquierda militante. Hoy es apenas el pastor de una facción de fanáticos digitales que le tiran corazones a sus publicaciones. Sin las poderosas catapultas que tuvo en un inicio, Correa es la sombra de lo que fue.  

En 2008, inmediatamente después de expedir su Constitución concentradora de poder, el correísmo se desembarazó poco a poco de sus principales socios en la izquierda militante con la intención de formar un solo bloque de operación política, de acabar con la oposición democrática, de instalar un Estado unipartidario y de consagrar a un solo líder como jefe perpetuo de todos los poderes públicos.

Pero la ambición rompió el saco. El precio del petróleo cayó en el 2015 y ya sin dinero el presidente empezó a perder su popularidad. Después de ser despedidos o desencantados, sus principales socios en la izquierda se reconfiguraron y ahora mismo gozan de una indiscutible legitimidad electoral. Es innegable la fuerza del Movimiento Pachakutik o de la Izquierda Democrática, que entre los dos hoy concentran más del 30% de la representación legislativa conseguida en las últimas elecciones de 2021. De tener en el 2017 el 5% de los escaños, crecieron exponencialmente por el inevitable desencanto de los votantes en una izquierda autoritaria y por el incuestionable agotamiento del correísmo.

¿De dónde procede, entonces, la montaña de votos que actualmente permite al correísmo disponer del 35% de la representación legislativa? Proviene de las estructuras locales perfectamente bien ensambladas, organizadas y financiadas tras 14 años de correísmo y morenismo. Pero sin el Estado son nada. Como no pudieron ganar la presidencia no tienen qué repartirse: ni puestos, ni contratos y, en muchos casos, ni sobornos. Esas mismas estructuras apostarán por los gobiernos locales, pero junto a quien tenga más posibilidades de ganar en cada lugar.

El correísmo muere. Y lo saben sus propios cabecillas. Hoy el novel movimiento populista es apenas una araña en comparación con su colosal progenitor. Algunos dirán que con el voto populista sobrevivirá, pero tendrán que compartirlo con los nuevos liderazgos nacidos del Paro Nacional. Además, tendrá que superar su intensa fractura interna, su dispersión regional, su guerra de sucesión, su total ausencia de brújula política y el riesgo de ser devorados por Jaime Nebot.

El correísmo es la prolongación espontánea de un fenómeno anterior que extirpó las bases populares a los partidos de izquierda desde el segundo tercio del siglo pasado o incluso antes

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El correísmo muere. Pero eso no quiere decir que no haya herederos. Son los que entendieron que el correísmo y el socialismo del siglo XXI son categorías obsoletas. Saben que ambas etiquetas están tan desprestigiadas que ahora buscarán reemplazarlas con lo "progresista" y con el "socialismo del buen vivir". Así el correísmo busca marcar distancias con el gobierno de Caracas y constituirse en un proceso autónomo, lejos de la catástrofe humanitaria que está provocando Nicolás Maduro en Venezuela. Pero ya es tarde para eso.

Las últimas elecciones presidenciales infringieron una profunda herida en los exiguos frentes correístas. Para un fenómeno burocrático sin base popular, levantado en torno al poder y a la administración, sin gobierno qué repartir, el último recurso que queda es la divinización, la victimización y el ridículo. Sin Estado, el correísmo agoniza. Esa es la razón por la cual no asisten ni asistirán a la convocatoria hecha para el Paro Nacional, porque no tienen bases populares, organización, ni norte. Solo tienen a un puñado de clientes con almas burocratizadas, desesperados por recuperar sus antiguos espacios de poder.

Tal vez ganaban la presidencia si candidateaban a Marcela Aguiñaga. Lo mismo se cree de Carlos Rabascall. El correísmo tuvo una larga lista de presidenciables, pero al parecer se decantaron por la última de sus opciones porque no querían ganar la elección, querían perderla. Y la perdieron. Con un Estado quebrado por las deudas y desmoralizado por la pandemia, prefirieron operar desde la oposición. Y eso es lo que hacen: oponerse a todo.

Como compensación, nombraron presidenta del renacido movimiento a Marcela Aguinaga y, para evitar cualquier descarrilamiento, la acompañaron de algunos de los insultadores digitales más procaces en el directorio, pero excluyeron nuevamente a los pocos lideres populares de la organización, lo que confirma que la apuesta electoral del correísmo será por lo digital en lugar de lo militante y que nunca fueron un partido político de masas ni de base popular, sino un proyecto burocrático de clientes y de militantes digitales.  

El correísmo muere porque no volverá a la administración del poder central. La aparición, crecimiento y actual proceso de desplome de sus tres momentos, entre el correísmo y el morenismo, responde a un fenómeno estadístico llamado distribución normal, destino que ya fue explicado con precisión casi profética en otra columna de opinión, publicada varios meses antes de que se celebraran las presidenciales de 2021, en donde se pronosticó la derrota del correísmo. En resumen: en 2006 obtuvo el 23%, en 2009 el 52%, en 2013 el 57%, en 2017 el 39%, en 2021 el 33%. ¿Cuánto obtendrán en las próximas elecciones presidenciales?

Si el correísmo obtiene el porcentaje histórico del voto populista en el orden del 26% repetirá su acceso al balotaje presidencial, pero esto solo puede suceder en tanto no tenga competidores en ese espectro. Sin embargo, ahí ya tienen a un fuerte adversario: Leonidas Iza. El dirigente podría juntar el voto populista y el voto indigenista, así como ganar espacio en el voto juvenil posmoderno y modificar todas las tendencias en las presidenciales de 2025. Iza tiene varias ventajas: fue forjado en el trabajo de base, entiende las complejidades de la organización social, habla el lenguaje popular, se expresa con precisión frente a la prensa, y plantea la alternativa de una izquierda aglutinadora. Es decir, Iza tiene todo lo necesario para archivar al correísmo y para ocupar su lugar.

Rafael Correa no inventó el correísmo. El correísmo es la prolongación de un fenómeno espontáneo de personificación de la política llamada populismo. El correísmo es la reinterpretación del populismo que en ausencia de Rafael Correa está destinado a la fractura, al fratricidio y a la extinción. Ya quedó demostrado que su actual fuerza legislativa es un espejismo.

Al correísmo podría sucederle lo mismo que al Partido Roldosista Ecuatoriano cuando apoyó la aventura constituyente de Rafael Correa en 2006: pactaron el retorno de Abdalá Bucaram, luego lo postergaron hasta los últimos días de la presidencia de Correa y cuando vino durante el gobierno de Lenin Moreno, veinte años después, perdió las elecciones porque ya nadie se acordó de él.

Las bases, estructuras y recursos del roldosismo fueron reclutados por un naciente izquierdismo en el 2006, liderado por un tal Rafael Correa. Así se extinguió el PRE. Dentro de poco, las bases, estructuras y recursos del correísmo serán reclutados por un naciente izquierdismo liderado por un tal Leonidas Iza. Así se extingue eso que llaman revolución.      

Rafael Correa ya no es el rutilante, categórico y llamativo líder de la extinta plataforma compuesta por 30 distintas organizaciones de izquierda militante

@ghidalgoandrade

 

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Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (372 noticias)
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Carlos (04/11/2021)

Exelente y puntual comentario.

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Wamba (05/11/2021)

Ese delincuente de Iza no llega a ser presidente nunca!!. Los indígenas son solo el 7% de la población y están divididos.